Fui a un astrólogo para que me dijera qué tenía que hacer con mi vida

La astrología es una herramienta de autoconocimiento extremadamente útil si eres capaz de abrir tu mente

“Tienes la Luna en Tauro y Venus en Cáncer, eres un hedonista de la hostia”. Touché, me habían pillado en el minuto uno. Y lo peor de todo es que esta frase solo era el preludio de lo que sería la experiencia de autoconocimiento más acojonante de mis casi 35 años de vida. Todo había comenzado un par de días antes cuando mi jefa, una persona que aspira a convertirse en un ser de luz en esta existencia y que defiende a capa y espada a Paulo Coelho, me sugirió que rompiese mis prejuicios en torno a la astrología —y toda la movida new age en general— para sumergirme de pleno en algo tan íntimo y desconcertante como una lectura de la carta natal

Con una sonrisa arrogante en los labios pero cagado por dentro —sabía que tenía mucha mierda escondida dentro de mí que podría salir a la luz— acepté el reto de escribir una crónica sobre mi entrada por la puerta grande en ese mundillo que a todos nos atrae pero que pocos se atreven a explorar. Porque, reconócelo, tú también eres la típica persona que critica a la peña que te pregunta tu hora de nacimiento nada más conocerte o que te dice que “eres un escorpio de manual” pero que mira su horóscopo cada semana para saber si va a pillar cacho, si le tocará la lotería o si lo van a tirar del trabajo. 

La astrología es una manera de guiarte

Y allí estaba yo: sentado en un despacho de la escuela de astrología Cosmograma, en Barcelona, donde Aleix Mercadé, el astrólogo y psicoterapeuta que me iniciaría en este viaje por los astros, y el tío al que más movidas sobre mi vida privada le iba a contar sin estar completamente borracho. Os avanzo que durante las dos horazas que duró la lectura e interpretación de la carta no hubo un solo momento en el que pensase que el chaval se estaba montando una película. Es más, salí de allí convencido de que la posición en el firmamento de Marte el 25 de junio de 1984 tenía la culpa de que me gustase dominar en la cama, vivir en el extranjero o pasar el finde en la montaña con mi perro. 

Pero empecemos por el principio: ¿qué es una carta natal y por qué debería creerme que ‘funciona’? Aleix me lo explicó nada más empezar para romper el hielo y dejar de lado mi escepticismo inicial. “Una carta natal o astral simplemente resume como estaba configurado el Sistema Solar en el momento en el que naciste. Esta ubicación de los astros es como un código que guía tu crecimiento a lo largo de la vida, aunque obviamente existen otras variables que nos influyen y que, en muchas ocasiones, no todos los aspectos que recoge llegan a activarse”, explica el astrólogo.

Es decir, que conocer tu carta natal es como saber de antemano las cartas que te han tocado para jugar la partida de la vida o, lo que es lo mismo, una herramienta de autoconocimiento de las buenas. Y lo que suele ocurrir es que, cuando alguien se atreve a conocerse por dentro, lo primero que descubre es que muchas partes de su personalidad brillan, pero también hay mucha mierda interior que debemos que pulir. “Uno de los errores más comunes con las personas que vienen a hacerse la carta natal es pensar que hay cartas mejores y peores. Esto es un error porque todos tenemos que adaptarnos a la nuestra para desarrollarnos plenamente. Además, nunca podemos interpretar la carta desde un punto de vista determinista”, matiza Aleix dejando claro que la astrología es solo una guía y que NO tiene todas las respuestas.

La importancia de equilibrar tus contradicciones internas

Antes de avanzar en qué consiste esto de desarrollarse y volviendo a la experiencia de la consulta, lo primero que hace el astrólogo es el curioso dibujito de tu carta natal. En mi caso todas esas líneas caóticas que conectan los símbolos del zodiaco, y que dependen de la posición exacta de los astros en el momento de tu nacimiento, parecen formar tres enormes triángulos. Es lo que se conoce como trígonos y suelen indicar talentos naturales, que la persona puede utilizar o no. Por lo que me cuenta Aleix, en mi carta este triángulo parece indicar que lo que se me da bien es progresar en el trabajo y los negocios. De hecho, la manera de explicarme cómo colaboran e interactúan los planetas se parece mucho al organigrama de una gran empresa.

“Un organismo humano y la estructura de una empresa tienen muchas similitudes. En astrología cada símbolo de los planetas podría explicarse como si fuera un departamento de una empresa con una función específica y una personalidad propia. Esta especie de personalidad múltiple es la que provoca muchos de nuestros conflictos internos cuando los departamentos no están bien integrados en tu vida”, aclara el astrólogo que apunta que el Sol (que no es un planeta pero se usa igual que el resto de ellos en astrología) es el director general de nuestra personalidad y la luna es el departamento estrella. En mi caso el Sol está en Cáncer (mi signo del horóscopo) junto a Venus y Mercurio mientras que la Luna en Tauro (signo de Tierra) y mi ascendente es Acuario. Una mezcla de las guapas. 

Básicamente, esta disposición implica que soy una persona muy sensible con un instinto muy fuerte de pertenecer a un clan y que necesito tener esos espacios en los que sentirme uno más y mostrar mi vulnerabilidad, es decir, quitarme las típicas corazas del Cáncer. Esa ansia por encontrar un sentimiento de pertenencia es el que hace que las personas de esta tipología suelan estudiar carreras como Historia o Antropología. Aquí llegaba el primer acierto rotundo de Aleix: me licencié en Historia. Por otro lado, tener a Marte en Escorpio, en la casa 9, me predisponía a viajar, conocer mundo, emprender aventuras y empaparme por el conocimiento de otras culturas y formas de vida así como a la comunicación y el poder de la palabra. Segundo gran acierto de la sesión: fui corresponsal en Brasil durante cuatro años.

Mirar más allá de tus prejuicios

A estas alturas mi escepticismo había quedado a un lado y tras explicarme cómo tener Júpiter en Capricornio me predisponía a ascender en los negocios y a nivel laboral —al parecer esto unido a la Luna en Tauro me convierten en alguien muy preocupado por el bienestar material y el ascenso social— llegamos al punto que más suele ocupar a las personas que se hacen la carta natal: el amor. Para ello, Aleix me propone comparar mi carta natal con la de mi pareja, un proceso que se llama sinastría y que ayuda a valorar la compatibilidad entre personas. El resultado es que nuestra compatibilidad es altísima pero que, como buen Cáncer que soy, debería desarrollar mi lado más familiar para darle seguridad y estabilidad dentro de la relación antes de dar el paso y construir una familia. 

Es precisamente por esto, para analizar tus tensiones y contradicciones internas, que revisar tu carta natal puede ser una gran idea: son 90 minutos en los que entiendes con pelos y señales todas esas tensiones y sinérgias que se dan en tu interior. Aleix, entrando en la segunda fase de la charla y más centrada en la psicoterapia, procedió a preguntarme sobre aspectos concretos y ayudarme a resolverlos de acuerdo con lo que disponía la carta. Después de consultarle varias dudas sobre cosas que estaba sintiendo, y que se habían visto reflejadas en la posición de los astros, llegué a conclusiones como que a mis 34 años quizá debería iniciar la construcción de un núcleo familiar para calmar a mi Sol en Cáncer o que, por ejemplo, mi exceso de interés en lo sexual (Plutón en casa 8) se podría resolver iniciándome en disciplinas como el sexo tántrico. 

Estuvimos hablando durante otra hora y me di cuenta de que a pesar de todas mis contradicciones ya había comenzado hacía algún tiempo a trabajar en resolverlas. Más que para resolver mis problemas, la lectura de mi carta natal junto a Aleix me había servido para confirmar si el camino que estaba tomando mi vida era el correcto y cómo allanarlo aún más para no caer en nuevos errores. Si tuviera que explicarlo con una metáfora, sería como si hubiera estado andando por mi casa a oscuras toda la vida, tropezando con los mismos muebles una y otra vez hasta memorizarlos pero sin atreverme a llegar a los rincones. Ahora, de repente, alguien había encendido las luces y empecé a ver toda mi casa y sus muebles con claridad. Una vez enciendes esa luz los caminos siempre se hacen más claros y evitas más tropiezos innecesarios.

La carta natal solo muestra el camino

“Hay que recordar que la carta natal te muestra una posibilidad de lo que eres o de lo que podrías llegar a ser en la vida, pero el llegar a realizar nuestra carta depende de nosotros y de nuestra voluntad de conocernos”, insiste el astrólogo al final de la sesión conteniendo mi satisfacción personal por haber confirmado más cosas buenas que malas. Soy consciente de que muchos de los que hayáis llegado hasta aquí estaréis pensando que soy una persona crédula y que la astrología es un cuento chino más, pero yo me pregunto: ¿qué puede tener de malo preguntarse y conversar sobre uno mismx? ¿no es eso tan bueno como sentarse en un diván a hablar de tu infancia? Quizás si más personas investigásemos y estuviéramos abiertos a hablar de nuestros sentimientos, iríamos un poquito menos perdidos en esta vida.

Sea como sea, lo que sí puedo decir es que la sesión en la escuela Cosmograma no me ha hecho volverme un adicto a los libros de autoayuda ni mi nueva meta en la vida es convertirme en un maestro zen. La astrología lleva practicándose desde los tiempos de Babilonia y es solo una herramienta más para indagar en todo aquello que todavía en el siglo XXI no somos capaces de entender. Puede que ahora sí me de por preguntar a mis amistades cuál es su ascendente y explicarles lo poquito que sé sobre el tema, de la misma manera que hablamos de los arquetipos de Jung o de otras técnicas como el eneagrama. Sin volverse locxs y entendiendo que no dejan de ser métodos para conocernos mejor. 

Al final, lo importante para mí es que el ansia por mejorar como persona y aportar cierto equilibrio a mi vida vaya encontrando sus respuestas. Y si hablar con Aleix dos horas me ha servido para tomármelo todo con más calma, a mí ya me vale. Puede que la astrología no me haya dicho qué tengo que hacer con mi vida, pero sin duda me ha confirmado que al final todo depende de mi.