El artista capaz de convertir una tuerca en el anillo de boda de Risto Mejide y Laura Escanes

Pablo Cimadevila es joyero, diseñador de joyas y medalla de oro en los Juegos Paralímpicos. Así es como sus creaciones han llegado a todo el planeta

“Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”. Este es el lema de Pablo Cimadevila, como si se tratara de un grito de guerra. La frase, por cierto de Walt Disney, describe perfectamente su forma de entender la vida. Y es que para conseguir un objetivo, tienes que ser capaz de haberlo soñado. Cimadevila es diseñador de joyas y joyero. Su trabajo ha impactado a tal punto que ya ha superado con creces el millón de suscriptores en YouTube y está a punto de alcanzar los 250.000 seguidores en Instagram. Las redes sociales han sido el gran aliado de este artista pues, ahora, el público que decida conocerlo puede saber el enorme trabajo y dedicación que hay detrás de la creación de, por ejemplo, un anillo. Hablamos con él y nos cuenta la importancia que tiene luchar por los objetivos propios para poder sentirte completx y tener la oportunidad de dedicarte a lo que te hace realmente feliz.

La joya del deporte

Cuando Pablo Cimadevila tenía cuatro años un coche lo atropelló. Este hecho le hizo perder la movilidad en las piernas y, a partir de aquel momento, una silla de ruedas lo acompañaría a lo largo de su vida. “Como cualquier niño, al llegar a los 9 o 10 años, practicaba muchos deportes. Practiqué atletismo, tiro con arco y natación. Este último se adaptó muy bien a mis cualidades físicas y mentales y además me permitía estar cada día durante dos horas fuera de mi silla de ruedas, en un medio que no es hostil como es el agua. En el agua no tengo barreras arquitectónicas ni nada que me frene, es un lugar donde siempre me siento y me he sentido libre”, explica el artista gallego al otro lado del teléfono.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Bronce medal #ParalimpicGames #Beijin2008

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La dedicación, el trabajo y la lucha por conseguir los objetivos empezó ahí: dentro de una piscina. Este deporte le permitió participar en cuatro ediciones de los Juegos Paralímpicos: “He sido deportista paralímpico durante casi 20 años, he participado en cuatro Juegos Paralímpicos y he conseguido cinco medallas en esos juegos. Los primeros fueron los de Sídney en el año 2000 donde gané dos medallas de oro, después Atenas en el año 2004, Pekín en el año 2008 y mis últimos juegos fueron los de Londres, en 2012. Desde muy pequeño, la vida siempre me ha ido mostrando que estos eran mis objetivos, en este caso y durante este tiempo, deportivos y cada cuatro años unos Juegos Paralímpicos. Esto significa entrenar duro cada día para, cuando llegase el momento, estar preparado para esa competición importante”.

La fuerza mental

La energía de Pablo fue creciendo gracias a los retos que él mismo comenzó a ponerse: “El primero fue el del deporte y ahora está siendo el reto de mi empresa de joyas y, sobre todo, el reto de las redes sociales y de transmitir la pasión que tengo por mi trabajo. Esa fuerza mental la tengo desde niño entonces es como mi forma natural de actuar. El hecho de luchar, tener objetivos y pelear para conseguirlos es algo intrínseco a mí”. No solo es una persona fuerte sino también creativa. Desde pequeño, y debido a todas las horas que pasaba en los hospitales, tenía su propio mundo donde la creatividad lo ayudaba a hacer frente al paso de las horas: “Cuando llegó el momento de estudiar pensé en meterme a arquitectura pero me faltaba la parte de manualidad. El hecho de poder crear algo con mis manos. Conocí, de casualidad, el mundo de la joyería y me atrapó, por todo el hecho de soldar metales, de utilizar el fuego, de tener tantos detalles, de poder hacer el proceso sin depender de otras personas (desde que te hacen el encargo hasta que lo entregas lo haces todo por tu cuenta). Así he ido equilibrándolo todo durante toda mi vida: competir y estudiar, competir y montar la empresa, competir y trabajar”.

En el ámbito laboral sucede lo mismo, como explica Pablo Cimadevila, al final lo que hay que hacer es marcarse unos objetivos e ir a por ellos. Al principio de esta andadura por el mundo de las redes sociales que suponía compartir el proceso de cómo se fabrica una joya (desde el momento en el que el cliente hace el pedido hasta que se le entrega), su objetivo fue, por poner un ejemplo, tener 1.000 suscriptores en YouTube. Una vez conseguido este punto, el siguiente objetivo fue llegar a los 10.000, más tarde alcanzar los 100.000 y lo siguiente un millón. Ahora, que ya ha conseguido realmente superar ese millón de suscriptores, va a por los 10 millones. Y ese es el método que usa para todo en la vida: marcar objetivos y dar todos los pasos necesarios para conseguirlos. Pero ¿qué pasa si no los consigues? A eso, él responde: “Puedes no conseguirlos pero sí tienes que tener una hoja de ruta para saber a dónde quieres llegar”.

 El proceso de creación

Cuando Risto Mejide y Laura Escanes decidieron casarse, Pablo Cimadevila fue el encargado de diseñar sus sortijas, que llevan actualmente y que intercambiaron el día de su boda. En el proceso también participó la pareja. Aún así, por lo general, el joyero es quien lleva a cabo todo, desde la idea principal hasta que se entrega al cliente: “Me gusta hacer entrevistas personalizadas, incluso llego a preguntar qué tipo de música escuchan, qué formas geométricas les gustan... Me parece imprescindible llegar a conocerlos lo máximo posible para que todas esas ideas y gustos impregnen el diseño. Una vez que tengo el diseño ya empiezo a trabajar con los diferentes materiales y en función de la pieza pues tardo más o menos tiempo. Un anillo de pedida, por ejemplo, puede rondar entre una y tres semanas. Una gargantilla como la que se pueden ver en un evento como los Óscar pueden ser dos o tres meses de trabajo”.

La fama de Pablo Cimadevila también nació después de sus hipnóticos y visualmente detallados vídeos. Todos grabados y editados por él, algo que no muchas personas saben. “La gente me pregunta cuántos cámaras tengo o que felicite al editor o a quien está grabando”, cuenta entre risas el artista. No hay nadie más que él. Él graba, edita, hace el proceso de creación de la joya y también administra sus redes sociales. Así que no solo hay arte dentro de la propia fabricación que hace que, por ejemplo, una tuerca se convierta en un anillo de diamantes. Hay arte, trabajo y dedicación también en la realización de los vídeos.

¿Su técnica? Se la reserva. Nosotrxs también nos quedamos con ganas de conocerla.