Cómo alteran los fenómenos naturales tu deseo sexual

Los cambios climáticos provocan modificaciones de nuestra producción hormonal y de nuestro estado de ánimo que repercuten en nuestra libido

Nuestra libido es caprichosa. Un día vamos tan cachondos por el mundo que sentimos que toda esa energía sexual desbordante nubla nuestro juicio y al día siguiente, sin mediar explicación, tenemos tan poquito apetito erótico que follar es literalmente lo último que querríamos hacer. Nadie pensaría entonces que para encontrar las respuestas a esa inestabilidad debería levantar la mirada al cielo. Después de todo, la principales causas de estas subidas y bajadas suelen ser psicológicas u hormonales. El truco, sin embargo, es que seguimos siendo animales, y algunos fenómenos ambientales modifican nuestro ánimo y producción hormonal, alterando indirectamente nuestras ganas de sexo.

La luz, ese gran afrodisiaco

Para confirmarlo hablamos con Héctor Galván, director clínico del Instituto Madrid de Psicología, que afirma que ese cliché acerca de cómo la primavera y el verano nos erotizan es totalmente cierto: “Estas estaciones traen consigo un aumento de las horas de luz. Y cuando esto ocurre aparece en nosotros una mayor secreción de Vitamina D, de endorfinas y de serotonina. Esto influye sobre nuestra predisposición sexual”. Además, y como añade el experto, durante estas épocas se produce una disminución de la melatonina, lo que según la Organización Mundial de la Salud “origina un estado eufórico que no es más que la elevación del impulso erótico y el apetito sexual”.

Todos estos procesos hormonales que cita Héctor ocurren tanto en hombres como en mujeres, pero también tienen lugar otros específicos de cada género cuando suben los termómetros. “Las estaciones más cálidas aumentan la producción de una hormona masculina muy asociada al deseo sexual como es la testosterona. Y por otro lado, se produce en las mujeres una mayor producción de estrógenos y de progesterona, correlacionados con la libido. El aumento o descenso de las horas de luz nos afecta a todos, pero los procesos químicos, y los estados emocionales, pueden ser diferentes según nuestro sexo”, explica este especialista.

Por contra, el invierno minimiza nuestra libido. “Debemos tener en cuenta que al tener menor luz solar, la producción de serotonina es menor y la melanina aumenta, produciéndonos mayor sensación de sueño y cansancio, factores que modifican nuestro deseo sexual. Además, en épocas de frío solemos tener menos ganas de hacer cosas. Esta influencia sobre nuestro ánimo está demostrada por numerosos estudios científicos. Pero esto no significa que durante el invierno no vayamos a tener deseo sexual. Simplemente es un factor que podría influir”, matiza el director clínico del Instituto Madrid de Psicología.

Licantropía sexual

Además del sol o las nubes, hay otro elemento del firmamento que podría tener su cuota de responsabilidad en nuestros vaivenes libidinosos: la Luna. Son muchísimos los expertos en astrología que aseguran que la relación entre nuestro satélite y los seres humanos es tan estrecha como ancestral: que si está sincronizada con los ciclos menstruales, que si nos provoca alteraciones hormonales, que si aumenta hasta un 30% el deseo sexual femenino cuando está llena. Incluso hay quienes alertan durante los eclipse lunares de un aumento repentino de las ganas de follar.

Raúl Padilla, sexólogo y director del centro Psicantropía, concuerda con estas ideas. “La luna incide en el estado anímico de las personas. De esta manera, si afecta de forma expansiva a su estado anímico, probablemente esté más sexual, pero si anula su sentido del humor y le agria el carácter lo estará menos. Hay personas más lunáticas que otras. Los astrólogos suelen señalar a los nacidos bajo el signo de escorpio como los más irascibles y a los nacidos bajo el signo de cáncer como los más lunáticos. La ciencia aún está en pañales para explicar muchos fenómenos”, me cuenta este terapeuta sexual.

Condicionante sí, determinante no

Aunque no todos opinan del mismo modo. Es el caso de Héctor, que coloca todas estas ideas en el saco de las pseudociencias: “Es cierto que en varias culturas algunos fenómenos astrofísicos como pueden ser los eclipses u otros fenómenos naturales están asociados a mitos y leyendas relacionados con el deseo, la pasión e incluso la fecundación, pero no hay estudios reconocidos por la comunidad científica que puedan avalar estas teorías”, asegura un Héctor que, no obstante, y a pesar de reconocer la influencia del clima en la libido humana, avisa de sus limitaciones:

“Independientemente de las estaciones, del calor, del frío y de los demás factores medioambientales, si tu libido varía drásticamente y esto afecta a tu pareja o a tu bienestar, lo más recomendable es acudir a un profesional para descartar causas orgánicas y analizar si sufres algún problema psicológico". Lo importante es conseguir que la calidad de tu sexualidad tenga continuidad durante todo el año y que las relaciones sexuales te resulten satisfactorias sin que factores externos como las responsabilidades, la cantidad de luz o la temperatura lo alteren de manera excesiva.