Acepta que algún día morirás y vivirás una vida mucho más plena

La muerte genera tanto miedo que hemos desarrollado dos mecanismos para poder lidiar con ella: negarla e intentar trascenderla

Para Ernest Becker, autor del ensayo psicofilosófico The Denial of Death (La negación de la muerte), ganador de un premio Pullitzer en 1974, nuestra sociedad actual está construida como un gigantesco mecanismo de defensa contra el conocimiento de nuestra propia mortalidad. No solo evitamos la muerte, como cualquier otro ser dotado de instinto de supervivencia, sino que nos aterra tantísimo que hemos desarrollado dos mecanismos para lidiar con ella: la negación y la trascendencia. Y no son gratuitos, sino que tienen consecuencias directas en el modo en que vivimos nuestras vidas.

Herencia cultural

No naciste negando un proceso tan natural como la muerte: la sociedad te enseñó a hacerlo. De hecho, y según Carmen Laguna, miembra de la Academia de Estudios Orientales, mientras la muerte produce un enorme desasosiego en Occidente, "en Oriente forma parte de la cotidianeidad" y está más aceptado que "el cuerpo muere con la misma naturalidad que en otoño caen las hojas de los árboles". Es fruto, dice, de una concepción cultural distinta: "Tienen claro que seguirán existiendo porque entienden que somos algo más que ese cuerpo físico que se abandona a la hora de la muerte".

"Bajo la perspectiva oriental, el verdadero propósito de las sucesivas vidas y muertes es afinar cada vez más en las lecciones del karma para comprender quiénes somos. En cada reencarnación ganamos autoconciencia hasta alcanzar la plenitud llamada Nirvana". En Occidente, sin embargo, "la existencia tras la muerte es incierta, por lo que para la mayoría de gente la muerte es el fin y eso produce una actitud neurótica". De todas formas, y aún bajo la innegable influencia cultural, esta insana negación de nuestra efímera existencia responde más, según Carmen, al "grado de consciencia de cada persona".

Así piensas la muerte, así vives

Como decíamos al principio, estas diferencias a la hora de lidiar con la muerte no son intrascendentes, sino que condicionan nuestros caminos vitales. Según Gerardo Castaño, psicólogo humanista, "solemos dar una relevancia a lo material que denota nuestra incapacidad de entender que acabaremos yéndonos sin esas posesiones". Además, apunta el especialista, haber eliminado la saludable idea de que estamos de paso, de que nuestra vida es finita, conduce a "conductas de riesgo porque pensamos que de ninguna manera nos tocará morir a nosotros". Pero llegará. Y no es ninguna tragedia.

De hecho, nuestro dramatismo hacia la muerte ha provocado también que muchas vidas estén marcadas, en lugar de por pasiones o un disfrute verdadero del momento presente, por el deseo consciente o inconsciente de trascender a la muerte. Como apunta Gerardo, "la idea de dejar una huella, un testigo inmortal, algo que nos sobreviva, ha motivado a artistas, inventores y creativos". También la maternidad y la paternidad esconden, a veces, este deseo. Son, en palabras de Carmen, "falsas promesas de trascendencia ajenas a nosotros". Porque nuestra única salvación está en amar la transitoriedad de cada instante.

Vida consciente

Pero reconectar con la idea de omnifugacidad requiere entrenar nuestro nivel de consciencia. Después de todo, el ser humano ha ido desnaturalizándose hasta olvidar, como dice Gerardo, "los ciclos naturales de la vida". No obstante, el esfuerzo merece la pena: "Darnos cuenta de que todo en este mundo es transitorio nos ayuda muchísimo a cambiar nuestro punto de vista y a empezar a distinguir qué es importante y qué no", explica Carmen. Además, añade la experta en estudios orientales, entender que todo perece "debilita la fuerza de emociones como el resentimiento".

En esa misma línea habla Gerardo sobre la conciencia de lo limitado de la existencia y de todo cuanto nos rodea: "Entenderlo es muy relevante. Nos ayudaría a devaluar lo material y a empezar a enfocar nuestras vidas más en lo experiencial, en lo relacional y en lo afectivo, lo cual nos ayudaría a disfrutar más de nosotros mismos, de nuestro entorno y de la gente que nos importa. En definitiva, ganaríamos en salud mental y en energía. Y es trabajo individual de cada uno ir ganando en sensibilidad y comprensión sobre la muerte y la mortalidad". Integrarla sin pánico en nuestras vidas.

De todas formas, Carmen considera que la sociedades occidentales en su conjunto cambiarán su percepción de la muerte tarde o temprano: "Aparte del cuerpo físico, tenemos otro cuerpo interno más sutil. Cuando sea demostrado científicamente, nuestros planteamientos vitales cambiarán y haremos un tránsito del cuerpo físico al cuerpo sutil de una forma más sana y hermosa. En otras palabras: nuestras vidas serán más felices y las despedidas no serán tan trágicas ni desoladoras, sino más conscientes y armoniosas". Tenemos fecha de caducidad, pero aceptarlo es el primer paso para vivir de verdad.