Nos sumergimos en la terapia regresiva que te lleva a vidas pasadas para sanar esta

Hablamos con practicantes y detractores de esta extendida forma de terapia para ver qué resultados tiene y por qué otros consideran que es una sugestión

Raquel, una catalana de 59 años, estaba triste, cansada y, además, tenía mucho miedo a expresarse en público, a pasar vergüenza y, en definitiva, a que se rieran de ella. Para encontrar remedio, se sometió a una terapia de regresión. El momento culminante de la sesión llegó cuando su mente se despegó de su cuerpo y viajó al África medieval. Allí se vio a sí misma —de hecho, una versión pasada de sí misma— siendo devorada por las llamas de una hoguera mientras todo el pueblo la miraba y se reía. Había viajado al inicio de sus traumas, que estaban en una vida pasada muy lejana.

Explorando la memoria olvidada y las vidas pasadas

Las terapias regresivas utilizan técnicas de relajación e hipnosis para indagar en episodios ocultos en la memoria inconsciente. Maite Domènech, terapeuta especializada tanto en regresiones como en campos como el Tantra y la meditación, lo define como una resurrección de “hechos del pasado identificando las reacciones corporales, emocionales, y los criterios mentales que se originaron en aquellos momentos”. Así, podemos entender “comportamientos que nos condicionan y no sabemos porque se producen”.

Raquel es una de las pacientes de las terapias regresivas de Maite. Empezó la sesión con una relajación guiada, para después caminar por su mente de la mano de Maite. Explica la sensación era de bajar una escalera donde había puertas. A medida que las cruzaba, se adentraba en episodios que relacionó con otras vidas. Tras la primera puerta, la menos significativa, entró en el cuerpo de un monje medieval feo, bajito y con chepa. En la segunda puerta se convirtió en una princesa independiente, que cabalgaba, era fuerte y no estaba sometida por los roles y expectativas de género, una experiencia que fue liberadora. Fue en la tercera, la que más le llenó, en la que viajó a África. Mientras la quemaban en la hoguera, sintió el dolor y se puso a gritar. Y ahí fue donde Maite la rescató. Después de la experiencia se sintió muy cansada, se pasó todo el fin de semana durmiendo. Pero también se sintió limpia, vaciada de negatividad. Por fin había una explicación a su miedo de que se rieran de ella por hablar en público.

Terapias regresivas, verdad o timo

Pero no todos se muestran tan entusiastas con las regresiones como Raquel. Ángel Mateo, vicepresidente de la Sociedad de Hipnosis Profesional, asegura que “la hipnosis regresiva y la terapia de vidas pasadas carecen de base científica. Se trata de una hipnosis muy superficial que si cura, es por efecto placebo o por casualidad”.

Con él coincide Antonio Capafons, presidente de la Asociación para el Avance de la Hipnosis Experimental y Aplicada (AAHEA), que explica que “uno de los riesgos es la creación de falsos recuerdos, haciendo pensar a la persona que puede acceder a vidas pasadas. Hay quien cree que ha recuperado memorias de cuando estaba en el útero, que se acuerda de haber sido abducido por extraterrestres o de momentos aciagos de su infancia que había bloqueado”.

 

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Rosa, de 56 años, también hizo una regresión con Maite. Ella cree que estas terapias son “un acto de fe”, en su caso funcionó porque tuvo mucha complicidad con Maite y se dejó llevar, pero que antes de hacerla tenía muchas reticencias porque ella es "una persona muy racional" a quién le gusta tener un auténtico control de las situaciones. Cuando piensa sobre la regresión con algo de distancia, se dice a sí misma que quizá hay cosas que se imaginó. Su lado racional le impulsa a decirse que quizá fue placebo. Sin embargo, “sé que sentí lo que sentí. Noté la lluvia, noté el frío, el dolor, el cansancio. No fue imaginación, lo sentí en mi cuerpo”, añade. Ese día descubrió imágenes y sentimientos reales que no podría haber conocido si no fuera por la regresión.

Rosa realizó varios viajes en el tiempo con esta terapia. Sin embargo, el que más le marcó fue al embarazo de su madre. A los siete meses de gestación su padre murió, y su madre, desolada, se apoyó en su abuela, hasta el punto que, en cuanto nació, se la dio a ella para que la cuidara. Rosa siempre se había sentido abandonada, pero con la regresión también aprendió que su madre tuvo miedo y sufrió mucho abandonándola. Así, logró empatizar con ella. También descubrió un detalle importante: “el día que nací mi madre no me quiso tener en brazos. Algo que es cierto y que no me habían dicho, que descubrí con la regresión”. Para Rosa, esto es prueba de que la regresión tuvo unos efectos reales.

Para Daniel, de 25 años, la terapia regresiva tuvo sentido en su momento, pero considera que fue pura sugestión: "yo quería oír cosas que me dijeron". En su caso, estaba en plena época de descubrimiento de su orientación sexual y su hermana, que estaba estudiando para ser una profesional de las regresiones, le guió a través de muchas preguntas que siempre respondía Daniel. "Al final yo mismo me llevé a tener un antepasado romano que vivía en un Londres colonizado. Él era gay y tenía un esclavo-pareja. Así, me legitimé la homosexualidad porque tengo un alma gay de más de 2000 años", asegura. Para Daniel, las regresiones te servirán si esperas que alguien te diga algo que quieres oír.

Ni fácil, ni rápido

Una de las críticas a las terapias regresivas es que ofrecen resultados exprés, y que no se puede hacer un tratamiento psicológico efectivo en tan poco tiempo. “La hipnosis no es rápida, mágica y sin esfuerzo”, explica Capafons. Sin embargo, Rosa sale a defenderla. Ella asegura que “esto no cura, no te ayuda a sentirte mejor, al contrario, te pone de cara a un espejo y te enseña todo lo que tienes y lo que debes trabajar”. Para ella, no fue un viaje mágico y rápido hacia el bienestar, sino un duro proceso de autodescubrimiento y de reflexión sobre las relaciones que tiene con su familia.  

Aunque tanto para Rosa como para Raquel haya sido un proceso muy necesario para poner en orden muchos pensamientos y emociones, son muchos los detractores de esta práctica. Por ejemplo, en Reino Unido hay asociaciones de afectados por las regresiones y sus efectos psicológicos. “Puede provocar un trastorno de personalidad múltiple al paciente”, advierte Mateo. Rosa la recomienda a todo el mundo “aunque seas muy escéptico. Siempre está bien probar cosas nuevas mientras no te hagan daño”. Y probablemente ese es el punto de fricción entre devotos y detractores.