Abrazar el minimalismo puede ser la forma más fácil y barata de evitar una vida vacía

No permitas que las insustancialidades roben espacio físico y mental a aquello que de verdad podría hacerte sentir realizado

¿Cuánto pesan sus vidas?”. Es la pregunta con la que Ryan Bingham, personaje interpretado por George Clooney en la película Up in the Air, comienza un inspirador monólogo donde nos invita a meter en una metafórica mochila todas nuestras pertenencias materiales: muebles, ropa, decoraciones, electrónica... “Métanlo todo dentro. El coche. La casa. Intenten caminar. Es difícil, ¿no? Pues esto es lo que hacemos con nuestras vidas: nos vamos sobrecargando hasta que no podemos ni movernos. Y no se equivoquen: moverse es vivir”. La pregunta es: ¿tú cuanto peso llevas encima?

Contrariamente a lo que solemos pensar, el minimalismo no promueve las habitaciones de paredes blancas inmaculadas, colchón abandonado en el suelo y armario desértico. O al menos no necesariamente. Lo que verdaderamente define al movimiento minimal, como explica el minimalista Sergio Salas, es la búsqueda del desapego. No importa si tienes 14 o 23 objetos en tu vida. No importa el espacio físico que ocupan. Lo importante es cuánto espacio mental ocupan, cuánta energía emocional requiere comprarlos, mantenerlos o trasladarlos. Pero, y esto es esencial, no solo los objetos.

Minimalismo mental

“El minimalismo promueve invertir tu tiempo, tu energía y tus recursos en aquello que realmente es importante para ti, eliminando todas esas cosas o personas que no aportan nada a tu vida”, cuenta desde el otro lado del teléfono Bosco Soler, un emprendedor digital que lleva años practicando este modo de vida. No se trata tampoco, por tanto, de marcharte a la montaña a vivir meditando 24/7, sino de profundizar en ti mismo para descubrir qué está chupándote la misma vida: el scrolling compulsivo en las redes, los binge-watching en Netflix o un trabajo que no te llena nada. Demasiado ruido.

En este sentido, Bosco cree que uno de los principales enemigos del minimalismo, que tanta felicidad trae según apuntan sus practicantes, es la sobreinformación: miles de stories de gente cuyas vidas te importan realmente una mierda, sucesos trágico-morbosos en el telediario, bombardeo publicitario... Estás alimentando tu cerebro de información basura que anula tu creatividad y tu claridad de pensamiento. Y no se trata de convertirse en un tecnófobo extremista, sino de “consumir solo aquello que consideras relevante”, apunta Bosco. Y para eso necesitas dejar de vivir con el piloto automático puesto.

Consumismo 'slow'

Los emprendedores estadounidenses Joshua Fields y Ryan Nicodemus comenzaron a hacerlo en 2010. Los dos tenían puestos ejecutivos en buenas empresas y cobraban mucha pasta, pero no eran felices. La rueda de generar dinero para gastarlo en falsas promesas de felicidad les estaba carcomiendo. Así que dejaron sus trabajos y montaron The Minimalists, una web creada para promover el minimalismo como forma de vida. La idea que subyace a esta filosofía, después de todo, es invertir el dinero en aquello que te llena, en consumir conscientemente y no como zombies, en vivir experiencias, no colas para pagar.

Un poema de ambos titulado Consumismo describe a este enemigo de la felicidad con poderosa precisión: “Soy el miedo, la codicia. Soy el Black Friday. Soy el impulso, la prisa por comprar, el más único. Soy lo máximo que se desvanece pasada la línea de pago. Soy el sonido del dinero cayendo por el desagüe. Soy el consumismo. Dame una oportunidad, te prometo que no estarás satisfecho”. Consciente de la trampa en la que vivía, Joshua contaba en la revista Elle: “abandoné todo aquello que había introducido en mi vida sin cuestionarne para encontrar la felicidad, la realización y la libertad”. Netflix ha llevado su historia a la pantalla. Merece la pena ,verla.

Pero esta cruzada del minimalismo contra el consumismo desbocado tiene mucha razón de ser. Después de todo, no hablamos únicamente del tiempo invertido en ganar el dinero necesario para comprar, sino también del tiempo empleado en el propio acto. Salir de compras, por la dopamina que genera, se ha convertido en una de las actividades de ocio más frecuentes de la gente. Por eso el emprendedor Graham Hill dice en la charla Ted “Menos cosas, más felicidad” que “necesitamos pensar antes de comprar, preguntarnos primero: ¿esto me hará feliz?”. Ese tiempo podrías llenarlo con proyectos que te enriquezcan de verdad.

Minimalismo: la llave del nomadismo

No es casualidad que muchos autores minimalistas sean emprendedores. Al fin y al cabo, han conseguido eliminar las distracciones que funcionaban como agujeros negros de recursos para centrarse en lo que les apasiona. Tampoco que muchos de ellos sean viajeros que abrazan el nomadismo. Después de todo, tener menos apego a las cosas te permite desprenderte de ellas con mayor facilidad. “He vivido en Noruega, en Japón y en varias ciudades de España. Cada mudanza era una locura e iba dejando cosas atrás. Luego estuve viajando nueve meses por Asia con una mochila y entendí que no necesitaba mucho más”, explica Bosco.

En última instancia, minimalismo es entender qué quieres y qué elementos están estorbándote para conseguirlo. A veces relaciones tóxicas, otras veces adoración material y otras veces quizá una vida cargada de cosas insustanciales. En ese sentido, asegura Bosco, cargar en tu mente lo meramente imprescindible (física, emocional y espiritualmente) “te permite tomar decisiones vitales importantes de una manera más sencilla”. Con menos miedo, con más ligereza, con más inspiración. En un mundo de tanta incertidumbre, fluir más armónicamente con los cambios es una gran ventaja. Y ahora dime: ¿qué está impidiéndote moverte a ti?