5 historias de tíos que usaron Grindr para algo más que follar

Grindr fue la primera aplicación de ligue a través de geolocalización. Este año cumple diez años, por lo que también es el décimo aniversario del ligoteo por apps

Hace diez años no se ligaba como ahora. No había Tinder, Instagram o Snapchat. No había matches, ni tiradas de caña por los stories. Había otras formas de ligar, las de toda la vida: bares, discotecas, con amigos de tus amigos. También se podía hacer por Internet, claro, en páginas como Meetic o Badoo, no a través de apps. Pero el dating online no era una realidad tan presente como hoy en día, que tenemos el ligar en la palma de nuestras manos.

Pero fue en 2009, justo hace 10 años, que empezó la revolución de las apps de ligue con la aparición de Grindr. Lo creó Joel Simkhai, que no quería solamente hablar con gais solteros sino saber quiénes estaban cerca de él y a qué distancia se encontraban. Era un sustituto perfecto del cruising, el sexo en lugares públicos, porque permitía quedar para tener relaciones directamente, sin tener que ir a tantear el terreno. Después de Grindr llegaron todas las otras apps de ligue: Tinder, Scruff, Brenda, etc.

Aunque el principal uso de Grindr es para ligar, conocer hombres y follar, 10 años de historia dan para para vivir de todo y muchísimas situaciones van más allá de lo sexual. Por eso, para celebrar esta década de líos y relaciones, 5 jóvenes gais explican las situaciones más inverosímiles que han vivido en la app y que poco tienen que ver con el sexo.

1. ¿Puedo ir al baño en tu casa?

Carlos, un joven de 25 años de Barcelona, utilizó Grindr para ir a mear a casa de un tío. Para poner en contexto: tiene fobia a mear en público —el síndrome de la vejiga tímida—. Estaba lejos de casa y se estaba meando, así que en cuanto le llegó un mensaje de Grindr diciéndole si quería follar, vio su salvación. "Bueno', le dije, 'pero yo tengo que ir al baño'. Me invitó a su casa y fui a dejarme la vida. Luego tuve que follar con él más por compromiso que por otra cosa. Fue prostitución para ir al baño".

2. Hacer diagnósticos online

Carlos, de 31 años, es un médico sevillano trabajando en un hospital de Barcelona. “Estaba ligando con un chico y le dije que me dedicaba a la urología. Primero hizo la típica broma de ‘jiji, ¿no te aburres mirando testículos en el trabajo que los buscas aquí también?’. Lo primero que pensé fue que menuda broma más recurrente, ¿de verdad cree que nadie me la hizo nunca? Aun así, seguí hablando con él. Al cabo de un rato, me mandó una fotopolla y me dijo ‘no te la mando para ligar, es que no sé si debería ir al médico’. Tenía herpes”.

Grindr

No es la primera vez que lo utilizan. “Ahora ya no digo que soy médico si solo quiero follar. Me hacen preguntas sobre transmisión de ETS, cómo detectar cáncer de testículos e, incluso, consultas de medicina general que no son ni de mi campo”.

3. Usar Grindr como si fuera Glovo

“Había quedado para follar con un vecino. Eran las 7 de la tarde y, cuando acaba de salir por la puerta, me llega otro mensaje suyo. ‘Perdona, ¿me podrías comprar atún y patatas? Es que cuando acabemos de follar estará cerrado el súper y lo necesito para la cena’”, explica Javi, de 27 años. Se quedó atónito y le dijo que no, que iba a ir a follar y que él no era Glovo. “Me respondió ‘¿Por qué? Si tengo dinero en efectivo. Te puedo pagar’. Me dejó flipado el morro de la gente”.

4. Buscando hotelito por Grindr

“Hey hola, estoy de paso por Barcelona y necesito sitio para dormir. ¿Te importaría acogerme?”, le preguntó un turista austríaco a Abel, un joven de 24 años de Barcelona. “No es tan raro. Yo utilicé couchsurfing para encontrar alojamiento de gratis mientras viajaba y supongo que es igual de legítimo usar Grindr para lo mismo”. Aun así, después le dijo que sus roles sexuales eran compatibles y que quizá se podrían pasar toda la noche juntos sin dormir. “No sé por qué pero me dio mucha pereza la situación. Si quieres un sitio, pídelo con honestidad, que no sea una excusa para echar un polvo”.

5. Grindr, farmacia de guardia

Grindr

Marc, un tarraconense de 25 años, estaba yendo a clase y se encontraba fatal. "Necesitaba un ibuprofeno o me moría, y no podía faltar a clase. Así que recurrí al Grindr". Se cambió el nombre a '¿Ibuprofeno?' y se puso como descripción que necesitaba una pastilla. Cuando estaba llegando a la universidad, abrió a todos los que tenía cerca con un mensaje: “hola, no quiero follar. Pero me estoy muriendo de dolor de cabeza, tengo que ir a clase y NECESITO un ibuprofeno. ¿Tienes? ¿Me darías?”. Por suerte para él, uno accedió a su petición. Le dijo que subiera, le dio el ibuprofeno y un vaso de agua y luego se marchó. "Una lástima que no tuviera más tiempo para quedarme, era mono y no volvimos a hablar".