Tengo 26 y por fin puedo decirlo: soy adulta

Se me ha terminado el abono joven. De pronto me descubro diciendo frases de mi madre. Estoy enganchada a la programación televisiva. Miro las ofertas del Lidl los jueves. ¿Es esto la vida adulta? 

El 2020 ha sido un fracaso para el planeta en general pero a mí me ha traído grandes cambios. Para empezar me he independizado con todo lo que eso supone: gastos, nostalgia, limpiar constantemente, mudanza, vaciar el cuarto de mi infancia, más gastos, tener que hacerme la cena hasta cuando no me apetece, aprender a cocinar y un largo etcétera. También he cumplido 26 años, una edad que debería ser más aclamada porque supone un paso total a la vida adulta con su correspondiente pérdida de todos los privilegios de la barata juventud. Además ante todo pronóstico ¡sigo siendo autónoma! Una locura.

Hay muchas cosas que han cambiado en esta nueva etapa de mi vida. Ahora hablo con mis amigas de muebles, de las ofertas del Mercadona, de si sería mejor pagar una entrada de un piso que la de un alquiler, de si queremos tener hijos, de los nombres de estos, de quien será el famoso que se esconde debajo del disfraz de Cerda de Mask Singer. Mientras escribo esto no sé si reírme de misma por lo patético que suena o llorar por lo vieja que me siento. Sí, lo sé, tengo 26 no 70. Pero entendedme, esto ha pasado muy rápido. Hace nada mi mayor preocupación era tener ahorrado algo de dinero para poder ir a un festival, aprobar la carrera, pensar si algún día me iría de casa de mis padres y si encontraría trabajo. Ahora que todo eso está estable, ¿cúal es el siguiente paso?

El año pasado pensaba en el éxito, en cómo alcanzar ese éxito individual, laboral o a nivel pareja. En cómo la crisis de los veinticinco afectaba generación a generación. Ahora ya me da igual. Esta pandemia lo ha removido todo, los años se entremezclan y yo solo pienso que ahora me siento adulta. Tal vez el año que viene relea esto y piense: ay, querida, lo mucho que te queda. Pero ahora es mi verdad.

¿Qué es para mí ser adulta? Pues te cuento. Para la RAE un adulto es un ser vivo que ha llegado a la plenitud de crecimiento o desarrollo. Visto así pues creo que aún no. Pero para ALE (aka yo) ser adulta es una movida. Es ver cómo algunos de tus amigos trabajan en algo para lo que se han formado y ver cómo otros no encuentran nada. Es precariedad laboral. Tener que hacer un Doodle para votar qué día nos vemos porque qué difícil es vernos. Que mucha gente de mi alrededor se está casando o planteando tener hijos y que mientras otros sigan solteros y felices. Es hablar de dinero, de la falta de dinero, de qué bien que tenemos dinero o de lo costoso que es ganar dinero.

Ser adulta también es saber hacer purés e intercambiarnos recetas. Es saber que en el Lidl hay cosas baratas y muy buenas y que cada dos por tres alguien se independiza y hay que ayudar y comprar un vino (porque ahora nos gusta el vino) o una planta de bienvenida. Ser adulta es follar mejor, mucho mejor, darte cuenta de que no teníamos ni idea de sexualidad. También es colgar la ropa de tal manera que haya que planchar menos, apagar las luces de casa como tu madre te decía que hicieses y poner lavadoras los fines de semana. Ser adulta es aceptar que los amigos cambian y crecer con ellos. Es ver La ruleta de la suerte comiendo y después las noticias (en este punto soy mi abuela y me encanta), es comentar Masterchef, Mask Singer y cualquier programa de mierda que estén emitiendo. Es volver a Twitter. Son resacas descomunales, intolerancias alimenticias y ropa que abriga de verdad, no esas chupas de cuero que llevábamos con veinte que no abrigaban una mierda. Es valorar la comida de tu madre, los platos de cuchara y aprender a hacer cocido. Es saber decir que no.

Es asumir que tu colega no te va contestar por Whatsapp y llamar directamente. Es comer en sitios ricos. No dar explicaciones. Ser consecuente. Hacer la compra. Llamar a mi madre. Fregar el váter. Pensar: ¿por qué hay tanto polvo si limpié ayer? Ir a terapia. Quedarte en casa un domingo. Ser adulta es tener responsabilidades y libertad. Una combinación explosiva. Es saber hacer la declaración de la renta o no tener ni puta idea y llamar a tu gestor.

Y aunque todo esto parezca un drama, ser adulta es el mejor momento de mi vida. Ya no costará veinte euros el abono, pero tampoco se está tan mal.