Las universidades lideran la (necesaria) lucha por los baños inclusivos

Llegan tarde, pero por suerte en España estamos empezando a romper con el binarismo en algo tan simple como ir a mear

Vas al baño y hay dos puertas: hombres y mujeres. Una división que, aunque nos resulte de lo más natural, puede llegar a ser opresora. Por ejemplo, cuando los cambiadores de bebés están solo en el de mujeres. O cuando una persona trans debe ir al baño y se expone a violencia simplemente por ir al servicio que le corresponde. O, incluso, cuando una persona no binaria no se siente del todo identificada con ninguno de los géneros y tiene que escoger entre uno de los dos, un proceso mental muy complicado. 

Por eso son tan necesarios los lavabos inclusivos, aquellos en los que no hay separación por género y que vuelven a ser noticia en nuestro país porque la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona los ha instalado en sus campus. Se une, así, a la lista de universidades que han decidido dejar atrás el binarismo en sus baños, como la Universidad del País Vasco o la de Sevilla.

Es la tendencia que se sigue mundialmente: las universidades como promotoras de esta inclusión que empieza en los lavados. Desde Estados Unidos o Reino Unido hasta México y Francia, en algunos países ya se ha empezado a romper esta barrera incluso en colegios de menores. Pero los baños únicos no son solo una realidad en centros educativos, sino también en museos, centros culturales o bares, que siguen la estela de las discotecas y locales queer que, desde hace años, llevan aplicando esta medida antidiscriminación.

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La importancia de los baños la define el código ético para prácticas LGTBI de la Univerisidad de Maryland, en Estados Unidos, que asegura que apostar por baños sin género es mejor porque aquellas personas que no tengan el cispassing (es decir, que no sean leídas por el género con el que quieren ser identificadas), se arriesgan menos a recibir violencia en un acto tan simple como ir al servicio. El portal Verne entrevistó a Ophelia Pastrana, activista transgénero que fue echada de un baño de mujeres por este motivo, que asegura que, además de garantizar espacios seguros a personas trans, las mujeres cis también salen beneficiadas de este avance: "la iniciativa de hacer los baños mixtos significa terminar con el rechazo que existe a lo femenino, pues son las mujeres las primeras en ser separadas por ser consideradas delicadas o débiles respecto a los hombres".

Pero no todos se han mostrado a favor, es fácil rastrear en la opinión pública desde comentarios tránsfobos hasta preocupaciones de mujeres que desconfían de compartir un espacio tan íntimo con hombres por miedo a las agresiones. El diario colombiano El Espectador habló con Ochy Curiel, activista feminista, que se mostró en contra. "No estoy de acuerdo con la creación de baños mixtos por el riesgo de acoso sexual. Mientras no se concientice acerca de la alta dominación que tienen los hombres sobre los cuerpos de las mujeres, es peligroso hacerlo". Aun así, según las estadísticas en los centros que llevan años implementados estos baños, la mayoría de estudiantes cree que, a falta de un sistema mejor, romper con el binarismo en los baños es siempre una buena y necesaria acción, un pequeño paso contra la discriminación diaria de las personas trans.