Las surcoreanas se movilizan contra las cámaras que las graban en los baños públicos

Esta crisis de voyeurismo muestra el profundo machismo de la sociedad y el trato despectivo hacia las mujeres

Las mujeres surcoreanas se siente desprotegidas. La intensificación durante los últimos años de esa triste práctica delictiva conocida como spycam porn ha elevado muchísimo la preocupación social. Y no es para menos: los baños públicos del país se están llenando de cámaras diminutas escondidas que buscan grabar imágenes íntimas de las víctimas para venderlas sin consentimiento a diversos sitios pornográficos. Tantas que solo en 2017 se registraron 6.000 denuncias, el triple que en 2012. Y se estima que la cifra real es mucho mayor. Por eso las activistas del país asiático se están movilizando para exigir medidas contra este crimen.

En concreto, han demandado al gobierno de Corea del Sur, presidido por Moon Jae-in, que regule la venta de las cámaras espías utilizadas por los delincuentes. Una medida extrema pero lógica si tenemos en cuenta los fracasados intentos del gobierno por detener esta crisis de voyeurismo criminal. La sociedad surcoreana, y especialmente las mujeres, que representan el 90% de las víctimas de las spycam, están hartas. Y así lo han expresado estos últimos meses con diversas movilizaciones y manifestaciones guiadas por una idea muy clara: esta violación de la intimidad puede resultar profundamente traumática.

Como respuesta el gobierno de Seul, capital surcoreana, ha anunciado una ampliación del equipo de lucha contra las cámaras espías porno de 50 a 8.000 efectivos. Estos nuevos empleados, según difunde el diario británico The Independent, se encargarán de realizar controles diarios en los baños públicos para detectar y eliminar los dispositivos de grabación. Un despliegue humano que, no obstante, los activistas consideran insuficiente: “Lo que es imperativo es regular la distribución de cámaras espías”, ha expresado You Seung-jin, vicepresidente del Centro de Respuesta a la Violencia Sexual Cibernética de Corea.

Eso y, según han agregado los activistas, modificar la actitud social hacia las mujeres. El altísimo porcentaje de víctimas femeninas sobre el total de víctimas de las spycam porn en el país y el hecho de que la gran mayoría de espías porno sean hombres demuestran que este fenómeno no resulta solo criminal sino también profundamente machista. La crisis voyeur surcoreana es hija del patriarcado. No en vano, el año pasado Corea del Sur acabó en el puesto 118 de 144 en la lista del Foro Económico Mundial que mide la brecha de género. La misoginia es habitual. Solo la educación podría acabar con todo esto.