Salvemos a Jorge Cremades de la hoguera feminista

Abro Twitter hoy y encuentro que Jorge Cremades es uno de los temas calientes del día. No sé qué habrá hecho ahora (¿un comentario estúpido?) o de qué habrá sido víctima (¿otro titular malintencionado como el que apareció en la entrevista de Lorena G.Maldonado en El Español?). Buceo por varios medios de comunicación y leo que varios grupos feministas y LGTBIQ se manifiestan contra su espectáculo en Barcelona, organizado en el Teatro Borràs.

Otras publicaciones directamente, más que informar parecen animar al público a unirse a la protesta contra el humor machista, como es el caso de Broadly. Sí, habéis leído bien. Un medio de comunicación, amparado en la libertad de prensa, se suma a hacer campaña contra un humorista. ¿Sensacionalismo? ¿Linchamiento? ¿Poscensura? Despejemos las dudas.

Como en otras ocasiones, se acusa a Jorge de hacer apología de la violación. Hago un barrido en Twitter y encuentro una pancarta de la concentración donde se puede leer en catalán: “¿Le reirás las gracias? Rechazamos el humor machista #NosTienesQuemadas”. Además, se comenta alguno de los cánticos: “La violación no es diversión”. ¿Acaso alguien lo duda?

Confieso que no me gusta el humor de Jorge Cremades ni algunas de sus opiniones. No sé si porque soy mujer. O simplemente porque prefiero que me hagan reír los Monty Python. He sido violada y en alguna que otra ocasión, he criticado abiertamente a Jorge por usar estereotipos sexistas. ¿Os acordáis cuando escribió para una conocida revista femenina sobre las vacaciones en pareja? Justo ahí hice, desde mi cuenta de Twitter, mi crítica personal usando la parodia, recurso que curiosamente él utiliza en muchos de sus vídeos y espectáculos.

Tampoco me gusta el humor negro. Los chistes de Guillermo Zapata o de Cassandra Vera no me despiertan el ánimo. Pese a ello, como ciudadana y feminista, jamás condenaría ni me manifestaría contra la libertad de alguien de poder hacerlo. Aunque a mí no me guste. Aunque me incomode.

El humor es humor. Crítica y protesta son siempre bienvenidas. Pero ojo, abogar por el boicot de un espectáculo (aúne más o menos talento, nos provoque más o menos la carcajada) es un claro ejercicio de censura. O al menos, de pretenderla. Me aterra que esta censura emane o se justifique a través del movimiento feminista. Ante esto, no puedo dejar de preguntarme, ¿qué pasaría si Sade estuviera vivo y difundiera su literatura a modo de tuit? ¿Vuelve la policía del pensamiento, esa a la que aludía George Orwell en su novela 1984?

Se acusa a Jorge Cremades de hacer "apología de la violación". Pero que yo sepa, por varias fuentes que haya consultado, no encuentro ninguna sentencia ni denuncia que recoja que el espectáculo de Jorge Cremades conlleva a un aumento de las violaciones en España. Tampoco localizo sentencias que culpen a Sade del aumento de las violaciones en Europa tras leer su obra. Lo que sí encuentro es una defensa feminista de la obra de Sade, firmada por la filósofa Simone de Beauvoir. Es una bruja. Los caballeros de la mesa cuadrada:

La Constitución Española promulga en su Art. 20 el derecho a la libertad de expresión. La Declaración de los Derechos Humanos define en su Art. 19 la libertad de expresión de la siguiente forma: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye EL DE NO SER MOLESTADO a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión."

Este derecho ofrece algunos matices, es decir, puede estar restringido por la ley con el objetivo de:

a) Asegurar el respeto a los derechos o a la reputación de los demás.

b) La protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas.

Jorge Cremades hace humor. Un humor rancio y sin autenticidad, bajo mi punto de vista. Creo que es bastante tendencioso tildar sus chistes, sketches o parodias de apología de la violación. O de promulgar una campaña llena de odio, confundiéndose a la persona con el personaje. Clamar para censurarlo es propio de grupos que creen que hay que proteger a las mujeres porque somos eternas víctimas, infantiles, sin capacidad crítica… Yo quiero un feminismo que defienda mis derechos no que me deje en ridículo comportándose como la Santa Inquisición.

No hace falta tener un Máster en Género e Igualdad para darse cuenta de que el cine, la literatura, el porno y hasta los anuncios de candidiasis vaginal son sexistas (nunca entenderé por qué las actrices de estos anuncios salen sonriendo cuando tienen hongos en el coño). Me parece positivo que desde diferentes ámbitos, se analicen las relaciones de género en las representaciones culturales. Creo que ayuda a denunciar estereotipos y a promover otros nuevos modelos de ser hombre y ser mujer o ser lo que quieras ser independientemente de tus genitales.

La respuesta al humor machista no puede ser la censura y el linchamiento mediático de un humorista. Perseguir la obra de Cremades, pese a su goteo de tópicos sexistas, no induce al fin del patriarcado. Y por supuesto, no manifestarte contra la libertad de expresión, no te convierte en peor feminista. ¿Qué tontería es esa del “verdadero feminismo”?

Como recoge Juan Soto Ivars en su libro Arden las redes: la poscensura y el nuevo mundo virtual es ridículo renegar del enfoque machista de algunos de los chistes de Cremades. No obstante, señalar que en los mismos existe una apología de la violación presenta serias dudas. ¿Es posible entonces salvarle de la hoguera? ¿O cómo señala Soto Ivars será el enemigo haga lo que haga?

El efecto que genera la vigilancia por parte del “feminismo” de una obra de carácter artístico es bastante peligroso. Entrecomillo feminismo porque considero que el feminismo moderno no puede entenderse ciego a los derechos humanos y los valores democráticos. Entre esos derechos y valores, como ya comentaba, se encuentra la libertad de expresión. Este garante de la libertad y enemigo de los regímenes totalitarios, parece obviarse completamente por ese “feminismo”, que desde la hegemonía y la pataleta, se ofende porque “hay que proteger a las mujeres de los chistes de violación”.

Las razones que hacen necesario el feminismo no se basan en la paranoia, el victimismo y la continua defensa de lo políticamente correcto. Tan demagógico es que quien está en contra del aborto legal (una de las reivindicaciones feministas por excelencia) acuse a las mujeres de “asesinar niños” o “atentar contra los no nacidos” como de acusar a alguien de hacer apología de la violencia sexual por un sketch de humor.

Reflexionemos porque la policía del pensamiento, venga de donde venga, no puede ganar.