Lo Reconozco, Soy Machista (Y Tú También)

Puede que seas de los que defiende (incluso a capa y espada) la igualdad de género y se te llene la boca criticando el machismo. Pero de pronto encuentras un texto, escrito por un supuesto machista, y te sientes incómodamente identificado. Es lo que nos pasa a muchos leyendo el texto del diario catalán Crític escrito por Sergi Picazo, porque describe un machismo mucho más sutil está socialmente aceptado.  "Has pensado alguna vez que una chica era una puta, una zorra, una calientapollas?", les pregunta a sus amigos y conocidos y a todos aquellos que alguna vez han alimentado el machismo sin saberlo o sin quererlo ver.

"Has intentado impresionar a tus amigos explicando detalles sobre cómo ligas en la discoteca? ¿Te has cabreado con una chica porque prefirió no acostarse contigo ese día de borrachera?", cuenta en catalán el texto de Crític. Pues según Picazo, sin darte cuenta estás perpetuando la desigualdad y la injusticia. ¿Suena duro, no?

No es tu culpa, pero sí que está en tus manos ayudar a cambiarlo. Otro artículo en la web Feminismo Crítico cuenta que la violencia machista (la peor consecuencia de este sexismo del que hablamos) no es un problema individual. Precisamente porque no es una desviación, sino una norma, puede parece algo normal. "Aceptamos normas, valores y comportamientos sin darnos cuenta y nos hemos creído tanto que son neutrales que ni los cuestionamos", explican Freixanet i Duran en este blog.

De la bromita a la violencia

En las situaciones más cotidianas es donde transpira nuestro machismo inconsciente. "Soy machista cuando oigo un chiste o una bromita machista de los colegas tomando una cerveza y dibujo media sonrisa (a veces, incluso una sonrisa completa). Soy machista cuando un coche me hace una mala pasada e intento adelantarlo para ver si es una mujer o un hombre".

Los problemas de esta visión de superioridad del hombre no pertenecen a otro país ni a otro continente. Sin ir más lejos, en 2015 en Cataluña se denunciaron 679 agresiones sexuales (una cada 13 horas) y 766 abusos (uno cada 11 horas). Una de cada diez mujeres europeas (11%) ha sido víctima de la violencia sexual según la última encuesta al respecto de la Agencia de la Unión Europea de Derechos Fundamentales.

"Soy machista cuando en una cena o una comida familiar veo que las mujeres se levantan a retirar platos y me entra un ataque de pereza así que me quedo charlando (con los hombres). Soy machista cuando quiero tener hijos y no pienso ni un segundo en como esto afectará a mi carrera profesional", continúa el artículo publicado en Crític.

Privilegio invisible

Hablemos claro: el mundo está diseñado por siglos de supremacía masculina y sigue beneficiando al hombre de forma institucionalizada. Por lo tanto es normal que los hombres no nos demos cuenta cuando abusamos de nuestra posición privilegiada, porque como dijo Carles Foguet en otro artículo titulado también Soy Machista: "el privilegio es invisible a los ojos del que lo posee".  

"Nos creemos que tenemos la mayoría de espacios en las empresas, la política, la universidad o la fábrica porque somos los mejores", decía Foguet, que considera que el machismo, lo queramos o no, cuesta tanto quitárselo de encima como el olor a tabaco, que se te pega aunque no seas fumador. Y por todo ello, la carta de Sergi Picazo nos anima a ponernos las pilas y a romper con la cadena de machismos, desde el chiste de turno hasta la publicidad sexista. Queda mucho camino por delante y deberíamos dar algún paso hacia el lado para que las mujeres sigan avanzando.

Lee el artículo original en catalán del diario Crític