Las mujeres misóginas existen y así puedes detectarlas

Berit Brogaard, neurocientífica de la Universidad de Miami define hasta cuatro perfiles diferentes de mujeres misóginas

Que la misoginia —la aversión hacia las mujeres por el hecho de serlo— contamina todavía muchos estratos de nuestra sociedad no es ningún secreto. La falta de sororidad entre mujeres sigue impidiendo el avance de la lucha feminista e, incluso, hay estudios que acreditan claramente su existencia a nivel científico. Aún así, con frecuencia solemos relacionar la misoginia exclusivamente con los hombres obviando por completo su presencia dentro del mismo género. Pero, ¿cómo nos quedaríamos si descubriéramos que algunos comportamientos misóginos son en realidad más frecuentes entre las mujeres que entre los hombres?

La misoginia es indistinta al género

Berit Brogaard, neurocientífica de la Universidad de Miami, define en Psychology Today hasta cuatro perfiles diferentes de mujeres misóginas. El primero de ellos es el perfil denominado ‘misógina puritana’. Según explica la especialista, existen tres rasgos diferenciales que nos permiten identificar a una mujer puritana-misógina. En primer lugar, se basan en "el ideal de la mujer como doméstica, cariñosa, amable, con temperamento tranquilo, atractiva, juvenil  y sexualmente pura antes del matrimonio". En segundo lugar, "es servil, siempre apoyando al hombre como un pilar sólido". Y, en tercer lugar, "odia a las mujeres que se desvían del ideal femenino". Esta es la razón de que encontremos autoras que impulsan a las mujeres a cumplir este -anticuado- ideal de mujer.

El segundo de los perfiles de mujer misógina es el perfil denominado ‘misógina autocrítica’. De nuevo son tres las características que pueden servirnos para identificarla -o para identificarnos-. Por un lado, se trata de mujeres "críticas con las mujeres que no son muy femeninas". Desprecia el sobrepeso, la agresividad, la masculinidad o cualquier atributo alejado del cánon estereotipado de mujer perfecta. Además, defiende a ultranza los roles de género tradicionales donde "los hombres deben ser alfas dominantes" y "las mujeres dulces y obedientes". Por último, añade Brogaard, se consideran de las pocas mujeres femeninas en pie.

El reflejo de un miedo interior

El tercer perfil que establece la autora es de la ‘misógina que se autodesprecia’. En ese caso, la mujer sufre vergüenza acerca de su naturaleza, en ocasiones debido a que sus acciones o pensamientos no cuadran con lo estipulado por la sociedad para las mujeres. ¿La primera señal? Desprecian a las mujeres como colectivo. En concreto, esta es la segunda señal, se refieren a las mujeres como personas "promiscuas, manipuladoras, deshonestas, irracionales, incompetentes o carentes de inteligencia". La tercera señal es que niegan sentir el autodesprecio que las guía. Un autodesprecio que puede conducir a graves problemas.

En cuarto y último lugar encontramos el perfil de la ‘misógina diabólica’. Un nombre suena poco menos que exagerado y que viene dado por una de las características de estos perfiles: "está en permanente competencia con otras mujeres y prefiere eliminar a una mujer de la carrera laboral o escolar que ayudarla a progresar". Lo que podríamos definir como antisororidad. ¿El por qué de este comportamiento? Esa es la segunda característica: estas mujeres "se perciben como superiores a otras mujeres" en virtudes estereotípicamente masculinas como "la inteligencia, la fuerza de carácter o la racionalidad". Además, agrega Brogaard, son muy narcisistas.

Como ves, el problema para alcanzar un horizonte de sororidad entre mujeres no viene únicamente dado de la desigualdad entre géneros. También hay mujeres que por su condición misógina dinamitarán cualquier esfuerzo de las demás por alcanzar la igualdad, no se trata ahora de desviar el papel de los hombres en esta sociedad desigual pero entender que los problemas que enfrentan las mujeres están presentes incluso entre ellas, ya es un paso.