Me masturbé en directo en una obra de teatro

Actué en Cielo TV y pude hacer mi propia versión de Hysterical Literature para demostrar que solo vais al teatro a ver cómo sufren los cuerpos que no son el tuyo

Entro en escena y me siento en la silla que hay en mitad del escenario. Me acerco a la mesa, donde me espera un libro y una cámara que enfoca un primer plano de mi cara. Me coloco el vibrador entre las piernas y comienzo a leer, relajada. Me concentro en la lectura. El patio de butacas está lleno y yo comienzo a masturbarme sin dejar de leer en voz alta, da igual qué.

Cielo Tv (dirigida por Marc Caellas, inspirada en una novela de David G.Torres) es un programa de televisión en vivo, una recreación de lo que hacían los creadores, artistas y músicos de finales de los 70 e inicios de los 80 en Nueva York, con banda en directo, actores varios y, siempre, algún invitado sorpresa. Recibir el mail de Marc para participar en ese espectáculo me hizo muchísima ilusión. Lo que no sé cómo contaros es cómo se me quedó la cara cuando recibí el guion, unos días más tarde. Tampoco sé cómo contaros de qué va la obra sin que la veáis.

“[...]Ahora, por primera vez, en vivo y en directo para Cielo TV, Alejandra intentará no perder la concentración mientras lee una ración jugosa de ‘literatura histérica’ con un instrumento entre las piernas…”, era la frase clave del guion. Tengo que admitir que casi me da algo. Mi mente se dividía en dos: ¡que van a venir a verme mis padres a verme! /  dios, qué chulo, ¿no?

Cielo TV recupera Hysterical Literature, un proyecto en el que Clayton Cubitt grababa a 12 mujeres para representar la misma escena: leer fragmentos literarios mientras, fuera de plano, se iban excitando sexualmente con un vibrador. Si la has visto (está en Youtube), tal vez hayas pensado que finjan, pero te garantizo que no. Ahí estaba yo, masturbándome mientras leía.

Las masturbaciones de cada una de mis precursoras tienen una duración de entre 4 y 12 minutos. Ninguno de ellos tiene elementos que puedan considerarse pornográficos y han sido vistos, desde 2012 (cuando comenzó la iniciativa), por 20 millones de espectadores. Se puede ver en ellos a mujeres leyendo, pero lo que el plano de la cámara no incluye es que bajo la mesa, donde las chicas no llevan ropa interior, un ayudante de Cubitt les toca y masajea la vulva con un vibrador que va aumentando su velocidad. Los vídeos acaban siempre de la misma manera: cuando ellas llegan al orgasmo.

En Cielo Tv yo me masturbaba a mí misma con un vibrador entre las piernas, por encima del pantalón. No había ningún ayudante y era la hostia. La diferencia es que ante mí no había solo una cámara de vídeo. Estaba en vivo y directo frente a los espectadores. Podrían ver cómo me corría en directo. Y sí, también estaba mi cara proyectada en primer plano en una pantalla de televisión en un extremo del escenario.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

• #hystericalliterature

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Cuando investigué, leí que Hysterical Literature permite explorar el feminismo, la dualidad cuerpo-mente y el contraste entre cultura y sexualidad. Claro, Cubitt, no lo olvidemos, es un tío. Con todos mis respetos, puede que tuvieras esa premisa pero, entonces ¿por qué a las chicas nos tiene que masturbar otra persona? ¿Por qué lo único que buscas es que lleguemos al orgasmo? ¿Por qué no dejaste que cada una se masturbara como quería?  Lo que en un principio me había parecido innovador y arriesgado, ahora me empezaba a molestar. 

Ahora vuelvo a estar sentada en la silla y empiezo a leer mientras el vibrador se sacude entre mis piernas. Me retuerzo mientras bajo con una de mis manos para ir subiendo la potencia del aparato, que me excita a la vez que da risa, la voz se me entrecorta, empiezo a sudar… sí, llego a excitarme, pero entonces paro seco. Dejo el vibrador en la silla.

—No has llegado hasta el final…—, me dice Esteban, el actor que interpreta al presentador de todo el show cuando ya llevo siete minutos estimulando mi clítoris en frente de sus caras. Unos respiran aliviados, los otros parecen confusos. Saben qué han venido a ver. Y esperan que llegue al orgasmo.

—Están incómodos—, respondo yo.

Él coge el vibrador, todavía encendido, y se acerca hacia la gente a preguntarles si realmente se sentían incómodos. Algunos dicen que no, que para nada; otros que un poco.

—Esteban, es que esto no es original. No hay dualidad mente-cuerpo. Ni arte-sexo. ¿Qué quiere contar el director del programa con esto? Que baje y se pajeé él. Venga Esteban, pajéate tú. ¿Alguien del público quiere bajar? (Pausa)

—Esta performance ya se hizo— sigo yo—, masturbarse ya no es revolucionario. O sí. Mira cómo me observan. ¿Alguno se ha puesto cachondo/a? He parado por ellos, por vosotros... más de mitad del público estaba deseando que me corriera y la otra mitad del público son familiares y amigos, ¿qué alivio eh? Muy turbio, lo sé… Cuando salgan de aquí no van a hablar de otra cosa.... he montado en bicicleta, ¿vale? Creo que no hacía falta que llegase al orgasmo. Además, ¿cómo iban a saber si era de verdad un orgasmo? ¿Y si lo finjo? Os da igual. Al sistema no le interesa que llegue al orgasmo. Solo que parezca un orgasmo. No hay veracidad en esto. Ni lucha. Ni compromiso... Estoy cachonda joder, cachonda y enfadada... Esta es la castración del sistema. Qué alegato a la sexualidad femenina voy a representar si no hay liberación. De qué educación me habláis si nuestros referentes son la pornografía. ¡No me dejáis ni correrme tranquila! Vuestro deseo me penetra. El patriarcado me señala. El presentador me mira. Me juzgo. Ya no son los 80. Esto ya no es innovador. Mi revolución es dejaros con las ganas.

Y no me corrí… Este fue mi particular homenaje a la obra. De hecho, lo habíamos planeado y todo el elenco participaba de forma activa haciéndose el sorprendido cuando yo paraba. Marc hace que trabajar con él sea fácil y al final pudimos contar algo nuevo. Para decirle a Cubitt que no me importa para nada qué quería decir él como director mientras no le importara qué quería contar yo como mujer, poniendo mi clítoris a disposición de su obra. Esta es mi verdad dentro de una realidad pornográfica, una sociedad del espectáculo donde el cuerpo de la mujer no es más que un canal por el que pasan los deseos del autor, del director y los tuyos. Y los de los 20 millones de personas que han buscado Hysterical Literature en Youtube esperando excitarse.

Si algún día tienes la oportunidad de ver Cielo Tv, ve. Y no solo por el morbo. Te he contado 10 minutos y dura hora y media. Prepárate porque cada día el show cambia y crece, y los espectadores también cambian con él.