Investigamos qué hay detrás de la guerra interna que divide al feminismo

¿Qué está pasando con el feminismo? Ese movimiento que desde hace tantísimos años lucha por la igualdad de hombres y mujeres en todos los aspectos de la vida pública y privada. Una idea con la que la mayoría coincidimos y que, a pesar de que todavía le quede mucho por lo que luchar, también ha hecho muchos enemigos. ¿Cómo es posible que cada vez haya más personas que se estén declarando ‘antifeministas’? Hombres e incluso mujeres que están empezando a renegar del feminismo porque lo ven agresivo y, ante una actitud machista, a menudo se dedica a machacar en lugar de a educar, que no admite errores, incluso, entre sus propias activistas que, en lugar de estar unidas, se enfrentan entre ellas públicamente por matices ideológicos.

¿Quiénes son y por qué discuten?

Con el paso de los años, el feminismo se ha convertido en un movimiento complejo, con distintas visiones y sentires que provienen de orígenes y contextos muy distintos entre sí. Y  aunque terminar con la desigualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos siga siendo su objetivo final, lo que definitivamente provoca el mayor número de disputas en las redes sociales es, a grandes rasgos, la concepción, el uso y la potestad sobre el cuerpo de la mujer. "La prostitución, la pornografía y, ahora mismo, los vientres de alquiler son problemáticas que no solo atañen a cuestiones sociales, sino que abordan el campo de las ideas. Posicionarse a un lado o al otro define cómo concebimos el mundo", nos dice por teléfono Asunción Bernardez, directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid.

Existen distintas líneas de pensamiento dentro del feminismo: las afines a un llamado 'feminismo radical' (donde la palabra radical viene de raíz, no de extremo), que considera que el origen de la desigualdad es el patriarcado, esta organización social en la que el hombre predomina sobre la mujer. Suelen posicionarse a favor de abolir la prostitución, los roles de género, la gestación subrogada y la pornografía. Ellas son las que entienden, por ejemplo, que Cristina Pedroche, al ser una persona pública, se convierte en ejemplo de lo que significa ser mujer y cómo somos vistas a ojos de los demás y el hecho de que se ponga vestidos cortos o transparentes contribuye que la mujer siga siendo vista como un objeto sexual.

Por otro lado, las 'feministas liberales' apuestan por conseguir la igualdad de la mujer a través del individualismo y la toma de sus propias decisiones ("en mi coño solo mando yo"). Ellas defienden el derecho de Pedroche a vestir como quiera basándose en que debe ser cada mujer quien decida sobre su propio cuerpo y que es la sociedad quien debe entender eso y, viva como viva o vista como vista, respetarla. Las liberales suelen estar a favor de la regularización de la prostitución, de la libertad sexual íntima o públicamente (eso incluye la pornografía) o de los vientres de alquiler. Son, en definitiva, 'pro-sex'.

Pero si nos quedáramos únicamente en estas dos ramas no entenderíamos cómo de vivo y democrático es el feminismo de hoy. "Hay un feminismo para cada tipo de mujer", cuenta Caótica Ana (@FeministFenix). Ana, de madre vasca y padre chileno, antigua activista de FEMEN España y muy activa en sus redes sociales, practica el feminismo interseccional porque tiene en cuenta todos los aspectos que conforman su identidad: "sé que sufro opresión por ser mujer, pero también por ser mujer racializada, por ser de clase obrera y por ser bisexual". Sin embargo, sentencia Caótica Ana, "al final, todas queremos lo mismo: que nos dejen de matar, que nos dejen de violar, que nos dejen de maltratar, que dejen de menospreciarnos....”. 

Entonces, ¿por qué discuten?

Abolicionistas contra regulacionistas, feminismo radical contra pro-sex, otros no entienden el feminismo del Islam ni el católico por considerar ambas religiones machistas, las feministas 'de clase' atacan a las feministas racializadas porque, según dicen, 'provocan una división' en su tipo de feminismo. Y así, un largo etcétera. "Dentro del feminismo, para un mismo problema hay 40 opiniones distintas. No es nada que no pase (ni haya pasado siempre) en otras ideologías como, por ejemplo, el socialismo. Lo que no es normal es el nivel de agresividad de algunas personas", dice Ana.

Las batallas dentro del feminismo tuitero se construyen de forma muy sencilla, muy rápida y en cualquier momento: yo me defino con una etiqueta, te defino a ti con una etiqueta contraria a la mía, tuiteo sobre ti usando cualquier cosa que hayas dicho y sacándola de contexto, te ataco verbalmente y te defino como 'mala feminista', 'opresora' o 'alienada' invalidando tu punto de vista. A partir de ahí, los seguidores de cada usuario se encargan de atraer el odio hacia esa persona y todo lo que a ella respecta.

"Hay una tendencia a decir: 'esto es feminismo y esto no es feminismo', con un trasfondo de 'si no me caes bien, no puede ser que seas feminista'", dice la activista pro-sex Lidia Infante. "Yo he sufrido este tipo de ataque feminista en el que se coge un comentario hecho en un contexto determinado, se hace un pantallazo y se ‘denuncia’ esta opinión como si una fuera machista. He tenido disputas tanto con liberales como con radicales por cosas así, pero yo estoy totalmente en contra de las peleas públicas, creo que no son nada productivas para el feminismo", cuenta Lidia por teléfono. "Muchas veces se olvida que detrás de todas estas ideas y perfiles hay personas con sentimientos. A mí no me gusta que la gente sea tan agresiva y nosotras desde nuestro colectivo no atacamos a otras compañeras, aunque no coincidamos con ellas", dice Alicia Diaz, activista feminista radical y miembro del colectivo FEMNosotras.

A menudo, el origen de muchas de estas batallas no es una cuestión de ideologías, sino de afinidad personal. "Hay una parte muy grande de todo esto que tiene que ver con egos y envidias. No sabemos gestionar el desacuerdo, los conflictos e incluso tratar esa disparidad de opiniones desde la empatía. Es decir, puede que yo no esté de acuerdo contigo, pero no por eso te voy a machacar, a descontextualizar tu opinión, crear falsos rumores o incluso usar tu vida personal contra ti", reflexiona Loola Pérez, una activista libertaria pro-sex más conocida en redes como Doctora Glas.

Discusiones, peleas y ataques personales que llegan a durar días y que hacen que el feminismo desprenda una imagen pública agresiva con el poderoso foco de las redes sociales. "Le estamos dando muchísimo material a los machistas para desacreditarnos mientras nosotras estamos distraídas con nuestra lucha interna. Le exigimos una ‘pureza ideológica’ a las otras feministas o activistas que no le exigimos a ningún otro activista o personaje público masculino. Tal vez porque, por mucho que seamos feministas, a veces tenemos mucha misoginia interiorizada", explica, por su parte, Lidia Infante.

Tal vez por todo esto haya cada vez más personas alejándose de la etiqueta 'feminista' y, como consecuencia, también del movimiento. Gente que no se ve reflejada en una lucha que se dedica a dar o quitar el 'carné oficial de feminista' en lugar de unirse contra el frente común que es la cultura machista en la que todos hemos sido educados desde hace siglos y que sigue matando, violando y menospreciando a mujeres cada día.