Ingles De Acero, Las Chicas Que Rompen Tópicos Y Clichés Machistas

Ingles de Acero, ese es su nombre. Su imagen, una Virgen que llora lágrimas negras con un patín en la mano, casi nada. Son deportistas, mujeres y una máquina de romper tópicos y clichés. Lo hacen sobre patines, equipadas con cascos, protecciones y mallas para evitar el roce de las caídas, pero sobre todo, practicando un deporte de contacto que nada tiene que ver con lo artístico, sino con sufrir y sudar cada minuto de juego.

“Cuando se habla de deporte femenino normalmente la gente se suele fijar en lo gráciles que son las chicas y en lo estético del ejercicio, y esto no es así, es un deporte de contacto en el que se ve que las mujeres sudan, que son personas, que son deportistas, y no deja de ser femenino por estar practicando un deporte de contacto”, reivindica la miembro del equipo Andrea Cabrera a Código Nuevo.

El Roller Derby -así se llama el deporte que practican- consiste en hacer que la jammer del equipo, es decir, la anotadora, consiga puntos superando a las bloqueadoras del equipo contrario, cuatro por equipo, o doblando a la jammer rival, todo esto en una  pista oval en la que el contacto, el choque, la estrategia, los bloqueos y la velocidad de ejecución dan un aire renovador en comparación con el perfume de sutileza y porcelana de las patinadoras artísticas.

En 2010 Ingles de Acero empezó su aventura, en la que unas chicas se reunieron hasta consolidar en 2011 el equipo de Barcelona Roller Derby, una organización que une a las patinadoras del equipo, su conjunto “B”, árbitros y voluntarios. De momento, son la única liga –es decir, organización deportiva de Roller Derby- ‘Full Member’ de la Federación Internacional, la WFTDA.

Un estilo de vida

Roller Derby todo el rato. Ese es su lema, un grito de guerra que llevan consigo día tras día, porque una vez dentro se convierte en un estilo de vida: “No son solo las dos horas de entreno, son los comités para organizar entrenamientos, el de tesorería, el de comunicación… Nos dividimos todas para hacer la faena y al final te acabas llevando el trabajo a casa”, comenta otra jugadora, Tani Rodríguez.

Un modo de vida que sin embargo queda muy alejado del sistema más profesionalizado que disfrutan en Europa la mayoría de equipos de Roller Derby. Aunque están muy orgullosas de su trabajo, cuentan con cierta envidia sana la organización de sus rivales continentales:

“En Suecia, Alemania o el Reino Unido un club puede tener más de 200 personas entre patinadoras, árbitros, voluntarios… Aquí como mucho somos 40 y tenemos que pedir ayuda o hacerlo todo nosotras, porque no es solo jugar un partido de una hora, sino llegar tres horas antes para preparar la pista, las gradas, y luego ponte a jugar”, comentan Andrea y Tani.

A pesar de todo, consiguen reunir entre 300 y 500 personas en el pabellón de la Trinitat Vella de Barcelona, algo que las anima a seguir buscando un inversor de calidad: “¡Estamos buscando sponsor!”, bromean, aunque Lucille Doussin, que se incorpora más tarde a la charla, también avisa: “Si me patrocinan pero me dicen que tengo que perder 20 kilos prefiero seguir como estamos ahora”.

Sus próximas citas son Niza, en el torneo Alerte à Malibout2, y en Barcelona en el torneo Brawlcelona, la primera competición de Roller Derby entre equipos españoles, un reto deportivo que describe su filosofía como equipo: “Siempre hemos intentado buscarnos rivales que sean de un nivel superior al nuestro para poder probar contra las mejores nuestras habilidades. Quizás si escogiéramos a equipos más débiles ganaríamos más, quién sabe, pero este es el camino que hemos elegido”.

Valores de feminismo y tolerancia

En Ingles de Acero tienen claro que los equipos de hombres, pese a ser una clara minoría en la federación internacional, pueden llegar a tener más impacto y facilidad para ser visibles, algo que no les sorprende: “El deporte femenino siempre ha tenido menos repercusión. En el caso del Roller Derby, si llegamos a superarles en impacto será porque la gente dirá ‘tías dándose tortas con pantalón corto’ y a mí personalmente eso es lo que me da más rabia”, cuenta amargamente Tani.

En este deporte los valores feministas y de tolerancia son clave, por ese motivo muchas como Lucille se niegan a la posibilidad de convertirse en deporte olímpico si el COI mantiene las normas actuales: “En unos JJOO una mujer transgénero no puede participar mientras que las normas del Derby tu sexo biológico de origen no tiene ninguna importancia”.

Unos valores que cuando los reivindican con sus nombres de guerra –pseudónimos de las patinadoras, Allie Ollie, Stacy Malibu y Elle Visse en el caso de nuestras entrevistadas- en muchas ocasiones sexualizados a propósito, se ven obligadas a no usarlos cuando los grandes medios o las instituciones, como el Ayuntamiento, se meten de por medio en alguna de sus actividades como en la primera exhibición que realizaron en el Fórum de Barcelona:

“A un par de chicas les dijeron si se podían tapar el nombre”, cuenta Tani. “La excusa es que había público infantil, pero el nombre en la camiseta es minúsculo, así que no creo que un niño de tres años sepa leer que ahí pone Zorra Elástica, por poner un ejemplo”. Reivindicaciones de libertad sexual tapadas a la más mínima oportunidad, cuando las Federaciones de otros deportes aceptan sexualizar las equipaciones de las jugadoras para atraer al público masculino.

Pese a todo, nadie las podrá detener en su andadura –o más bien patinaje- hacia la rotura total de tópicos sobre su deporte y por la libertad sexual que ellas decidan defender.

Imagen: Hara Amorós