La idea de la prehistoria con hombres cazando solo un prejuicio machista

Y no es una opinión: son hechos arqueológicos. Después de una investigación que revisaba los restos de cazadores paleolíticos, se ha determinado que un tercio de estos eran, en realidad, cazadoras

Imagínate la sociedad cavernícola. ¿Qué te viene a la cabeza? Seguramente la típica imagen de libro de colegio con hombres cazando para su comunidad y las mujeres encerradas cuidando de sus hijos. Pero en 2018, un hallazgo rompió con esta imagen: “una chica de entre 17 y 19 años enterrada hace unos 8.000 años junto a sus armas muestra que la caza de grandes animales no era solo cosa de los hombres prehistóricos”, explica El País.

Y no es un caso aislado. Después del descubrimiento, los autores decidieron revisar cientos de enterramientos prehistóricos y acaban de concluir que, de 27 restos de cazadores encontrados, 11 eran de mujeres. Estadísticamente eso demuestra que “más de un tercio de los cazadores prehistóricos eran en realidad cazadoras”, al menos en América, donde se analizaron los restos. Por lo tanto, si un tercio de los cazadores eran en realidad cazadoras toca cuestionar “la idea dominante de que en las primeras comunidades humanas ya había una división del trabajo por género”, continúa el artículo.

A principios de año ya nos lo adelantaba el divulgador Putomikel en una entrevista, mencionando estas revisiones de género que querían destruir la idea más estandarizada sobre la prehistoria: “en el paleolítico eran más igualitarios de lo que creemos. No eran grupos donde la mujer recolectaba y el hombre cazaba, esa es una lectura que hacemos con nuestros prejuicios. La desigualdad llega con el neolítico, cuando se asientan los grupos y aparece la agricultura, que creó unas diferencias, por lo que llamar a un machista cavernícola es cuanto menos poco acertado”.

Pero, ¿cómo puede ser que tuviéramos una idea tan errónea de las tareas divididas por género prehistóricas? Pues por el prejuicio machista de los investigadores. “La teoría del hombre, el cazador, no se ve confirmada por los datos arqueológicos, solo por los etnográficos. Tradicionalmente, la caza ha sido considerada como más prestigiosa, exigente y peligrosa que la recolección y estos son rasgos que hemos asociado de forma estereotípica como actividades de los hombres”, explicaba Kathleen Sterling, arqueóloga de la Universidad Binghamton (EE UU).

Vamos, que como pensamos que los hombres siempre han tenido una posición social privilegiada, les pusieron el trabajo más prestigioso: la caza. “En general, como la división del trabajo por género ha sido ampliamente comprobada entre las sociedades tradicionales, los arqueólogos han supuesto que también era algo generalizado en el pasado”, asegura en El País Steven L. Kuhn, antropólogo estadounidense.

Pero, en realidad, como añade Sterling, “la caza mayor, como renos o bisontes, no dependía ni de la fuerza ni de la habilidad, sino del número: las formas usadas en el pleistoceno consistían en empujar a los rebaños hacia acantilados, saltos o trampas, o arrojar lanzas a las manadas que no matarían directamente a los animales, pero los dejarían heridos, siendo pisoteados o incapaces de seguir el ritmo de la manada. En aquel tiempo, los humanos vivían en pequeños grupos, por lo que la mayoría de los jóvenes y adultos serían necesarios en la caza de una forma u otra”, independientemente de si eran hombres o mujeres: cuantas más manos, mejor. Por mucho que le pese a nuestros prejuicios.