La historia (de machismo) jamás contada sobre las mujeres víctimas de Jack el Destripador

Polly, Annie, Elisabeth, Catherine y Mary Jane no ejercían en su mayoría la prostitución y tenían mucha más historias que contar ser únicamente unos cadáveres ensangrentados

La imagen que se ha vendido a lo largo de la historia siempre ha sido la misma: un callejón oscuro del barrio londinense de Whitechapel, un caballero elegante y adinerado acompaña a una joven y bella prostituta, y en un momento dado, un bisturí acaba con la vida de la mujer de una manera brutal. Sin embargo, el relato clásico sobre los crímenes de Jack el Destripador, el tristemente célebre asesino de prostitutas del Londres victoriano, tienen más de estereotipo machista que de realidad. Polly, Annie, Elisabeth, Catherine y Mary Jane no ejercían en su mayoría la prostitución y tenían mucha más historias que contar ser únicamente unos cadáveres ensangrentados. El problema es que ha nadie le interesó preguntárselo, hasta ahora.

"Muchos trataron de averiguar dónde estuvieron las víctimas para obtener datos que les llevaran a saber quién era Jack el Destripador, pero nadie se paró a pensar quiénes eran estas mujeres, cómo era su vida”, explica a la BBC la autora de The Five: The Untold Lives of the Women Killed by Jack the Ripper, Hallie Rubenhold. En su polémico libro, esta historiadora ha desmontado por completo la visión simplista y abiertamente machista que dejó de lado a las víctimas asumiendo que eran prostitutas y que, por tanto, no merecían mayor atención. “Tan pronto como sus cuerpos fueron hallados en aquellos callejones, la policía asumió que eran prostitutas y que fueron asesinadas por un demente que les sedujo hacia esos lugares para tener sexo", apunta Rubenhold. 

El caso es que, al contrario de lo que suele contarse, de las cinco víctimas, solamente dos, Mary Jane Kelly y Elisabeth Stride, eran trabajadoras sexuales. El resto, ya se sabe, simplemente interesaba más decir que eran prostitutas y pasar página. Al menos, eso opina la escritora, y precisamente por eso su libro ha sido más objeto de polémica que una luz sobre el tratamiento que ha hecho la historia y sus investigadores a estas cinco víctimas. Insultos como “zorra malcriada de clase media” comenzaron a producirse antes incluso de la publicación del libro (febrero de 2019). Demasiados intelectuales y expertos habían quedado en evidencia por algo tan obvio como haber basado toda su investigación en los tópicos rancios de 1888 sin esforzarse en revisarlos.

“Los ‘riperólogos’ (quienes estudian a Jack el Destripador), que además son casi todo hombres que han pasado años de su vida tratando de averiguar quién era (…) Si alguien como yo les dice que su investigación no se fundamenta en hechos, no les va a gustar. He descubierto cosas que algunos no han logrado en años”, relata y añade: “soy una extraña, no formo parte de su comunidad. Y encima soy mujer”. Por lo visto, en un mundo repleto de pollaviejas y literatos, el rigor documental y una revisión en perspectiva de género han sido demasiado para sus egos. 

El relato que ha surgido de la investigación de Rubenhold ha sido de todo menos la leyenda repleta de estereotipos que la literatura sobre el tema se ha encargado por perpetuar desde que el caso colapsar las portadas de los diarios del Londres de finales del s.XIX. “Quería contar sus vidas. Escribí su historia en base a esos registros, pero también revisando las experiencias de otras mujeres que vivieron en la época. Descubrí cinco vidas muy peculiares, cada una con una historia única. Aprendí mucho de ellas”, subraya la historiadora quien no puede evitar sentir debilidad por la historia de Anne Chapman, mujer de clase media a la que el alcoholismo le destrozó la vida y la lanzó a las calles. El lugar donde murió menospreciada.

“El mundo las juzgó por el momento de su muerte, por su experiencia más horrible. Y pasaron a la historia como prostitutas; como mujeres sin hogar, sin familia, sin objetivos en la vida, casi como si ni siquiera merecieran estar vivas por ser para muchos la escoria de la sociedad”, se lamenta ya que, según ella, haber nacido mujer y pobre en la era victoriana eran unas terribles circunstancias porque tus opciones sobre lo que podías ser en el mundo estaban muy limitadas, al ocupar el peor puesto en la jerarquía social. En realidad, una mujer nunca podía ser independiente. La entrevista de la BBC se prolonga en torno a todos los errores y presunciones tóxicas en torno a estas cinco mujeres así como los problemas que le ha supuesto la publicación. Sin embargo, lo realmente importante de su relato es la constatación de la necesidad que tenemos por revisar nuestros mitos, todos.