Gianna Velarde: “A veces el mundo se pone en contra pero es en ese momento donde no puedes dejar de creer”

La piloto de 24 años hará historia el próximo 7 de enero al convertirse en la primera mujer peruana en participar en el Dakar en la categoría de moto

El Dakar 2019 atravesará a partir del 6 de enero 2.889 kilómetros de arenas, dunas y terrenos imposibles de la geografía peruana. Un reto titánico que pocos se atreven a afrontar y que muchos menos consiguen acabar. 240 horas al límite para recorrerlos en solitario montada en su moto. En sus espaldas, varias toneladas añadidas: las del machismo que ha tenido que soportar tras convertirse en la primera mujer peruana en participar en la categoría de moto de un Dakar, una prueba históricamente masculina. Muchos intentaron convencerla de que sería incapaz de terminar esta competición, sin duda, una de las más dura del mundo.

Pero la piloto peruana Gianna Velarde, de apenas 24 años, superó todas esas críticas con la misma determinación que superó el cáncer. Pasando por encima de la adversidad y los escépticos a toda velocidad. Gianna nos explica desde Perú cómo ser la primera mujer del país andino en participar en una de las competiciones más exigentes que existe es, además, la prueba de que una mujer que se ha liberado de los prejuicios es prácticamente imparable.

Viéndote atravesar un cerro subida en tu moto parece que el miedo no fuera capaz de alcanzarte, pero ¿cómo era Gianna Velarde antes del cáncer?¿siempre has sido una mujer tan valiente?

No, para nada. Sufría mucha depresión adolescente. Era una persona muy reservada, muy miedosa y muy insegura hacia mi propio cuerpo. No tenía mucho amor por mí misma. Era la nerd del colegio. La chica que intentaba pasar desapercibida. Toda mi vida era estar encerrada en mi cuarto con mis perros y leyendo. No salía con amigas ni con amigos. Estaba en esa especie de etapa emo.

Y con 15 años te diagnostican un cáncer de ganglios. ¿Cómo fue ese momento?

Estaba jugando al fútbol en el colegio y una chica, para molestarme, me dijo que la pelota era del tamaño de la bola que tenía en el cuello. Ahí me di cuenta. Y luego empecé a enfermar: gripes, fiebres, pérdida de peso de hasta 10 kilos en una semana, ahogarme con solo caminar una cuadra... Me detectaron cáncer. Y en esa época yo estaba tan deprimida que quería enfermar. Siempre decía “voy a morir a los 15 años” y a los 15 años me dio cáncer. Es de locos cómo a veces uno atrae las cosas. Estoy convencida de que el cáncer es una enfermedad del alma.

Sin embargo, subirte a una moto te ayudó. Una especie de liberación... ¿cuando te subiste a la moto por primera vez?

Fue durante mi segunda quimioterapia de las 16 a las que me sometí. Mi papá me llevó a montar. Él no podía ir al hospital. Se sentía mal. Mi mamá era la que me acompañó a todas mis quimios. Se quedaba conmigo cuando me daba fiebre o vómitos. Pero la moto me ayudó mucho. Cuando me tocó vivir la enfermedad perdí lo único que me gusta de mí: mi cabello largo, ondulado y castaño lindo. Fue heavy mirar el espejo y ver una persona diferente. La primera vez que monté en moto me puse la peluca, pero la segunda me la empecé a quitar porque me picaba y daba calor. Me descubrí a mí misma a partir de la moto.

Te dio confianza.

Sin duda. Por ejemplo, odiaba las fotos. No me gustaba cuando me veía en ellas. Pensaba “qué horrible, qué fea, ¿esta soy yo?” Las borraba. Pero cuando empecé a montar en moto me empezaron a gustar porque quería guardar esos momentos. Veía mis fotos subiendo los cerros y decía 'qué loco, un hombre puede hacerlo y yo también'. Por eso no viví mi enfermedad. Porque en ese camino de quimioterapias y radioterapias me dediqué a encontrarme a mí misma. A quererme. A enamorarme de mí. Y mira dónde estoy hoy en día.

Nunca te bajaste de la moto, pero de ahí a competir en un Dakar hay un gran salto... ¿en qué momento empezaste a tomártelo en serio?

Hace tres años que corro carreras. Montaba cerros más complicados y me medía con algunos hombres, así que mis amigos me animaron. Me enfoqué más en la moto. Tenía carreras buenas y carreras malas. Quise mejorar y empecé a entrenar. Toda mi vida empezó a cambiar de nuevo. Y empecé a mejorar. Ahora es el momento en que más preparada me siento.

Y te lanzas al Dakar, la prueba más dura de todas. ¿Por qué?

Porque a mí me gustan mucho los retos. Me gustan las cosas difíciles. Me gusta que me digan que no puedo. Me encapricho y quiero demostrar que sí puedo. El Dakar siempre me pareció como una carrera para deportistas de élite. Y yo ya vivía como una: cuidaba mi comida, no tenía vicios extraños, me despertaba y acostaba temprano... ¿Por qué no iba a poder lograrlo? Yo lo tenía pautado para 2020, pero este año el Dakar dijo que iba a ser 100% peruano. Le pregunté a una persona que respeto mucho “¿tú crees que debo aprovechar esta oportunidad?” Y él me dijo “sí, aprovéchala”. Y ahí dije “a la mierda, voy a correr”.

La primera mujer peruana en correr en moto en un Dakar. ¿Qué supone eso en un país donde el machismo todavía está muy presente?

Supone ser más fuerte de lo que pensaba que era. He recibido comentarios buenos, pero también malos. Gente que me ha dicho que yo vendo por mi linda historia y por mi linda carita y que todo lo tengo gratis o fácil por ser mujer y la primera peruana. Ahí con más fuerza dije “voy a correr”. Al diablo. “Y lo voy a terminar”. Creo que lo voy a hacer porque he trabajado muy duro. Ninguno de estos tipos que llevan montando muchísimos más años y que serán muchísimo más rápidos, es mejor que yo. Es algo que me da mucha risa porque ves la cantidad de machismo y envidia que puede haber incluso entre los mismos pilotos.

Se supone que deberían apoyarte más en tu trabajo.

En teoría sí. Pero todavía encuentro demasiadas personas, incluso del mundo del motor, que dice que no voy a llegar a ningún lado. Son cosas que en su momento me dieron mucha bilis pero ya me río. No tengo por qué preocuparme por los problemas existenciales de esas personas. Estoy en otra liga. Voy a correr la carrera más difícil del mundo. Y voy a poder medir mi rendimiento, el resultado de mi duro entrenamiento en cuanto a manejo, resistencia y capacidades mentales. Porque hay que estar muy tranquila. Intentar comteter los menos errores posibles que puedan ocasionar un fallo en el vehículo o en una misma. De hecho, dos meses antes de correr el Dakar me rompí la clavícula entrenando.

Aparte de tenerlo todo en contra por las críticas por ser mujer vas y te rompes la clavícula. ¿No te dieron ganas de tirar la toalla en ese momento?

Me confié mucho en un terreno que conozco desde hace años y me tragué un hueco superprofundo. Me rompí la clavícula pero igual me paré, levanté la moto y salí manejando. Me operaron al día siguiente. Y todo se puso tres veces más difícil. Pero nunca dejé de entrenar. Tuve que hacer tres terapias al día y cuidarme el triple con la comida para darle al cuerpo todo lo que necesita para que regenere. Recién empecé a montar en moto la segunda semana de este mes y estoy superbien. 100% recuperada.

Es esa fortaleza mental la que más sorprende. ¿Qué le dirías a esa hipotética chica adolescente e insegura que pueda pensar que se reirán de ella si monta una moto?

Le diría que hace diez años jamás hubiese imaginado que estaría donde estoy. Ni que sería tan fuerte para poder superar todo lo que he pasado. Le diría que a veces el mundo se pone en contra, pero que es en ese momento donde una no puede dejar de creer en sí misma. Le diría que aproveche las oportunidades, sean buenas o malas. Y le diría que siempre habrá alguien que le diga que no puede. Pero la única persona a la que hay que demostrarle que sí puede es una misma. Y no dejarte convencer por esos comentarios. Es un trabajo de todos los días. No es que decidas un día “voy a ser fuerte y no voy a dejarme influenciar” y ya está. Tienes que repetírtelo todos los días.

Por último, ¿cómo te imaginas el Dakar de 2030?

Sería increíble ver todo un camión pilotado y copilotado por mujeres. Sería increíble que la participación femenina fuese mucho más fuerte. Sería increíble que las mujeres no solo lleguen por llegar, sino que lleguen mejor que muchos y ganaran alguna categoría. Y en 12 años creo que es posible. Hay una generación de chicas muy cultivadas que vienen atrás. Es un trabajo que ahorita hay que lucharlo, pero estoy segura de que en un futuro será.