Las futbolistas son un buen negocio hasta que tienen hijos

Maider Irisarri, jugadora de Osasuna, se convierte en la primera futbolista en volver a jugar tras ser madre en España, mientras continúa sin firmarse el convenio colectivo en el fútbol femenino

Maider Irisarri hizo historia la semana pasada al jugar en Reto Iberdrola (Segunda División del fútbol femenino) cinco meses después de dar a luz y convertirse así en la primera futbolista en volver a jugar tras ser madre en España. “Estoy muy agradecida con el club porque me apoyó y me guardó la ficha. Pero en España, ningún equipo está preparado aún y somos las mujeres las que tenemos que sacar las castañas del fuego”, explica la jugadora del Club Atlético Osasuna. Pero su caso continúa siendo una excepción en el deporte femenino.

Ante la desprotección laboral de las futbolistas en caso de embarazo, Irisarri ha optado por trabajar externamente durante el embarazo con la especialista Lidón Soriano, doctora en Educación Física. Soriano es defensora de subvertir las desigualdades de género y aboga por adaptar cada deporte a las características de la mujer. Ella ha sido la que ha ayudado en todo momento a Irisarri para estar preparada y volver a competir. En todo el proceso no ha tenido ningún tipo de subvención ni apoyo institucional ni llamada de ningún partido político.

Nada. Pese al olvido institucional e invisibilización de su experiencia en los medios, la futbolista de Osasuna quiere “darle naturalidad a la maternidad y no ser centro de atención mediática para no convertirlo en la salsa rosa en el deporte”. Atesora espíritu amateur y amor a la tarea y persiste ante la adversidad, pero no puede evitar soñar con la profesionalización del fútbol femenino. A sus 32 años, Irisarri es maestra en excedencia y una de las mujeres precarias del fútbol. Desde los 18 años encadena titulaciones y empleos en su vida laboral como monitora de natación y de gimnasio, socorrista, entrenadora de fútbol y otros trabajos relacionados con el deporte. No le gusta el exhibicionismo en medios de comunicación pero no rehuye el compromiso para lograr que su ejemplo sirva para demostrar que el deporte y la maternidad no están reñidos.

“Parece que la carrera de la mujer deportista tiene que acabarse en el momento en el que sea madre, y eso no es así. Quiero demostrar que puedes ser madre y a la vez seguir siendo futbolista. Y el convenio es uno de los puntos que trata y hace falta plasmarlo ya en un papel para que sea real”, afirma sin ocultar entusiasmo como pionera y ejemplo para el resto de compañeras en una entrevista publicada por Noticias de Navarra.

Precariedad para unas, nicho de mercado para otros

El convenio colectivo incluye el protocolo a seguir en caso de embarazo para que la jugadora esté tranquila y sepa que está en buenas manos para volver al equipo con una adaptación de las condiciones. Las jugadoras hicieron huelga en noviembre por un convenio colectivo digno para todas en el fútbol femenino en España. El respaldo a la convocatoria fue total, paralizaron el fútbol y todos los partidos en Primera fueron suspendidos, solo una futbolista, la defensa Maddi Torre de la Real Sociedad, no secundó la huelga. La presión colectiva parecía que había generado el efecto deseado. Sin embargo, después de alcanzar un preacuerdo y anunciarse el “histórico acuerdo”, la firma del convenio colectivo, programada para el 15 de enero y pospuesta para el 20 del mismo mes, no llega a concretarse después de casi 500 días de la primera reunión negociadora con los sindicatos.

El fútbol femenino empieza a ser visto por las grandes empresas como un nicho de mercado virgen para hacer negocio. El diario Marca publicó que el fútbol femenino entraba en otra dimensión con la compra del Real Madrid del Tacón. Mientras, la mayoría de jugadoras no salen de la precarización en sus vidas y no tienen derechos garantizados. Las peticiones mínimas de las futbolistas en España siguen pendientes de materializarse en derechos. Las jugadoras exigen un salario mínimo de 16.000 euros a tiempo completo y 12.000 euros a tiempo parcial, vacaciones pagadas, prestación y baja por lesión y protocolo de embarazo.

Los dirigentes hacen caso omiso y se lucran con el fútbol de una forma escandalosa. Los ingresos de Javier Tebas, presidente de la Liga, han crecido por cuatro desde que es presidente y gana 1,5 millones de euros (95 veces más que el salario mínimo que piden las futbolistas). El sueldo de Luis Rubiales, presidente de la RFEF, ha crecido un 19% en solo un año y cobra 400.000 euros (25 veces más que el salario mínimo que exigen ellas).

Los patrocinadores no quieren madres

Una de las demandas de las futbolistas es el protocolo de embarazo y conciliación para que las futbolistas puedan ser madres. En Estados Unidos, la atleta Allyson Felix fue madre hace un año y medio. Tuvo una cesárea de emergencia y estuvo a punto de perder a su bebé. Denunció a la multinacional Nike por no darle protección durante el embarazo y ganó la batalla contra la discriminación por ser madres. La compañía transnacional tuvo que dar su brazo a torcer y anunció que no rescindirá ni aplicará reducciones económicas en los contratos durante el embarazo y el primer año de maternidad. En el caso de Serena Williams tras su embarazo en el que casi muere al dar a luz, la WTA decidió cambiar las reglas para las madres y desde el año pasado las tenistas que tengan un hijo volverán a competir con su ranking previo al embarazo en 12 torneos durante los siguientes 3 años tras el parto.

En España, Blanca Manchón, campeona mundial de Windsurf, perdió todos los patrocinadores por quedarse embarazada y señaló la invisibilización de los medios de comunicación del establishment al deporte femenino: “Se habla más de si un hombre futbolista se saca un moco que si una deportista gana un campeonato del mundo”. Lejos de la realidad precaria de Maider Irisarri sin profesionalizar, vive Alex Morgan, campeona del mundo y futbolista con más ingresos en 2019 con un salario de 408.000 euros. La delantera estadounidense quiso mostrar sus entrenamientos personalizados durante el embarazo. Aunque tenga garantías y sueldo cuantioso, también vivió la desigualdad de primera mano. Por ello denunció a la Federación de Estados Unidos por discriminación salarial (cobraban un 60% menos que los hombres) y el Senado tuvo que aprobar Ley de igualdad en el fútbol para que cobraran lo mismo.

Garantizar la protección a las futbolistas pasa por aprobar el convenio colectivo cuanto antes. Ainhoa Tirapu, portera del Athletic de Bilbao, explicó como portavoz de las jugadoras que podrían organizar otra huelga si no se llega pronto a un acuerdo: “En este tiempo, nosotras vamos perdiendo derechos laborales. Día que pasa, día que no se ha cotizado en la jornada correspondiente. Nosotras vamos perdiendo cosas por el camino. Nos sentimos ninguneadas y no descartamos nada”. Irisarri, maestra y jugadora, piensa lo mismo y considera que la manera más efectiva de cambiar la sociedad machista es con más educación y más igualdad en el deporte.