Está bien ser feminista pero mejor si eres ecofeminista

Como explica Alicia Puleo, principal desarrolladora del movimiento ecofeminista, la división de los roles genera guerreros, explotación y dominación 

El ecofeminismo no es otro neologismo, sino que es una forma más íntegra de enfrentarse al mundo. Vivir de forma ecofeminista significa buscar una alimentación respetuosa con el medio ambiente pero, sobre todo, significa aprovechar el poder que la lucha feminista y la ecologista tienen, cada una por su lado, para crear algo mucho más grande.

En este sentido, la filósofa feminista española Alicia Puleo explicaba que el ecofeminismo es un movimiento que busca una sociedad sin dominación, ni de sexo, ni de clase, opción sexual, raza o especieLa mujer ha sido vinculada con la naturaleza y, al mismo tiempo, la naturaleza ha sido feminizada. Esta vinculación ha sido una de las razones por las que, desde los años 70, las preocupaciones feministas se han unido a las ecologistas, dando lugar al movimiento ecofeminista.

Mientras en el año 1974 las mujeres en Francia estaban luchando por el derecho a la pastilla anticonceptiva, el movimiento ecologista se preocupaba por el exceso de población en el planeta. Estas dos vertientes vieron, entonces, que tenían algo en común. Un mismo interés. Si las mujeres podían tener decisión sobre sus cuerpos, quizás dejarían de tener entre cinco y diez hijos. En este momento la naturaleza se convierte en un tema central para el ecologismo y el feminismo. Así que, ¿por qué deberían caminar por separado si ambos tienen la misma preocupación?

Ecofeminista se es todo el rato

Precisamente porque el ecofeminismo pretende ser una manera más integral de cambiar el mundo en el que vivimos, mujeres como Eva Vilaseca han decidido que no se puede ser ecofeminista a ratos. Es por ello que decidió montar el Supermercado Cooperativo y Participativo BCN y Food Coop BCN, un proyecto de agricultura de proximidad que acerca a la ciudad los productos del campo. 

"Nos interesa que no solo la gente con recursos tenga acceso a una serie de beneficios ambientales. Por ello el Supermercado Cooperativo nace con la intención de hacer más accesible a todo el mundo el consumo de alimentos ecológicos. Porque, además, en Barcelona, para consumir alimentación ecológica tienes que tener dinero y tiempo. Dinero porque los precios son altos y tiempo porque se necesita un nivel de implicación y activismo también alto. Esto restringe quiénes son esos consumidores, pues solo cierto público puede tener este beneficio", explica Vilaseca.

Quienes están dentro del movimiento luchan por pasar de ser víctimas a agentes del cambio. Por ello Eva Vilaseca no es la única que se ha sumado a tener una vida y una rutina ecofeminista. Dina Garzón, coordinadora de la Red Ecofeminisa también usa este movimiento como una forma de moverse por el mundo: "Desde hace años que soy vegetariana, me uno cada vez que puedo al pensamiento más joven que se dirige hacia una lucha feminista más activa, me muevo de forma responsable, generando la menor huella de carbono posible, compro todo lo ecológico e intento trabajar de forma particular y colectiva para frenar la emergencia climática", cuenta Garzón. 

El Supermercado Cooperativo aún no está abierto, ya que necesita que muchxs más socixs se unan al proyecto. "Queremos que más gente pueda acceder a este tipo de productos y a la vez mejorar o poner en el centro a los productores locales. La fórmula para conseguir esto tiene dos vías: por un lado la escalabilidad, al comprar a mayoristas locales es más sencillo bajar los precios y por otro es lo comunitario, el voluntariado. Esto último es porque el proyecto funciona de manera que, si dedicas tres horas al mes a trabajar en el supermercado, puedes consumir los productos. Esto genera de forma automática implicación", resume Vilaseca. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

#ecofeministas 📷: @marianruizphoto

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Otro de los elementos esenciales del proyecto es que lxs socixs escogerán qué productos estarán en el supermercado, esto es importante porque actualmente quienes se encargan de lo que comemos, de lo que se presenta en los supermercados, son siempre grandes empresas. Esto devuelve la justicia ambiental a todas las personas y no solo a un grupo. Ahora bien, Vilaseca explica que existen muchas maneras de consumir ecológicamente:

1. A través de grupos de consumo ecológico que se pueden encontrar en casi todos los barrios y que se encargan de hacer demandas directas a productores locales.

2. Consumiendo siempre productos de proximidad y de temporada, algo que es igual o más importante que consumir productos ecológicos en sí.

3. Preocupándose por saber de dónde vienen los productos. Puedes ir a mercados municipales, siendo consciente que debes conectarte con la tierra y con los ciclos que tiene la tierra próxima.

4. Otra forma de consumir ecológicamente es pensando en la cocina, hay que tomarse un tiempo para cocinar. Esto hará que los productores locales puedan trabajar dignamente y esto se convierta en algo sostenible.

Más allá de nuestras fronteras

"El deterioro del medio ambiente, los riesgos derivados del cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos y las amenazas y persecuciones a los defensores de la tierra, hicieron que en los primeros seis meses de 2019 siete millones de personas tuvieran que desplazarse por no poder asegurar la vida en sus lugares de origen y, de no producirse un cambio, el número de desplazados podría alcanzar los 140 millones para 2050. En principio, eran los hombres los que emigraban (para ir en busca del sustento para el resto de la familia) pero en los últimos años las migraciones femeninas, dentro y fuera de sus países, han aumentado en un 15%", así lo explica Jaime Absalón, socio local de Manos Unidas en Colombia.

Aunque haya habido un aumento en las migraciones de mujeres, muchas de ellas se quedan en sus comunidades esperando el regreso de los hombres. De esta manera se ven con la carga de la soledad y la obligación de defender sus tierras y cuidar de la familia. Al ser todas las figuras masculinas de la comunidad las que emigran, las mujeres se ven asumiendo los cuidados y el trabajo desde la infancia. Esto hace que, en el futuro, sus planes de vida se verán truncados por la falta de oportunidades. En definitiva, las mujeres son doblemente vulnerables a la amenaza del deterioro del planeta: por empobrecidas y por mujeres.

Justamente por esto, el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, asociaciones como Manos Unidas quiere llamar la atención sobre las millones de mujeres, invisibles para la mayoría, que cada día sufren y combaten las consecuencias de uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta la humanidad: el deterioro del planeta.

Así feminismo, animalismo y ecologismo son los nombres de lo que podría ser una evolución personal y colectiva, ética y política, que va dejando atrás todo tipo de dilaciones. El futuro es el que está en juego. Está en nuestras manos el mundo que queremos construir. Quizás es momento de inclinarse por un planeta en el que nuestros actos estén guiados por la actitud ética de respeto y compasión por los otros seres vivos con los que convivimos. Libertad, igualdad y sostenibilidad.