Por qué defender el pelo en los pezones debería ser obligatorio para considerarse feminista

Campañas como #Januhairy promueven llevar con naturalidad el pelo de los sobacos y las piernas: ¿por qué no hacen lo mismo con el vello de los pezones?

La exigencia constante de estar sin ni un pelo solo afecta a mujeres. Ponte cera, usa la dolorosa maquinilla, quítate todos los pelos: que no quede ni uno. Todo para estar perfectas según los cánones de belleza. Sí, muchos hombres se depilan, pero su vello está normalizado. No se les exige que, para ser atractivos, estén pulcramente afeitados. Por cosas así, para combatir esta injusticia patriarcal que impide a las mujeres abrazar su pelo con naturalidad, nacen campañas como el #Januhairy, que anima a todas las mujeres a romper el tabú del pelo y enseñar su cuerpo peludo. Porque es algo natural, y la depilación debería ser una decisión y no una obligación.

 

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Pero echando una mirada rápida a las fotos que acompañan el hashtag, son todas iguales: mujeres enseñando sus piernas o sus sobacos sin depilar. ¿Acaso no hay otras zonas peludas en el cuerpo, como los pezones? Es lo que se preguntaba la columnista Chitra Ramaswamy en el prestigioso diario británico The Guardian. La autora cree que todavía hay mucha misoginia y que es importante reivindicar la peludez del cuerpo femenino ya que una famosa sin depilar sigue abriendo portadas —como pasó con Amaia, ganadora de OT 2017—. Sin embargo, hablar de sobacos y piernas peludas lo considera algo naíf y cree que se debe evolucionar el discurso.

"La imagen del sobaco peludo la estamos viendo desde los 90 con Julia Roberts", opina. "No es fácil reclamar los sobacos peludos, pero es todavía más difícil empezar una campaña a favor de no depilar el bigote, las patillas o —no lo digas en voz alta— el pezón. Es obvio que no todo el vello corporal se considera igual o, dicho de otra forma, no todo el vello se considera igual de asqueroso". Ramaswamy tiene razón: ¿por qué muchas campañas reclaman abrazar con naturalidad el cabello de algunas zonas y, en cambio, reniegan del vello del resto? La autora cree que se está normalizando el vello en piernas y sobacos, pero que toca normalizar todo el vello en general y que, así, una mujer con bigote, patillas o pelo en los pezones también pueda abrazar el #Januhairy, aunque sus pelos se consideren masculinos y asquerosos, incluso dentro de los sectores feministas que han promovido esta campaña de liberación de la mujer de los estándares de belleza.

Ramaswamy concluye su artículo con su interpretación sobre el por qué de este rechazo al vello no-normativo: "cuestión de raza. Hay etnias más peludas, y yo iba a un cole de blancos siendo una joven morena y peluda. Tenía mucho auto-odio por mi exceso de cabello corporal. Si me depilaba los brazos, salía cabello grueso y negro. Al final, usaba productos de belleza para tintarme el vello y vi que solo estaba diseñado para mujeres blancas. Al final, la mayoría de productos eran para las necesidades que personas menos peludas y con una piel diferente a la mía. También había discriminación racial en mi vello corporal". 

En resumen, Ramaswamy cree que —dentro de la dificultad de reivindicarse como mujer peluda— es sencillo no depilarse piernas y sobacos. Sin embargo, lo complicado reside en reivindicar zonas más peludas que muchas blancas tienen más lampiñas, ya que este pelo se acaba viendo con —todavía más— asco. Por eso asegura que la depilación y la peludez femeninas no son solo cosa de machismo: también tienen que ver, en cierta medida, con el racismo. Y como el feminismo es interseccional, toca combatir el racismo con la misma furia que el machismo.

Al final, el feminismo busca la igualdad de la mujer, no solo de la mujer blanca, y si se reivindica el vello femenino no solo debería exaltarse aquel que crece en las blancas sino todo el vello, independientemente de su componente étnico. Si no, estás dejando atrás millares de mujeres no-blancas. Y entonces tu campaña, sea #Januhairy o cualquier otra, no será una campaña a favor de la igualdad de todas. Estarás haciéndole el juego al sistema, que no es solo machista sino también racista.