Varias chicas cuentan cómo se dieron el ‘golpe en la cabeza’ y se unieron al feminismo

Salir a cenar con las amigas y volver a casa con miedo a que un hombre te siga, cambiar de acera cuando se acerca un grupo de chicos borrachos que no paran de escanear de arriba a abajo y echar piropos a todas las chicas que pasan por su lado, sentirse ignorada en una reunión de trabajo en la que todos son hombres o aguantar comentarios sobre tu vestimenta en la oficina. A la mayoría de hombres, aunque muchos sean ya conscientes de la problemática, les cuesta imaginarse como víctimas en situaciones como estas.

Pero, ¿cómo sería el mundo al revés? ¿Una mujer acosando a un hombre de noche en plena calle? ¿Un grupo de chicas piropeando a un joven universitario? ¿Una jefa haciendo comentarios sobre lo ajustados que son los pantalones de su secretario? Probablemente, muchos ni se lo pueden imaginar. En cambio, son escenas con las que convive o ha convivido en su día a día cualquier mujer de este planeta. La lista es infinita. Aunque es evidente que el machismo está arraigado en la rutina de las mujeres, muchas achacan las injusticias sufridas a situaciones excepcionales perpetuadas por ciertos individuos indeseables. Es decir, no son todavía conscientes de que se trata de una injusticia global y de que ninguna es una víctima aislada.

A estas mujeres les falta recibir su ‘golpe en la cabeza’, es decir, el momento en que una mujer se da cuenta de que el mundo es injusto para la mitad de la población por el mero hecho de serlo y la escritora feminista Lucía Lijtmaer describió a la perfección en su libro Yo también soy una chica lista (Ed. Planeta, 2017). En definitiva, les falta abrir del todo los ojos y recibir el ‘golpe’ definitivo.

Hablamos con cuatro chicas que rondan entre los 25 años y la treintena. Todas ellas tienen grabadas en la memoria situaciones parecidas y les corroe la rabia. Comparten experiencias que han vivido en la infancia, la adolescencia y en la edad adulta que les han marcado y han ido alimentando sus ganas de cambiar las cosas. Les preguntamos en qué momento se dieron el ‘golpe en la cabeza’ y cómo cambió la manera de percibirse y percibir el mundo que las rodea.


 Sílvia: “No estamos solas”

Aunque ya había vivido situaciones injustas antes, Sílvia se dio un buen ‘golpe en la cabeza’ en marzo del año pasado. A finales de febrero dos jóvenes turistas argentinas fueron asesinadas en Ecuador y muchos medios de comunicación destacaron en los titulares que “viajaban solas”. Los asesinos fueron condenados a 40 años de prisión. A raíz de esto, muchas personas alzaron la voz en las redes sociales para reivindicar que, primero, no estaban solas por el hecho de no ir acompañadas por un hombre y, segundo, reclamar el derecho de las mujeres a viajar sin compañía masculina para estar seguras.

“Desde entonces, no me encontré con ninguna situación similar, pero hace poco fui con una amiga a pasar unos días a Balaguer (Lleida) mientras celebraban la Transsegre –un descenso alocado con barcas decoradas por los mismos participantes por el río Segre–. Allí un hombre se nos acercó y nos pregunto: ¿Habéis venido solas?”, relata. La cabeza de Sílvia enseguida hizo “click”, pero su amiga fue más rápida en contestar y dijo que sí, estaban solas. Sílvia la corrigió al momento: “No, vamos juntas”. “Cuando el hombre se fue, le conté a mi amiga lo de las chicas asesinadas y se dio cuenta. Sintió rabia por haber dicho que estaban solas”, cuenta. “¡Es que podríamos ser cinco tías viajando y nos preguntarían si vamos solas!”, remarca. “Al día siguiente, nos encontramos con el mismo hombre en la calle y nos volvió a preguntar: ¿Vais solas?. Entonces sí, mi amiga reaccionó y al momento dijo: No, vamos juntas”.


Natalia, “la Directora”

Natalia trabaja en el sector audiovisual desde hace una década. Ha dirigido decenas de rodajes y ha trabajado como cámara y montadora en muchísimas ocasiones. Aún así, se encuentra a menudo con situaciones incómodas por el hecho de ser una mujer llevando a cabo roles ‘supuestamente masculinos’ en un ámbito también ‘supuestamente muy moderno y liberal’. En seguida recuerda el momento en que se dio el ‘golpe en la cabeza’: “En un rodaje un cliente me dijo que el actor lo hizo muy bien porque era una mujer la que le había dado las pautas, me supo mal que me felicitara por algo que no tiene nada que ver con el hecho de ser hombre o mujer. Le faltó decir: ‘no está mal para ser mujer la que dirige’”, recuerda. “Pero situaciones así son muy comunes”, sigue y añade: "muchas veces me han preguntado si soy de producción o se han dirigido a mí como la asistente de dirección o de cámara, cuando yo era la máxima responsable”.


Tess, “la Torera”

En el caso de Tess, fue hace cinco años. Su experiencia se produjo en las fiestas de su pueblo donde cada mes de septiembre celebran las capeas. Durante varios días, los hombres salen a la plaza a correr esquivando con más o menos gracia las cornadas de una vaca de tamaño imponente. Siempre había sido así: una cosa de y para hombres. Hasta que llegó Tess, que es la mujer que más veces ha salido a la plaza hasta ahora. “Alguna mujer sí que ha hecho alguna carrera puntual, pero en general no se quedan tanto tiempo como yo en la plaza porque los hombres no les dejan. Te empujan y te dicen cosas para que no tengas sitio para subirte en el tablao si viene la vaca”, relata. “A mí me gritan cosas como ¡te va a pillar la vaca!, ¡esto es para hombres! o ¡te va a entrar miedo y no te van a responder las piernas!”, cuenta Tess, que les responde tajantemente: “Me va a entrar miedo igual que te entra a ti”.

“Además, al ser una mujer la que corre, la gente chilla muchísimo y te entra mucho miedo. Se vuelven histéricos y piensas que te va a pillar la vaca”, añade. Otra dificultad con la que se topó Tess fue la reacción de su familia. “Mi padre se enfadó al principio, aunque sé que en el fondo está orgulloso de que lo haga”, cuenta Tess que, a su manera, ha sabido reivindicar a la mujer en un mundillo en el que la testosterona y la tradición más rancia todavía tienen mucho peso.


Marta, “la Limpiadora”

Marta trata de hacer memoria y llega a los primeros ‘golpes en la cabeza’ que se dio en su infancia. “Cuando mis padres se iban unos días y mi hermano mayor y yo nos quedábamos en casa, mi madre dejaba notas que decían: ‘Marta, cuando pongas la lavadora, recuerda poner el programa frío’ o ‘Marta, si lavas los platos, pon la bayeta a escurrir bien después’, etcétera”. Pero Marta ya entonces tenía un carácter fuerte y reivindicativo y no se dejó vencer. “Después de repetirlo muchas veces y con broncas de por medio, conseguí que mi madre escribiera el nombre de mi hermano al lado del mío en esas notas”, cuenta. “Eso sí, de mi hermano nunca salía la iniciativa de hacer las tareas de casa y siempre le tenía  que recordar lo que tenía que hacer”, lamenta.


Ni Tess, Sílvia, Natalia ni Marta se dan por vencidas. Desde que se dieron su ‘golpe’ particular, las cuatro luchan día a día para revertir el arraigo del machismo. La tarea no es fácil, sobretodo porque muchas chicas todavía no han llegado a ese punto de inflexión. Por eso Tess este año volverá a salir a la plaza digan lo que digan y Sílvia repetirá 1.000 veces o las que haga falta que no viajan solas. Natalia seguirá reivindicando su autoridad en sus rodajes y Marta recordará una vez y otra su indignación por las microdesigualdades vividas en su infancia. Lo harán incansablemente hasta que el mensaje haya calado. Son conscientes de que es una carrera de fondo pero saben que, pese a los obstáculos, algún día llegarán a la meta.