8 formas en las que una mujer está siendo machista sin darse cuenta

La fuerza del machismo no la representa un hombre peludo y sudado gritando que "la hembra tiene que estar en la cocina". Los fundamentos del heteropatriarcado son bastante más sutiles que eso: son valores que te transmiten desde que te chupas el dedo y que tú a veces ni reconoces. Esta estructura social que discrimina a la mujer (y a la diversidad sexual) tiene unas raíces que descansan tranquilas en nuestro subconsciente y en nuestros pensamientos cotidianos. Por eso puede que tú misma tengas momentos misóginos, como cuando sueltas o piensas alguna de estas frases:

1- "La nueva compañera de mi novio me cae bien, pero está demasiado buena. Ojalá no pasen tiempo juntos, se caigan mal o la echen pronto".

2- "Va vestida/maquillada como una zorra. Ya no tiene edad para esos shorts. Y ¿cómo lo hace para no tener celulitis? Qué cabrona".

3- "La han ascendido muy rápido. ¿Cómo lo ha conseguido? Quizás ha tenido algo con el jefe".

4- "Yo siempre me he llevado mejor con los tíos, son más fáciles. Las chicas son complicadas y retorcidas".

5- "Qué poco estético es llevar las axilas sin depilar. A mí que me digan lo que quieran, pero yo a esa tía le regalaba una cuchilla".

6- "Prefiero un jefe a una jefa. Ellas son más cabronas y estrictas".

7- "Si va de que no quiere tener hijos, debe ser porque estará amargada o es una egoísta".

8- "Su marido está forrado, seguro que está con él por la pasta".

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¿Eres machista realmente por pensar algo así? ¡Si solo estás utilizando las expresiones que has venido escuchando durante toda tu vida! Pero ahí está el tema: las mujeres hemos crecido bajo el mismo sistema que los hombres. No nos hemos criado en universos diferentes: hemos visto los mismos programas de televisión, hemos asistido a las mismas clases del colegio y leído los mismos libros. Nuestra cultura lleva el machismo incrustado, dando continuidad a unos valores o unas tradiciones centenarias.

En muchos casos, los cuentos que te han contado no tenían una agenda conspiratoria detrás (en otros, sí responden a los intereses del poder establecido). Pero si nadie se cuestiona las cosas, la idea de la mujer como un objeto sexual e inferior al hombre continúa transmitiéndose de generación en generación por inercia. Es algo que cuesta aceptar, pero que habría que empezar a decir alto y claro: "Mi educación y la de mis padres ha sido machista. La publicidad y los medios de comunicación todavía lo son. No tengo la culpa de eso, pero sí es mi responsabilidad ser consciente y empezar a cambiar lo que puedo: mis propios prejuicios y los de las personas a las que influyo".

Basta de piedras en tu propio tejado

Una de las ideas que la sociedad ha propagado es que las mujeres, por defecto, somos enemigas entre nosotras. Nos han enseñado a vernos entre nosotras como rivales y a compararnos constantemente. Muchas nos sentimos amenazadas con mucha más facilidad que los hombres, pero cada vez que pronunciamos alguna de estas frases (y muchas otras) estamos perdiendo la batalla de la igualdad y tirándonos piedras en nuestro propio tejado.

Por eso, si queremos que progrese el feminismo (que no busca más que la igualdad de derechos entre hombres y mujeres) es necesaria la sororidad, algo que la antropóloga mexicana Marcela Lagarde describe como: "la búsqueda de relaciones positivas [entre mujeres] (…) para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer". Empecemos a vernos más como cómplices que como enemigas.

La lucha feminista pide que eliminemos la envidia y la rivalidad injustificadas, y eso pasa por cambiar nuestro lenguaje, incluso el que no decimos pero pensamos. Cuando te pilles a ti misma pensando con la voz del machismo, no se trata de machacarte. Al descartar ese pensamiento mezquino o absurdo, puedes sonreír para tus adentros porque tú, al menos, te das cuenta del problema. Cuando una mujer vive su cuerpo y su sexualidad exactamente como le da la gana, no debería molestarnos. Cuando una mujer consigue sus objetivos, deberíamos sentirnos inspiradas por su logro. En cierta medida, son victorias compartidas.