Vuelve 'Crepúsculo' y ya es hora de reconocer que nos encantaba

En su día fue de las entregas más taquilleras pero nos daba muchísima vergüenza reconocer que éramos parte de ese club de fans. Por suerte, la cultura de los 2000 está recibiendo una más que merecida revalorización

Era verano de 2008 y Stephenie Meyer acababa de publicar Amanecer, la última parte de su saga de vampiros, Crepúsculo. Yo era un adolescente de 14 años que se había tragado todas sus novelas y no quería ni un spoiler de ese desenlace que llevaba tiempo esperando. Así que, como si fuera un concierto de mi cantante favorita, fui el día del estreno a esperar, antes de que abriesen las puertas de la FNAC, para hacerme con uno de los primeros volúmenes. Éramos tantos que la cola se alargaba hasta el parking.

Fui acompañado por mi mejor amiga del momento, un poco a escondidas, porque no estaba del todo bien visto que nos gustasen ese tipo de libros, literatura barata para niñas adolescentes. Me vienen estos recuerdos a la mente mientras veo que Meyer es trending topic en Twitter, con mensajes celebrando la publicación de un nuevo libro de la saga, Midnight Sun, que contará la historia desde el punto de vista de Edward, el vampiro protagonista. Ahora resulta que todos somos fans pero que nos dio vergüenza reconocerlo en su día.

“Con Midnight Sun, la saga Crepúsculo regresa en el mejor momento posible”, asegura la escritora millennial Kiran Millwood Hargrave en The Guardian. Lo dice porque nos encontramos en medio del renacer de la saga, que empezó en 2018, el décimo aniversario de su final y del estreno de la película, cuando los fans, que en su día éramos adolescentes avergonzados, empezamos a admitir que la saga nos encantaba. No en vano fue un fenómeno de masas, y si tanto se vendió es porque consumíamos el producto, aunque nos negáramos a aceptarlo.

BuzzFeed News bautizó ese renacer como “el Renacimiento de Crepúsculo”, que se caracteriza, sobre todo, por la gran cantidad de memes sobre los libros y la película, que en su día no existieron. “Solo estamos tratando de divertirnos, porque estábamos demasiado avergonzados para hacerlo la primera vez”, asegura una reportera del medio. Incluso en España, Soy Una Pringada ha publicado diversos vídeos alabando la saga como una joya kitsch y cutre digna de ser considerada cine de culto dosmilero.

Este fenómeno de recuperar Crepúsculo se ha dado mundialmente en el marco de otro más grande: revalorar la cultura de los 2000. Solía ser vista, en comparación con los 80 y 90, cutre y banal. Pero, como explica la periodista cultural Kathleen Newman-Bremang, han pasado más de 10 años y, con perspectiva, vemos que “fue uno de los momentos más icónicos en cuanto a cultura pop, televisiva, de celebrities y fenómenos fan”. Por eso, en este contexto, las sagas Shrek o Scary Movie están viviendo un proceso de recuperación similar al de Crepúsculo, sagas que marcaron una generación y que, como estamos volviéndolas a ver, no dejan de dar memes nuevos.

La diferencia entre Scary Movie y Shrek con Crepúsculo es que, a pesar de que la cultura de los 2000 nunca fue demasiado bien considerada, las primeras sí que fueron valoradas en su día. Sin embargo, Crepúsculo era considerada un truño que debía ser ocultado. Le ha pasado lo mismo que a 50 sombras de Grey (libro que, por cierto, empezó siendo un fanfiction de Crepúsculo): como era “literatura de mujeres”, fue considerado, automáticamente, basura. O lo que pasó con Justin Bieber, que fue más criticado por “parecer gay” y apelar a niñas con su música, que por la misoginia que ha demostrado en los últimos años.

Millwood lo explica en The Guardian: “es la historia de siempre, existe la buena literatura y la literatura para niñas”. Lo que pasó en su día con Mujercitas, por ejemplo, o con prácticamente cualquier autor que se dirija a un público femenino y joven. “Me he vuelto a releer los libros de adulta y he visto que eran muy eróticos y enganchaban mucho”. Reconoce que no son alta literatura, por supuesto, “pero no son esa basura que se decía que eran solo porque se dirigían a las niñas”. 

De hecho, otra de las conclusiones a las que llegamos como adultos es la toxicidad de las relaciones que se dibujan, la dependencia de las mujeres a sus parejas y los roles heteropatriarcales. Pero todo esto nunca fue objeto de crítica. Si yo sentía vergüenza cuando los leía es porque eran libros para mujeres, no porque fueran tóxicos.

Fue lo mismo que vivieron muchas amigas mías cuando se compraron 50 sombras de Grey, literatura barata que ocultaban porque era sinónimo de burla, mientras que los libros de Dan Brown, igual de mainstream y prefabricados, no estaban mal vistos. Seguramente, porque no eran “libros femeninos” y, por lo tanto, eran neutros y, aunque de poca calidad, “dignos”. Qué bien que haya vuelto Crepúsculo sin tantos estigmas: ahora por fin podremos decir sin vergüenza que era un bodrio adolescente muy kitsch y trash pero que engancha muchísimo, fue nuestro Élite. Y con orgullo.

CN