El vértigo de un beso a través de 6 fotografías distintas

Besarse con ternura, con la mirada, con la lengua o con el sexo. Hacerlo suave o hacerlo salvaje. Besarse a plazos, a ratitos, besarse para siempre. Besos en los que los labios se juntan y uno no siente nada y besos en los que mil mariposas revolotean en los estómagos de los que creen haber encontrado a su labio gemelo. Besos cálidos que salvan corazones congelados, besos tirita, besos vacíos, besos bizarros y besos húmedos. Hay mil millones de tipos de besos porque ninguno es igual que otro que hayamos dado antes, ni cualquier otro que podamos dar después. Todos ellos diferentes y únicos, besos increíbles al fin y al cabo.

RJ Shaughnessy

La infancia es algo así como levantarse la falda para enseñar las bragas. Experimentar jugando a médicos y hacer que Barbie y Ken se morreen con fuerza y a escondidas bajo el edredón de nuestra cama. Es también besarse cuando nadie nos mira, en el baño, en un cuarto oscuro, con nuestra mano llena de saliva inocente, sin saber cómo se hace. La infancia es todo lo que no quiere que se pierda RJ Shaughnessy. Fotografías divertidas, espontáneas, dulces y a ratos incómodas. Como la sensación de saber que nos hacemos viejos todo el tiempo.


Nan Goldin

Los besos que remueven por dentro son los besos que de alguna forma dejan su huella. La misma que dejó la crudeza de los años 80 y que quedó marcada en toda esa urgencia de querer vivirlo todo. Nan Goldin es justo eso, sexo y tristeza, enfermedad, vacío y culpa. El lado triste de cientos de fotografías infectadas de pubertad y VIH que cuentan la historia de los años 80.


Joey Lugo

También la cotidianidad puede estar cargada de poesía. Como dos personas que se encuentran y descubren que no hay otros abrazo en el que podrían estar mejor. Como esos días de calor largos y tardes de sol y helados interminables, como las promesas de quererse siempre y los últimos días de agosto ahogando los amores de verano. Joey Lugo acerca la magia de la misma forma que dos enamorados se prometen esa forma de quererse que parece que será para siempre.


Gary Winogrand

"Lo único realmente difícil es cambiar de carrete cuando las cosas están sucediendo", afirmaba Gary Winogrand. Como cuando todo el mundo te obliga a mirar algo que no quieres porque sabes que lo verdadero, lo real, está en el otro lado. Gary se dedicó a capturar momentos furtivos a través de encuadres donde se muestra ese tipo de fotografía que no encuentra todo el mundo. Como los besos robados que no te los esperas y de repente, ¿de quién son estos labios?


Larry Clark

La fotografía de Larry Clark son hormonas reproduciéndose en nuestro cuerpo virgen y adolescente. Como besarse, enamorarse, desenamorarse en una misma noche y luego arrepentirse y no arrepentirse al día siguiente. Su exposición es intimista, cruda y perturbadora. Besos que alguna vez nos dimos con desconocidos llenos de fluidos adolescentes y ganas de arrancarse la vida, el dolor, y el cuerpo.


Theo Gosselin

Hay que ser más libres, y más valientes, y más descarados. Hay que besarse en el coche, en los bares, en los antros de mala muerte que huelen a alcohol y a sexo húmedo. Hay que rociarse de Jack Daniels, equivocarse y volver a enderezarse. “Life, love, friendship and open roads”, así es como defiende su trabajo Theo Gosselin. Desde lo tierno hasta lo salvaje, sus fotografías son una oda a las ganas de vivir y ver mundo, a recorrer labios y devorar pasiones. A no despertarse, porque la vida, al igual que un buen beso, se disfruta más con los ojos cerrados.