Toteking: "No me imagino nada peor que morir en la UCI sin poder despedirte"

El mítico rapero de mi adolescencia ya ha empezado a preguntarse qué será de él en los próximos años, pero su primer libro demuestra que seguirá guiándonos durante muchos tiempo

Nació en Sevilla hace 41 años y lo llamaron Manuel. Pronto fue Manolote, más tarde Tote y cuando cogió un micro para rapear, Toteking. Cuando comienzo a leer su libro, me llama muchísimo la atención la introducción, que lleva por título Odio. El artista empieza enumerando todas las cosas que detesta y, entre ellas: "Vivo en un búnker que María y yo construimos, y lo único que quiero es atrincherarme dentro con todo lo necesario para sobrevivir sin rozarme con la gente. Porque odio a la gente, a casi toda". Le pregunto si sigue pensando así, en plena cuarentena por el coronavirus, nada más comenzamos a hablar. Él se ríe.

Toteking me acompañó durante largas rachas en mi adolescencia, cuando empecé a vestirme con ropa ancha porque me sentía más cerca de ese toque que entendía como "masculino", mucho antes de empezar a indagar en mi feminidad. Sus letras funcionaron para mí, como para tantxs otrxs, como refugio, como hogar. Había una melodía y un relato con el que, por fin, parecía que nos entendíamos. Todavía guardo su último disco y hoy, más de diez años después de aquella adolescencia, no solo sigo escuchándolo, sino que por fin tengo la oportunidad de hablar con él sobre su primer libro Búnker, memorias de encierro, rimas y tiburones blancos editado y publicado por Blackie Books este mes.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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"Es la broma habitual de mis amigos, de mi familia o de la gente que me conoce. Dicen que para mí este confinamiento no significa nada porque, realmente, lo que echo de menos es ir los domingos a ver a mi familia, alguna salida al cine con mi novia e ir al gimnasio que, realmente lo estoy haciendo en el patio de mi casa. Soy una persona que no necesita excesivo contacto. Tengo pocos amigos y estoy muy a gusto con mi música, mis libros en casa, mi cine y las cuatro relaciones que tengo con amigos y familiares", responde por teléfono, cuando ya llevamos diez días de un confinamiento soporífero por culpa del coronavirus. Estaremos hablando durante más de una hora.

Esa introducción termina con una frase lapidaria: "odio que el imbécil de tu padre siga vivo y el mío no". La muerte de su padre le dio tal sacudida a Tote que lo impulsó a crear uno de sus mejores álbumes, Lebron, publicado en 2018 y, ahora en 2020, su libro: "creo que jamás lo hubiera escrito si no hubiera vivido el odio que tenía hacia todo el mundo cuando de repente vi que me faltaba él. El hecho de poder haber sido capaz de escribir esto ha sido sanador, ha sido un proceso de curación", explica.

No estamos educados para recibir a la muerte y, dada la situación actual, muchas personas se están encontrando de repente con la pérdida de sus familiares. Hablamos de esto con Toteking porque entiendo que, quizás, la experiencia de perder a su padre pueda servir de inspiración para quienes lo admiran: "lo que está viviendo la gente en relación a la pérdida y a la muerte ahora mismo es más duro. Yo tuve la oportunidad de despedirme de mi padre y ahora hay gente que tiene familiares muriéndose en la UCI y no pueden ni acercarse. No me imagino un escenario peor. Hay personas que están muriendo en soledad. El trauma que eso crea a los familiares que no pueden despedirse debe ser terrible".

Descubriéndolo

Empezó a gustarme el rap cuando tenía unos 12 o 13 años y, a partir de aquel momento, cuando escuchaba a Toteking en mi discman, nunca ha dejado de gustarme. Más tarde, cuando me mudé a Sevilla a los 19, Toteking, pasó a ser una figura aún más importante. Caminaba y me sentía parte de unas calles que también lo habían construido a él en su momento. 

"He robado en las tiendas, me han robado en la calle
he perdido muchas riendas y he cuidado muchos detalles
he conocido muchos sitios y muchas cosas he probado
pero como se está en Sevilla se no se está en ningún lado".

Así dice parte de la letra del tema Como en casa. Estas experiencias podrían aparecer también en el libro. Es más, hay un recorrido marcado por las calles de Sevilla que él va relatando al principio, mientras viaja por sus recuerdos: "es verdad que me gustan muchísimas cosas de mi ciudad, en el libro hablo de un paseo que llevo haciendo cerca de 30 años, una ruta que me encanta y que nunca varío, que va hacia el centro. Pero realmente la tierra para mí es la familia, mi amigo David, mi novia, mis cuatro amigos de la música y cuatro calles de mi ciudad. El lugar de uno mismo es donde están las cosas que te hacen feliz, estés donde estés o seas de donde seas", me cuenta.

A medida que avanzo en la lectura parece que voy conociéndolo más y no quiero hacer otra cosa que descubrir qué hay más allá de aquel rapero que sentía que, en la distancia, me comprendía. Descubro a una persona humilde, honesta, increíblemente transparente, un lector empedernido, un amante del cine, una persona que valora lo que tiene y lo que le han dado, un enamorado del boxeo y el baloncesto... Un ser con una sinceridad brutal que no tiene miedo de decir cómo piensa ni lo que siente.

"Voy a predicar con tu ejemplo
qué fácil es escribir cuando no estoy mintiendo"

Parte de Colega, del álbum Lebron (2018)

Es esta vulnerabilidad que creo que tienen todos los autores cuando hablan de su vida y de su intimidad la que me transmite, también, a través del teléfono. Cuando hablamos de ello me cuenta que "esa transparencia ocurrió de manera intuitiva" y detalla: "Cuando estaba haciendo el libro notaba que estaba forzando la máquina en capítulos que estaban intentando quedar bien con ciertas personas o con ciertos momentos. Pese a lo que la gente pueda pensar, después de 23 o 24 años de gira con más de 800 conciertos, diría que me acuerdo de tres. Es la realidad. Sin embargo me acuerdo perfectamente de las charlas con mi padre. Yo quería que el libro fuera de verdad. Y si para que fuera de verdad tenía que contar cosas íntimas o tenía que mostrarme vulnerable, no me importa pagar ese precio, porque la otra opción era mentir y eso sí que no".

El caos versus la calma

"Hay algo que siempre me gusta remarcar: en mis canciones suelo ser muy crítico, muy ácido, le doy caña a muchas cosas... Es algo que me dicen, que tengo muchos temas sobre cosas que odio pero la verdad es que en mi día a día siempre estoy de buen humor, soy divertido, no tengo ese odio dentro", me cuenta. En su libro habla de la dificultad que tiene para tomar de decisiones, habla de su T.O.C. (Trastorno Obsesivo Compulsivo) el cual cree que empezó a expresarse cuando tenía catorce años. Habla del insomnio causado por las ideas en bucle en su cabeza y me explica que su trastorno "ha sido la de obsesivo puro, la de rumiador" y que en 2007 se dio cuenta de que se le estaba disparando así que empezó con la medicación y con ello lo lleva muy bien. Esto también se ve en su música.

"Pensar en dejarlo, buscarme algo
donde nada esté a mi cargo y mi mente a salvo (...)

Y esta claro que sí sé con certeza
que la peor de todas mis compañías siempre ha sido mi cabeza
la hija puta me da letras que me han pagado un palacio
y sin embargo siento que dentro el tiempo mata despacio"

Parte de la letra de Bartleby & Co. del álbum Lebron (2018)

El recorrido del libro te lleva desde el caos a la calma, una maleta llena de recuerdos. Noto, de hecho, que la constancia de haber sido un gran lector le permite ser tan buen escritor más allá de las rimas de sus canciones: "El 80% del orden y de cómo está hilado el libro se lo debo a los geniales editores que he tenido. Los recuerdos venían a mi cabeza de forma natural y cuando me sentaba a escribir no estaba preocupado por si eso encajaba cronológicamente con lo que había escrito el día anterior. Ellos quitaron textos. Esa fue una parte dura pero ahora que lo veo creo que es perfecto. El libro tenía como 200 páginas más, y el hecho de quitarlas consiguió que el texto tenga el sentido que tiene", cuenta.

Esa calma que nombraba, ese cierre de herida, esa curación, se observa cerca del final del libro: "Aparto la vista del ordenador y echo un vistazo a la casa. Miro mis dedos deformados por el bolígrafo, el anillo gastado, las pecas que empiezan a invadir el dorso de mi mano y me pregunto qué será de mí dentro de unos años. No quiero envejecer odiando (...) Ya apenas odio nada, he cambiado, solo detesto las normas del tiempo que conocemos: la maldita teoría que rige el paso lineal de los años y que por ende decide que mi padre no esté hoy aquí conmigo"