La tercera temporada de La Casa de Papel: nada nuevo, pero igual de adictiva

La nueva temporada peca de falta de originalidad, pero han sabido subsanar los errores de las primeras temporadas

La Casa de Papel se estrenó en 2017 como una serie muy diferente a lo que Atresmedia, productora inicial, tenía acostumbrado el público. Era una trama de acción muy épica: un atraco a la fábrica donde se producen los billetes y un plan diseñado al milímetro. Una serie muy inusual en España, que estamos acostumbrados a los dramas de época.

Tenía un planteamiento muy diferente, pero eso no evitó que empezase con algunos problemas típicos de las series españolas (inicios muy lentos y tramas algo pesadas que intentan profundizar en la psicología de los personajes y no siempre con buen resultado). Pero rápidamente cogió fuelle, y se aprovechó de giros y ganchos argumentales para provocar adicción en todos los que decidían verla.

Era una serie que cumplía las expectativas de una buena película de acción de Hollywood: personajes con secretos, toques de humor, plot twists y momentos de mucha tensión que te enganchan al sofá mordiéndote las uñas. No es de extrañar que se haya convertido en la serie de habla no inglesa más vista en la historia de Netflix y que ganase un Premio Emmy Internacional, siendo la primera serie española de la historia en lograrlo.

La historia parecía que había concluido, pero no. Volvió con una tercera entrega. En esta nueva temporada, el grupo se reúne tras la detención de Rio para ayudarle, por sentimiento de camarería, y deciden atracar el Banco de España, un plan que había diseñado Berlín (que murió a finales de la segunda y que vuelve con flashbacks) y Palermo (un nuevo miembro de la banda y organizador de este plan).

Muchos se preguntan si hacía falta esta nueva entrega. Al fin y al cabo, la gran mayoría coincidirán, la tercera temporada tiene un regusto a antiguo y no sabe a nada nuevo. Reproduce el mismo patrón: un gran robo, un plan maestro, la mente privilegiada del profesor, una persecución a contrarreloj, tensión, disparos y empatía hacia unos protagonistas moralmente reprochables. Es, literalmente, la misma fórmula de las anteriores temporadas.

Se nota que son conscientes de muchos errores del pasado (la lentitud inicial, por ejemplo) y los han remediado. Para evitar lentitud han empezado a lo grande, con un asalto que suena hasta precipitado —pero que se justifica en la trama, ya que el propio Profesor así lo anuncia—. Además, para no empezar con una trama pesada sin acción han imitado el formato de flashbacks de las anteriores temporadas, pero aquí se viaja a la creación del plan y a la formación de los ladrones, lo cual a veces puede resultar en un follón temporal.

Sin embargo, también son conscientes de sus puntos fuertes. Saben qué funciona y cómo lograron convertirse en un éxito de Netflix. Cada capítulo acaba con un cliffhanger, la tensión empieza justo desde el minuto uno y, además, la trama de este segundo asalto no parece forzada, sino que queda muy natural. No da la sensación que los productores intenten estirar el chicle, como sí que sucedió en otras series de acción, thriller y tensión, como Homeland o Death Note, que tras las tramas iniciales se alargaron demasiado resintiéndose en la calidad.  

Los nuevos personajes dejan sensaciones encontradas. Palermo es interesante y da juego, pero tiene esa actitud que recuerda a la de Berlín. No innova demasiado, es una reedición de su rol. Sin embargo, la incorporación de Najwa Nimri en el papel de Alicia Sierra es un soplo de aire fresco. Hace de inspectora (el equivalente a Raquel en las primeras temporadas) y es una villana perfecta: cínica, astuta e interpretada magistralmente por alguien que ha entendido su moral gris. Un acierto.

En definitiva, es innegable que los nuevos capítulos te darán dèja vú. Los paralelismos con la primera temporada son muchísimos. No obstante, como se suele decir, si funciona, ¿para qué cambiarlo? La nueva entrega te va a entretener, te va a enganchar al sofá y te la vas a tragar entera. Y sin que la calidad se vea resentida en exceso. No hace falta mucha originalidad para petarlo si la historia que tienes es potente. Eso sí, el final no resuelve la nueva trama, así que nos quedamos a la espera de una cuarta entrega que esperamos que siga manteniendo su consistencia.