‘Soul’ te enseña el camino infalible para ser feliz

La última película de Pixar habla del alma, de los propósitos de la vida y de no olvidar que lo importante es sentir y disfrutar

Al principio se nos plantea una cuestión rápida y clara, ¿qué es más importante, seguir nuestras pasiones y sueños personales o aceptar un trabajo que nos puede pagar la vida que deseamos tener? Acompañamos al protagonista de la nueva y última película de Pixar, un profesor de música que es un apasionado del jazz y que, antes que desear ser profesor, su sueño es tocar el piano. Pero no tocarlo a modo de hobbie, sino más bien poder dedicarse plenamente a ello. Así, de buenas a primeras y por cuestiones del azar o por estar en el lugar indicado en el momento indicado, le llega la oportunidad de entrar en un cuarteto de jazz de la mano de una gran músico. Mientras sale airoso y lleno de felicidad para prepararse para la noche del estreno musical, cae en una alcantarilla y muere. Entendemos que el personaje muere porque, de repente, llega al más allá.

Es aquí donde se plantea la primera cuestión que puede resultar extraña para el público al que, supuestamente, están destinadas estas películas. En el más allá no vemos al personaje como anteriormente, se trata de un personajillo azul y, con el paso de los fragmentos, entendemos que es la representación de su alma. En este universo se plantean dos espacios: el más allá y el más atrás. En el segundo se generan las almas que, si encuentran su chispa, dan con el pase que los lleva al planeta Tierra. El protagonista no desea morir, ya que no ha podido hacer realidad su sueño de tocar esa misma noche junto al cuarteto de jazz. Es en este instante donde empieza una cadena de hechos que da comienzo a la película y a la búsqueda del objetivo del protagonista: volver a la Tierra para, por fin, cumplir con su propósito.

En busca del sueño

Algunas de las palabras que más se repiten en este film son: propósito, vida, sueños, alma, chispa… Pixar, desde hace algunos años, busca no solo repetir sus logros visuales animados y técnicos sino que, además, quiere hacer reflexionar al espectador (infantil y no tan infantil) sobre el paso del tiempo, lo importante que es la empatía y el entendimiento de las emociones, así lo vimos, cómo no, en su tan aclamada película Del revés. Quizás por eso —por ese complejo planteo que, aún con los años, es difícil descifrar—pareciera que Pixar se está alejando de dirigir sus películas hacia su público habitual.

No obstante el relato, dirigido por el tan famoso Pete Docter (creador de otras como Monstruos S.A. o Up), tiene sus momentos divertidos e inesperados que van girando hacia la parte más emocional de la historia. A medida que avanza la historia, los ahora dos personajes protagonistas (el profesor ha conseguido escapar a regañadientes desde el más allá a la Tierra y en la hazaña, un alma sin cuerpo y no preparada para entrar en el planeta, ha caído de manera imprevista) van oscilando alrededor del eje central de la película: conseguir llegar a tiempo al concierto para hacer realidad el sueño del profesor frustrado o dejar que esta alma nueva experimente lo que es la vida y le encuentre su gusto. Es aquí, obviamente, donde sucede lo que podríamos llamar conflicto.

La entrada de Foster Wallace

Si sigues leyendo a partir de aquí, explicaré lo que sucede y, con lo cual, leerás un claro spoiler. Aún así, lo que sucede, como pasa casi siempre, es más o menos predecible. Hay siempre algo que hace click, algo que hace despertar al personaje principal y que lo hace reflexionar para generar un cambio. Esto es complicado que pase en la vida real y, aunque lxs más pequeñxs, celebren la alegre sucesión de los hechos, con el paso del tiempo entenderán que quizás no era tan sencillo como parecía en las películas de Disney. Muchas veces hemos hablado de que, a la larga, los comportamientos de estos personajes han ido dejando una huella en nuestros cerebros que nos hacen repetir actitudes que no queríamos aprender y que tampoco nos han enseñado a consciencia.

Después de complicaciones varias y aciertos afortunados, el alma del profesor consigue acceder al cuerpo y llega al concierto de jazz. Es después de este evento cuando la película atrapa (más que anteriormente) mi atención. Al finalizar el concierto, el profesor no se siente completo. Lo que él esperaba sentir, las altas expectativas que tenía, no han ocurrido. Así pues, por fuera de la sala del concierto, el profesor le explica a la músico estrella de la noche que esperaba sentirse de otra manera y, que sin embargo, se siente igual. A esto, ella le contesta: “un pez le pregunta a un pez más viejo dónde puede encontrar el océano. El pez anciano contesta, sorprendido, que ambos se encuentran en él ahora mismo. El joven replica: ‘No, esto es agua. Lo que yo quiero es el océano’”. Esta frase, que podría pasar desapercibida, es extraída de la fábula de los peces de David Foster Wallace. Una fábula que él da en un discurso de graduación a modo de enseñanza para los estudiantes y la vida que les espera.

Soul se adueña de la fábula porque encaja con su relato, ya que Foster Wallace pone dicho ejemplo para explicar que lo importante es exprimir los pequeños detalles, saborear las alegrías diarias, sentir y disfrutar, aún por encima de ir en busca de nuestros sueños y objetivos. Ahora bien, cuando Foster Wallace habla de esto ante miles de estudiantes lo plantea como un hecho utópico, algo que no es posible conseguir, porque no es cierto que podamos vivir solo gracias a los pequeños placeres, no es ahí donde se encuentra la esperada y plena felicidad. La película de Pixar se apodera de esta fábula y la justifica con imágenes del cielo neoyorkino, con su suelo otoñal, con el sabor de una pizza… Con elementos que, por supuesto, pueden alegrarnos pero que, en definitiva, no nos ayudarán a encontrar la felicidad. Pero bueno, estamos ante una película para un público infantil, ¿no es así?