Cómo sobrevivir a una primera cita sin que te envíen a la mierda

Lamentablemente, en las relaciones humanas, el 50% de éxito no depende de nosotros, pero el otro 50% sí. Y es, en ese otro instante, en ese momento en el que parece que el mundo da vueltas y el bien y el mal juegan una batalla salvaje en la que solo puede quedar uno, donde finalmente acaba tejiéndose el futuro de cualquier historia. Y creedme cuando digo que hay mucha mierda en esto de los primeros encuentros. Tanta, que lo mínimo que podemos hacer es acumular un poco y analizarla hasta que huela. Si las grandes cagadas están servidas, hablemos de ellas.

1. No eres ningún personaje de Disney

Así que no te prostituyas emocionalmente, que es incómodo. Si vives todavía en el shock de la muerte de la mamá de Bambi, un psicoanalista podrá ayudarte, pero la persona que tienes delante probablemente no. Hablar más que el burro de Shrek exhibiendo tus traumas emocionales en una primera cita tiene consecuencias graves. Por ejemplo, el block que te plantan nada más salir de ellas.


2. Yeh, tronca; yeh, tío

Tu colegueo no es el nuevo lifestyle de las relaciones del siglo XXI. Los amiguismos que forzamos solo para que no se nos note que estamos interesados son muy patéticos, sobre todo si están más exagerados que cualquier tribu urbana de algún pueblo cani. Si no te importa, este es mi DNI y aquí aparece mi nombre. Y no, no es 'titi'.


3. Presumir es sufrir

Sobre todo para que el tiene que aguantarte. Si tienes talentos, demuéstralos cuando toquen. Si hay cosas que haces bien, recientemente te han ascendido y crees que vas a salir en la próxima portada de Forbes, oh, genial, es estupendo. ¿Tocas la guitarra y has compuesto una canción en mi menor utilizando solo el dedo pulgar? Perfecto, joder. Pero no eres el centro del universo y es aburrido, muy aburrido, mantener conversaciones con alguien que sabemos que de la única persona de la que puede enamorarse es de sí mismo.


4. ¿Por qué no te callas?

Hay una línea imaginaria que separa la famosa frase del "háblame de ti" con el "voy a contarte toda mi mísera vida desde primero de EGB hasta que te salga información por las orejas y salgas de aquí rodando como una croqueta". Hablar más de la cuenta nunca es una buena opción. Si tienes complejo de Tolstoi y tu vida es súper fascinante, escribe un libro. Porque todo lo demás, mira, lo he guardado en la carpeta de cosas que me importan una mierda.


5. No te pidas profiteroles en el postre

No, joder. Vas mal. Respétate un poco. Ver como comes con la boca llena de profiteroles mientras se te empastan todos los dientes de chocolate, y hablas entusiasmado sobre el posible cambio político que contempla el país, no es romántico, es vergonzoso. Profiteroles, no. Que te he dicho que no.


6. Y lo mismo en el sentido contrario

Lo de comer poquito no vaya a ser que se piense algo raro es del año 99.  Yo una vez fui a cenar pizza y me comí solo un trocito por si comer de más me llevaba directa al reino de los males. El resultado fue desastroso, primero porque al llegar a casa tuve que cenar otra vez y segundo porque la cosa funcionó durante una temporada y al final acabó saliendo a la luz la brillante afirmación que en cualquier momento nos hace temblar: ¿con lo poquito que comías al principio, no? En fin. La de manjares que yo, personalmente yo, me habré perdido por ser tan idiota.


7. Oculta tu nomofobia

Ya te lo enseñaron de pequeño, escucha la voz de la conciencia. Si Pepito Grillo dice que no se coge el móvil, no se coge el móvil. Tómate un Lorazepan para calmar tu ansiedad o bébete tres chupitos de Jagger, pero el WhatsApp lo dejamos para luego. Ya consultarás cuántos me gusta ha tenido la foto que has subido a Instagram más adelante, ahora toca lo que toca. Ojitos bien abiertos y carita de interesante. Goal!


7. Intentar evitar los silencios es terrorismo

Si supierais la cantidad de veces que me enfrenté a conversaciones surrealistas solo para evitar un silencio, no caeríais jamás en la tentación de tener que recurrir a ellas para intentar esquivarlos. Seamos sinceros, en los silencios incómodos es donde sale lo peor de cada casa, las preguntas más estúpidas y las conversaciones más OMG de la historia. Y no queremos ser mundialmente conocidos por eso, ¿no?

"Eres rebelde porque el mundo te hizo así, pero puedes cambiar".