Shirley Jackson convierte la injusticia en una historia de sensualidad

Un biopic recupera la vida de la autora de los años 50 y enfoca el feminismo desde las escenas de terror cotidianas que tienen que enfrentar las mujeres

Hay dos tipos de biopics: los que ves para entender más de alguien famosísimo o los que te descubren un personaje que, aunque siempre estuvo allí y fue clave en su especialidad, tú no tenías ni idea de su existencia. Es el caso de Shirley, ganadora del Premio del Jurado al Cine de Autor en Sundance, y tan inquietante y erótica como su propia protagonista. Shirley Jackson es una de las autoras de literatura negra más importantes del último siglo y su biopic parece uno de sus inquietantes cuentos.

"Me parece que no me gusta mucho la realidad", dijo Shirley una vez. Y esa parece la esencia de su literatura, donde los lugares marginales a los que está relegada la mujer en la sociedad que le toca habitar, en los años 50 y 60, acaban adoptando tintes de terror. La cocina, el rol de asistenta en la universidad, el papel secundario en cualquier oficio y relación acaban cobrando vida en sus cuentos para mostrar su lado más cruel. Así pasó, por ejemplo, en su cuento más famoso, La lotería, publicado inicialmente en la revista The New Yorker, donde se convirtió en pocos días en el texto de ficción que más reacciones había recibido. Y, por supuesto, no todas para bien, como recuerda El Confidencial.

Un ejemplo de cómo los textos de Shirley Jackson dividían al público (muy probablemente, los hombres solían repudiar sus historias y las mujeres las amaban) lo encontramos al inicio de la película, donde Rose (Odessa Young) y su esposo Fred (Logan Lerman) viajan en tren hacia la casa de Shirley Jackson (Elisabeth Moss) y su marido, el profesor universitario Stanley Edgar Hyman (Michael Stuhlbarg). Rose viene leyendo La lotería. "Es terrorífico", dice él. "Es espléndido", lanza ella. Es el inicio de una fascinación que viviremos durante toda la película, la de las dos mujeres entre ellas, apartadas de las conversaciones que tienen sus dos esposos (profesor universitario y aspirante a serlo), apasionadas entre ellas, con una atracción que roza el erotismo y, por supuesto, las escenas de terror que oscilan entre la ficción y la realidad.

Si algo hemos aprendido en los últimos años es que cuando Elisabeth Moss aparece en pantalla no es nunca para interpretar un papel sencillo, pero la lucha feminista que acaba representando una y otra vez tampoco lo es. La vimos crecer en Mad Men, donde Peggy Olson pasó de ser la secretaria de Don Draper a una de las redactoras más importantes de la agencia. Luego, en El cuento de la criada, se consagró en un papel violento y tenaz de las esclavas sexuales de la historia de Margaret Atwood. Ahora, en Shirley, su interpretación también es clave para encarnar a una autora que desafió su lugar de nuevo con crueldad y sensualidad.

Los Angeles Times dice que Shirley es una de las mejores películas del año pasado y probablemente tenga razón. Aunque haya pasado desapercibida, aunque la escritora no fuera de las primera que se te vienen a la cabeza, la autora de la novela que inspiró la serie de Netflix La maldición de Hill House está resurgiendo y no es para menos.