Con esta serie te darás cuenta de que tu madre y tú os vais a querer pese a todo

Cultivar hábitos de self care y trabajar la salud mental es más importante que salir de esta con los abdominales de Dua Lipa, así que mi consejo es que te entregues a las Chicas Gilmore

En el momento en el que el gobierno dictó confinamiento empezaron las prisas y aunque tiempo es lo que ahora nos va a sobrar, no hay tiempo que perder: todos tus amigos, conocidos y enemigos (sobre todo tus enemigos) están aprovechando el confinamiento para escribir cuatro libros, aprender un idioma y ponerse cual nuevo tronista de Mujeres y Hombres y Viceversa a base de vídeos de zumba en Youtube. De repente tu nuevo tiempo libre forzado, alejado de todo lo que te puede distraer, no es más que una prórroga divina para hacer todo lo que siempre has querido hacer y nunca has tenido tiempo para ello. Estos días las visualizaciones de The Wire se han triplicado: si hasta para ver series nos hemos puesto productivos y hemos cogido aquellas con las que llevábamos procrastinando desde 2002.

O eso nos quieren hacer creer. Pertenezco al bloque de gente que acaba el día agotada por las noticias, las conspiraciones pesimistas ya que ahora media población con acceso a whatsapp o tuiter es virólogo, médico o tiene un PhD en pandemias. La mayoría silenciosa llegamos al final del día con ganas de ver Chicas Malas por octava vez. Corre el secreto a voces, entre amigos y conocidos que una de las mejores medicinas emocionales está siendo empezar a ver (o retomar, o rever) las Chicas Gilmore. Y no podría estar más de acuerdo.

Mudarse a Stars Hollow

No es casualidad que las Chicas Gilmore se hayan convertido en una serie de culto de boca a oreja después de que se terminase (razón por la que años más tarde se hizo la temporada especial y fallida de Las Cuatro Estaciones), ya que cada invierno, cada temporada en el que la vitamina D del sol anda escasa, entra en nuestro cuerpo un impulso primitivo de volver a Stars Hollows. Cinco minutos con las Gilmore y ya estás pensando en que cuando todo acabe te mudarás a un pueblo con 60 habitantes y abrirás una pastelería. Si el gobierno supiese jugar bien sus cartas para evitar la despoblación de las zonas rurales, obligaría a todos los ciudadanos a verse esta serie. 

En Stars Hollow Lorelai Gilmore se quedó embarazada a los 16 años. Con unos padres ricos y estrictos que querían que su niña se casara con el padre de su futura hija (también de buena familia), Lorelai decide romper lazos y ponerse a trabajar en un hotel, sacando adelante a su hija con la menor ayuda posible de sus padres. Las Chicas Gilmore se sitúa temporalmente en el momento en el que su hija Rory tiene la misma edad que su madre cuando esta se quedó embarazada y es aceptada en una escuela privada, haciendo que necesiten volverse a poner en contacto con los abuelos para que les ayuden económicamente para pagarlo.

Una serie para cuidarse

Las razones que hacen que las Chicas Gilmore sea perfecta para este momento son tan fáciles de apuntar como difíciles de replicar. Su guión de los Sherman-Palladino ha adquirido con el tiempo un sello denominación de origen (que luego han intentado replicar en otras series como La maravillosa Señora Maisel), con diálogos a velocidad de Fórmula 1, llenos de referencias culturales que nunca dejan de ser estimulantes, ni hacen que tengas la sensación de estar perdiendo el tiempo no viendo una serie en la que Hombres™ discuten de cosas importantes.

En el tiempo que vivimos de dramatismo, megalomanía y clickbait, las Gilmore son un soplo de aire fresco. En oposición a las demás series, esta no es una que se sostenga por los momentos clave/dramáticos y el resto de la trama sea una excusa para llegar a ellos, sino todo lo contrario: los puntos de inflexión en las vidas de los habitantes de Stars Hollow son ténues, muchas veces incluso fuera de campo y el interés está puesto en la influencia que tienen estos hechos en los personajes y cómo se desarrollan sus relaciones. Los romances a cocción lentísima, cual caldo de la abuela, y los altibajos de las amistades arrasan con cualquier posibilidad de hacer de esta una serie con finales de temporada grandilocuentes, cliffhangers y demás estructuras típicas diseñadas para que te enganches. Las Gilmore son un abrazo, no una mano que tira y afloja.

En esta trama los Gilmore son los reyes de las familias y relaciones desestructuradas y la incomunicación, evitando que en esto se convierta en un cuento fantasioso de gente a la que las cosas les salen bien y tienen finales felices. No es abstracción de la realidad lo que buscamos, simplemente un tono optimista y conciliador en el que se cuentan las cosas. Stars Hollow es un sitio seguro, tranquilo, en el que siempre pasa algún pequeño drama, algo que haga que no haya dos días iguales, pero que la vida siga. Y sigue. 

Estando todos metidos en casa y sin poder salir, esta puede ser una buena opción de escapar. Cultivar hábitos de self care y trabajar la salud mental es más importante que salir de esta con los abdominales de Dua Lipa. Y si eso significa ver a Rory siendo una estúpida y volviendo por quinta vez con Dean, que así sea.  Ya que al final de todo, “Stars Hollow es el sitio al que siempre querrás volver”.