El regreso de High School Musical demuestra que los millenials somos igual de nostálgicos que los boomer

Lo que parecía un 'remake' más de Disney no lo era. La serie es una parodia del fenómeno fan de la saga del 2007, con chistes a costa de los fans que la vivimos de adolescentes

Cuando se estrenó High School Musical en 2007, yo acababa de empezar la ESO. Se convirtió en un clásico instantáneo, era el Grease de nuestra generación (la trama, de hecho, baila en la delgada línea entre copia y homenaje). Las canciones lo petaron, sonaban en todos lados, todo el mundo la había visto (225 millones de espectadores en todo el mundo, según Disney) y todos nos habíamos enamorado de algún actor (Zac Efron estaba literalmente en todas las portadas de revistas cutres de la época). Arrasó tanto que en mi cole hicimos homenajes musicales, y por lo que me han dicho mis amigos de otros centros, no fuimos los únicos.

Pero me di cuenta de lo mucho que había impactado la saga en la generación millennial cuando, ocho año después de su estreno, escuché un remix de Breaking Free (probablemente la canción más icónica de la primera peli) en Razzmatazz, una de las discotecas más importantes de Barcelona, y literalmente todo el mundo la bailó gritando “temazo” (que lo es). Desde entonces, he vuelto a escuchar la canción en sitios muy random, desde fiestas de fin de año hasta playlists de los 2000, donde la ponían como un bop más. En definitiva, High School Musical (HSM, para abreviar) es un icono millennial.

Por eso, no es de extrañar que, aburridos en pleno verano, mi compañero de piso y yo (nacidos en el 94), nos decantásemos por ver las películas cuando decidimos hacer maratón nostálgico aprovechando que tenemos Disney+ en el piso. Pero mientras la buscábamos en el catálogo nos encontramos con una serie que desconocíamos, High School Musical: The Musical: The series. Me quedé petrificado: ¿una serie de HSM? No nos la podemos perder. La empezamos a ver, sobre todo, porque era corta (una temporada de diez capítulos, aunque Disney ya se ha comprometido a hacer una segunda, vista la buena recepción). No teníamos demasiadas expectativas, nos imaginábamos que sería el típico remake cutre a los que nos tiene Disney acostumbrados en los últimos años. Pero no, ni mucho menos.

Para empezar, la serie es una especie de falso documental ambientado en el colegio en el que se grabó la película original. Es decir, no es una continuación de la saga, sino que es, en un mundo en el que lo petó la película, ¿cómo se vive su legado en el colegio que usaron como decorados? El primer capítulo empieza con una millennial obsesionada con HSM que había fracasado en su sueño de ser actriz en Broadway, así que en cuanto hay una plaza como profesora de música en el icónico instituto la acepta de cabeza. Una vez ahí decide empezar una producción estudiantil de HSM, escandalizada porque “el colegio donde se grabó nunca lo ha representado”.

Bajo este pretexto, la serie es autoconsciente de que la verán muchos millennials, y por eso se ríe de ellos. Hay un punto en el que la profesora, de unos treinta y pico, dice a sus alumnos: “soy millennial”, y los estudiantes (de la generación Z) responden con un Ok millennial, dando a entender que para ellos ya es vieja, devolviéndonos las hostias constantes que damos a los boomers. De hecho, muchos gags intentan parodiar el fenómeno fan millennial de la serie (por ejemplo, la profesora fue una figurante en la película original y lo cuenta como si fuese el mejor momento de su vida), que sirven para recordarnos la hipocresía de que nuestra generación llame pollavieja a los que viven anclados en la cultura ochentera, porque nosotros actuamos igual con los 2000. Sin ir más lejos, lo demuestra el hecho que ahora una tendencia millennial en Tiktok sea hacer vídeos de High School Musical.

Por supuesto, todos estos gags intergeneracionales demuestran que la serie tiene algo que no tenía la saga original: sentido del humor (cuyos únicos momentos graciosos los protagonizaban los gemelos histriónicos Sharpay y Ryan). Además, el formato falso documental les permite crear un humor a lo Modern Family: cámara al hombro y confesionales de los protagonistas hablando fuera de escena. Vamos, la típica escena del sofá comentando lo que acaba de suceder, inspirada en el formato reality.

Otro elemento muy interesante de la película es que sigue la tendencia de los musicales modernos: los musicales para los que no les gustan los musicales. Es decir, aquí la gente no se pone a cantar de golpe en medio del parque o la cafetería, aquí las canciones tienen su lugar de ser, ya sea porque es una audición, o porque es una canción que han subido a su Instagram personal, o lo que sea. Es decir, eliminan las canciones por “combustión espontánea” y les añaden un contexto para que la gente no se piense “¿por qué esta loca va cantando por los pasillos?”.

Todos estos elementos le dan un toque muy moderno (a ojos millennials) a este remake que no tiene pretensiones de ser un remake, sino una parodia de la saga, de sus fans y de los propios remakes de la compañía. Aun así, obviamente, no deja de ser una serie de Disney+ y los personajes siguen siendo muy Disney: chica tímida, quarterback, chico freak pero guapo, mejor amiga con carisma, es decir, todos los tópicos de una serie de adolescentes. No obstante, el toque fresco y el saber añadir bien la nostalgia sin que todo se base en ella, dan una comedia con un resultado muy efectivo y digno que todos los millennials podremos disfrutar.

CN