Los realities en la nueva normalidad parecen una triste distopía

Insultarse por Zoom o colgar una videollamada son los momentos más emocionantes que el covid ha dejado para los participantes de los programas, pero también ha creado nuevos formatos televisivos 

Tumbado en el sofá, con el mando apretado entre las manos, mirando ese capítulo del reality RuPaul’s Drag Race que hace que valga la pena haberme tragado toda la temporada: la pelea en el capítulo de reunión. Es el episodio donde los concursantes vuelven a verse, meses después de la grabación del programa, y recuerdan los momentos vividos durante el reality, especialmente los más tensos, lo cual desemboca en insultos, discusiones y, en algunos programas, hasta agresiones físicas.

Sin embargo, esta vez no es así. Están hablando todas las participantes por videollamada, discutiendo las escenas más polémicas desde sus respectivas casas. Me recuerda al capítulo “15 millones de méritos” de Black Mirror, donde viven en una especie de cárcel-reality y lo consumen todo por TV. La similitud es innegable: decenas de pantallas diferentes, con los concursantes desde sus casas, hablando de lo que fue el concurso. Out of context podría ser el formato de los realities en una extraña distopía donde el mundo está tan contaminado que no podemos salir de casa.

RuPaul's Drag Race (2020)

Normalmente, este episodio sería el punto álgido de estos concursos, cuando los dramas cosechados durante meses acaban explotando en esta última reunión con una ronda de insultos, tirones de pelo y caos televisivo. Suelen durar una hora, pero se te pasa como si fueran 10 minutos. Esta vez, me miro el reloj porque se me está haciendo largo. “¿Solo ha pasado media hora?”, me pregunto tras haberme tragado lo que, a mi parecer, había sido una hora de civilizada conversación comentando el programa como si fuera una videollamada familiar y no quisieras gritar mucho porque el abuelo está echando la siesta.

La reunión del reality: la cúspide del drama

Me viene a la cabeza, con nostalgia y echándolo de menos, uno de los capítulos reunión de un reality más icónicos de España, y muy reciente. El de La isla de las tentaciones. Estábamos todos enganchados a ese surtido de cuernos, peleas, dramas y puñales por la espalda y queríamos ver el desenlace: ¿quiénes seguían juntos? ¿quiénes habían roto? ¿quiénes no se soportaban? El capítulo se grabó unos meses más tarde de la final y el resultado fueron muchísimos insultos, descalificaciones, acusaciones y poco más y acaban tirándose del pelo... pero también fueron unas audiencias increíbles, un 30% del share, líder indiscutible de la noche y empatada a la gala final, las dos más vistas de todo el programa.

Pero claro, esto fue antes del coronavirus, cuando no existía la distancia social y podíamos arañarnos, pegarnos o abofetearnos dentro y fuera de la televisión. Esa época en la que si te escupían en la cara no te pasabas quince días encerrado en una esquina pensando si te habrán pegado la enfermedad. Por supuesto, nadie normal hacía estas cosas. O más bien dicho, nadie fuera de una reunión de un reality. Ahora ya, ni eso.

Insultos por Zoom, la nueva normalidad

Cuando empezó la cuarentena ya había muchos realities en marcha, y el episodio reunión no estaba grabado. Por ejemplo, The Real Housewives of Atlanta, RuPaul’s Drag Race, Love is Blind o, en España, Supervivientes. ¿La decisión que tomaron todos? Tirar de videollamadas, Zooms, Skypes… cualquier forma de grabar uno de los capítulos más esperados de los realities por los espectadores.  

Pero, por supuesto, no iba a ser para nada como estamos acostumbrados. Piensa en cómo son tus reuniones de trabajo por videollamada, o las telecervezas que hacíamos antes de la fase 1 para llenar el vacío que nos había dejado la falta de terrazas. Siempre son iguales, uno habla, otro escucha, si alguien interrumpe, uno de los dos tiene que callarse porque la pantalla se pone en grande para el que habla. También pasa que en medio de un monólogo alguien estornuda y se abre su pantalla, como si fuera a hablar: “perdón”, dice, mientras el otro continúa su discurso. Si alguien quiere interrumpir, levanta la mano o empieza con un “perdona que te corte” para darle tiempo al otro de callar y que no se solapen dos temas importantes.

En resumen: un caos y un formato difícil de aplicar a este tipo de programas, muy poco práctico para hacer una reunión de un reality. Pongamos el ejemplo de las antiguas reuniones de The Real Housewives of Atlanta. Hay insultos, acusaciones, y hasta recuerdo un capítulo en que una le tiró una bebida en la cara a otra. O la famosísima reunión de la temporada 7 de Love & Hip Hop: New York, cuando Cardi B le tiró un zapato a Asia, otra concursante. O RuPaul’s Drag Race, cuando en un episodio de reunión una Drag Queen se sintió tan atacada que se fue del plató, un recurso dramático de reality que se conoce como storm off (¿en esta edición que haría, colgar la videollamada? No tiene el mismo efecto).

Los episodios reunión son, junto al piloto y la final, los más importantes del show. Es la conclusión, cuando todos se reúnen y hablan de todo lo vivido. De hecho, según The New York Times en una conversación con el vicepresidente de la cadena americana ABC, Rob Mills, “son los capítulos con mayor puntuación y telespectadores”. Lo curioso es que “empezaron como una forma de alargar la temporada y acabaron convirtiéndose en uno de los capítulos más celebrados”.

Sin duda, es una víctima colateral más del virus. El drama televisivo. No será lo mismo ver a las amas de casa de The Real Housewives pasando de arrancarse las extensiones a levantar la mano para decir “tú lo que eres es una guarra”. Pero supongo que eso es parte de la nueva normalidad. Algunos formatos como Sálvame, donde comentan las jugadas desde plató y llevan años haciendo el formato “tengo una llamada”, han sabido adaptarse. Pero, en parte, porque los que dan juego son los comentadores, que siguen en plató, y con una videollamada ya tienen para destriparte durante media hora. Pero son contadas excepciones.

Telecinco

Estos nuevos formatos son la culminación de algo que se viene dando desde hace tiempo: el uso de la tecnología en los realities, cada vez está más presente. Por ejemplo, en Too Hot To Handle, la Mercedes Milà o Mónica Naranjo (depende de si eres más millennial o generación Z) es el robot Lana, una máquina a lo Alexa de Amazon. Ahora son las videollamadas.

Pero la semana que viene se hará historia televisiva: llega final de RuPaul’s Drag Race, donde normalmente se elige la ganadora a través de una batalla de playback. Esta vez, por el covid, se hará online. Algunos bromeaban si las pondrían a competir en Mario Kart por el premio, y tampoco tan lejos de la realidad: lo que harán será grabarse desde sus casas en una batalla musical a kilómetros de distancia. Quizá nos gusta más que los programas presenciales y estamos viendo el principio del futuro de la tele, quién sabe.

CN