El final de las princesas Disney si hubiesen sido un poco más cabronas

Para ser Princesas también hay que ser un poco sumisas, al menos eso es lo que en su origen nos enseñó Disney. Este artículo propone un final alternativo a los cuentos de siempre donde chicas jóvenes, en lugar de esperar a sus príncipes, descuartizan los estereotipos femeninos y enseñan la identidad de mujeres que ni cantan, ni limpian, ni cocinan, y que si quieren magia, se la fabrican ellas mismas.

Blancanieves

El cuento real: De tez blanquecina y personalidad frágil, Blancanieves llega a la casa de los siete enanitos donde impera el desorden y la desorganización. Blancanieves, agradecida por el gesto de la acogida, cree que lo ideal es empezar a hacer de mamá y cantar todo el rato, ser asertiva, y entender que si los pobres trabajan durante todo el día aibó aibó lo mejor es dedicarse a las tareas del hogar. Además de esto, en sus ratos libres acepta manzanas envenedadas de desconocidos y es salvada por un príncipe que por su condición de ser príncipe, romperá el hechizo con un beso de verdad.

Lo que Blancanieves debería haber hecho: Llegar a casa, y al ver la suciedad navegando por los rincones, hacer las maletas y largarse. Largarse u organizar un protocolo de emergencia donde reunir a todos los enanitos y llamarles guarretes en la cara. Definir tareas, organizar labores y calendarizar a quién le toca fregar los platos. Y por otro lado, hablemos del príncipe: ¿qué es eso de que la bese sin su consentimiento? Y es más, ¿quién en su sano juicio besa a alguien aparentemente muerto? A la cárcel por impuro.


La Sirenita

la sirenita codigo nuevo mileniales

El cuento real: Ariel es una chica alegre que vive bajo del mar, pero que no está del todo conforme con la vida marina que le ha tocado vivir. La situación adquiere su peso cuando, además, se queda prendada de Erik, y sumida en un profundo enamoramiento, cree que deshacerse de su preciosa voz a cambio de piernas es la mayor manifestación de amor puro.

Lo que Ariel debería haber hecho: Estar dispuesta a dejarlo todo por tu príncipe azul no te garantiza un final feliz de infarto. En el final alternativo, ni se queda sin voz ni se anula como persona. Es más, utiliza su voz para pegarle cuatro gritos a Úrsula, que a todos nos tuvo hartos con sus despiadados humos. Con su padre también debería haber mantenido una conversación para que le dejase empezar a tomar sus propias decisiones, por ejemplo, llenarse la cara de piercings o hacerse veinte tatuajes. Y en materia de amor, lo más lógico hubiera sido entender que enamorarse no es ceder hasta quedarse en nada, sino valorarse y aprender que, si para que un hombre te quiera tienes que renunciar a algo, quizás o no te quiere o no es tu hombre.


Bella (y la bestia aparte)

El cuento real: Una vez más se nos muestra a una angelical y atolondrada Bella a la que le encantan los libros, pero que es cedida a una Bestia que guarda un pasado oscuro. En su vida, no solo tiene que soportar las bipolaridades y gritos de Bestia, sino aceptar también los de Gastón, el semiguapo malvado que es más feo que guapo malvado y que se cree que el mundo es suyo por su rostro masculino y bello. Ella será agradable con ambos porque las chicas deben ser educadas y refinadas, y cantará y bailará a pesar de sus desgracias aceptando el destino que le ha sido impuesto.

Lo que Bella debería haber hecho: Quizá un poco de marihuana para sobrellevar tanta hombría no le hubiera venido mal. Un diálogo serio y formal acerca de las normas de convivencia básicas de la casa, tampoco. Es decir, nada de estar encerrada porque sí ni tolerar grititos ni gestos feos de buena mañana solo porque el otro arrastra fantasmas que a ella no le corresponde tratar. Paz, tolerancia, buen rollo y cuando estés dispuesto a tratarme como toca, entonces todos los juegos de bolitas de nieve que quieras.

"Érase una vez unas princesas que no necesitaron cojones porque sus ovarios fueron más fuertes".