Por qué todas somos ‘La peor persona del mundo’

La película ‘La peor persona del mundo’ arrasa entre las críticas, te hace y te deshace un nudo que tenías en mitad del pecho y, además, te abraza y te comprende

Una vez tuve una especie de novio súper intelectual que entendía mucho de cine y que siempre que salíamos de una sala de ver una película, me comentaba todos los detalles del guion y de la trama que había podido identificar y que a mí se me habían pasado del todo desapercibidos. Escondía mi inseguridad (y un poco de rabia) diciendo que la película había sido tan maravillosa que me había concentrado en el viaje emocional de los personajes y que a todo lo demás no le había prestado ni la mínima atención. Esta anécdota real me sirve para dejar dos cosas muy claras: siempre viajo con los personajes y no soy capaz de ver qué hay más allá hasta que me paro a reflexionar y esa relación me sirvió para aprender a amar más sanamente. Así que sí, si has visto la película La peor persona del mundo, sabrás que también habla de mí, y de ti, y de ti, y de ti y de todas nosotras.

Amando sin saber amar

La peor persona del mundo, nominada al Óscar a mejor película extranjera y a mejor guion original, es una película dirigida por el noruego Joachim Trier. Cuenta la historia de Julie (Renate Reinsve), una joven a punto de cumplir los 30 que, a lo largo de algunos años, emprende el viaje tan intenso que supone descubrirse a una misma, quererse a una misma y, por tanto, aprender a querer a quien está a tu lado. Algunas de las cuestiones que se activan en la mente y que la película plantea son: ¿Es posible amar sin amor propio? ¿Es posible amar cuando estás creciendo y madurando? ¿Es posible amar aunque estés completamente perdida? La respuesta es sí y de eso habla este filme.

Si tuviéramos que dar con una respuesta rápida ante esa situación de amar sin ningún control o conocimiento, posiblemente sepamos que las cosas no van a salir bien. O que como mínimo, si no tenemos ciertas cosas cocinadas y aprendidas, probablemente las historias de amor acaben con muchas preguntas sin respuesta. De repente no entiendes por qué ha terminado, por qué has hecho daño aunque no fuera tu intención o por qué la comunicación falla constantemente. La película no busca responder a ello de forma directa, la película se planta delante de tus ojos como un espejo y pareciera que, por momentos, te dijera: tranquila, eres humana, no estás sola y te comprendo.

Spoiler: sale mal

La película se narra a lo largo de doce capítulos, un prólogo y un epílogo. Es así como empezamos a conocer a Julie que, en un primer momento, parece tener claro lo que quiere y su personalidad y sus movimientos se definen por su deseo profesional. Así como el plan parece estar completamente claro, la película te arrastra a todo lo contrario: tienes delante de los ojos a alguien que busca respuestas a través de un futuro profesional que no está definido (ups, ¿te suena?). De estudiar medicina pasa a estudiar psicología y de psicología pasa a convertirse en fotógrafa. Viajas por la incertidumbre interna de ella y por la certeza que expresa, hasta que en ese vaivén de la vida, Julie conoce a Aksel (Anders Danielsen Lie). Se mudan juntos, se enamoran y conectan muy bien en muchos niveles, sobre todo en el intelectual, (vaya, ¿te vuelve a sonar?).

De alguna manera comprendes que ahí no está la respuesta, no está con él, no está en ese universo. La inestabilidad, que se mantiene en silencio en la base del personaje, florece cuando Julie conoce a Eivind (Herbert Nordrum) y ambos arman, en una noche, una intimidad fresca, vaporosa, excitante. Entonces tú, ahí sentada como espectadora y con toda la empatía que te representa, piensas —como ella— que quizás con él sí están las respuestas y te entran unas ganas impulsivas —como las de ella— de descubrirlo, de que lo descubran. Esa conexión que seguramente también te suena consiste en decirle adiós a Aksel y empezar un nuevo capítulo con Eivind.

No quiero ser mala

La peor persona del mundo es una hostia durísima pero hermosa a la vez. Es humana, real, tiene planos alternativos e inesperados, convierte a la ciudad en personaje, es una historia romántica que puede entenderse con esas sencillas mariposas en la barriga y con esa complejidad de intentar conectar sanamente con alguien a quien supuestamente amas. Lo más bonito de esta película es que tú no eres ella, tú eres todos los personajes. Todos hemos sido Julie, todos hemos sido Aksel, todos hemos sido Eivind, todos hemos sido Julie con Aksel o Julie con Eivind. Cada una de sus reacciones y sus formas de abordar los conflictos y los momentos de alegría, también nos han ocurrido. Y créeme, si aún no te han ocurrido, te pasarán.

Ninguno de ellos es la peor persona del mundo, ninguno de los personajes lo es, lo que sí tienen en común es que están intentando no serlo. Y verlos fracasar o triunfar en ese trabajo constante que implica el amor (tanto el propio como el ajeno), da calma. Saber que esas dudas, esos intentos y esas búsquedas que parecen tan propias, pueden aparecer de esa manera tan honesta en la gran pantalla es gratificante. Id a verla, por favor.