¿Qué es poesía? Alfred no

Alfred García, ex concursante de Operación Triunfo, acaba de publicar un libro de poesía, se titula 'Otra luz' (Alfaguara, 2019) 

¿Qué forma debe tener un poema? ¿Es su forma lo que importa, su contenido o su dominio? ¿Es poeta quien escribe frases en verso y ya? Poner una palabra debajo de la otra no es ser poeta. No quiero dármelas, tampoco, de una entendida en este terreno capaz de especificar qué es poesía pero quizás sí puedo detectar lo que me parece que lo sea. Y el libro Otra luz de Alfred García (ex participante de Operación Triunfo y también anterior representante, junto a Amaia, de España en Eurovisión) publicado recientemente por Alfaguara, no puede clasificarse dentro de este género. Y no es el único que podría entrar en esta ola de "poetas" cada vez más grande. Son caras que salen a la luz por aparecer en televisión o por acumular miles de seguidores en Instagram se convierten en productos y se considera que la poesía que escriben merece ser publicada. Aunque sea su primer y último libro.

Cinco, cuatro o tres palabras colocadas una debajo de otra. Palabra, intro, palabra, intro. Alguna que otra imagen o ilustración acompañando este conjunto y libro en marcha. El de Alfred García cuesta 16,10 euros y, en Amazon, ocupa el número uno de los libros mas vendidos en la categoría de libros juveniles. El negocio de publicación de según qué tipo de poesía se ha vuelto lucrativo. Aitana, Laura Escanes, Marwan, Sara Búho o Diego Ojeda son solo algunos de los ejemplos de qué tipo de poesía es la que vende. Cursi, empalagosa, sin excesivo trasfondo, con juegos de palabras básicos y anodinos, yuxtaposición de emociones y donde predomina la temática sexual o amorosa, con la que, por cierto, cualquiera puede verse reflejadx.

La poesía se está transformando en un vehículo que se percibe sencillo de conducir. Y viene levantándose desde hace muchos años. Cito, entonces, a Unai Velasco (poeta y coeditor en Ultramarinos Editorial) y su examen 50 kilos de adolescencia, 200 gramos de Internet, publicado en CTXT, sobre el crecimiento de la edición de poesía en el año 2015: "Poco importa si el poema que sale a la venta no está sustentado en un acto de especial elaboración lingüística, poco importa si quienes conocen el medio poético saben perfectamente que no hay honestidad poética en ese poema, lo decisivo es la ductilidad de la identidad en su proceso productivo: frases dispuestas en líneas cortadas (versos), un uso no habitual (metafórico) del lenguaje y una tendencia a la exposición emocional (lírica)".

"¿Qué?"

"—¿Sabes qué?
— ¿Qué?
— No lo sé"

Sí, este diálogo forma uno de los poemas que compone el libro de Alfred García. Me pregunto si es una broma. Me pregunto, también, si quienes se han comprado este libro se reconocen como lectores de poesía. Me pregunto qué le ven. Es lícito que os guste, igual que lo es mi opinión, que considero humildemente fundamentada por el simple hecho de haber consumido durante toda mi vida diferentes tipos de autores dentro de este género. Aun así, no seré yo quien defina qué es poesía, la verdad es que no.

El nacimiento de lo digital ha hecho que los canales de expresión que antes, durante la adolescencia, eran un cuaderno o un blog desconocido y oculto, desaparezcan y se reproduzcan como plaga por redes como Instagram, donde triunfan decenas de perfiles —un ejemplo es Júlia Peró o Loreto Sesma—

Ahora cualquiera pueda expresar sus emociones y llegar a un público mucho más grande sin necesidad de intermediarios. Los editores de poesía pueden simplemente seleccionar el perfil que saben que venderá. Unai Velasco lo explica perfectamente: "El desplazamiento al papel en editoriales de mayor tirada [Planeta] como parte de una planificación comercial estratégica que incluye un presupuesto para la mercadotecnia nos permite hablar, por lo tanto, de una 'fase de consolidación comercial'. Si analizamos el diseño gráfico de los libros de editoriales como Frida o Espasa, podremos comprobar que su envoltorio visual —la encuadernación del libro— está más cercano al packaging de los bestsellers de Federico Moccia (aspecto colorido y pastel, tipografía gigante y con ligaduras, ilustraciones a medio camino entre la estética hipster de la ilustración y la cursilería kitsch) que a los usos tipográficos de la tradición poética española".

Me gustaría pensar que el auge de este tipo de poesía puede convertir ayudar a que se vuelva popular la poesía, pero los autores clásicos aún permanecen reuniendo polvo en librerías y almacenes y los contemporáneos pasan estragos para llegar a ser publciados. Pero a diferencia de lo que escribe Alfred García, este tipo de poesía requiere una atención especial, un enfoque directo y preciso y un ritmo que no es el que tenemos en nuestro día a día. Twitter e Instagram, paradójicamente el fuerte de Alfred, se han llenado de críticas y de memes, donde muchos usuarios (e incluso fans) sienten que este libro no cumple con sus expectativas. Quizás habría que hablar con las editoriales pero, tal y como está la que podríamos llamar 'vida' de los libros, está claro que estas solo buscan sobrevivir o hacer crecer su economía por una parte para poder potenciar otra más independiente o distinta

Ahora bien, dejemos de transformar a estos artistas (que lo hacen bien en otros campos, como por ejemplo, en la música), en una especie de producto total: que hagan música, libros, un perfume y hasta una línea de ropa si hiciera falta para exprimirlos completamente. Y que, además todo ello vaya acompañado de toneladas de merchandising que llenarán durante solo algunos meses las habitaciones de los adolescentes. Lo harán hasta que llegue otro artista y lo conviertan en producto. Aprovecha estas Navidades y regala clásicos. Quizás por ahí crezca una base lectora algo más formada.