'Parásitos' ha ganado el Oscar porque los problemas de Corea del Sur son también los tuyos

“Todos vivimos el mismo país llamado capitalismo” es el resumen que hizo el director sobre su obra, y es la explicación a que te haya gustado tanto la película

And the Oscar goes to… Parasite”, anunciaba la actriz Jane Fonda bien entrada la noche. Aunque las quinielas (incluso la nuestra) apostaban por 1917 o Joker como más que posibles galardonadas como mejor película, la que se iba a llevar sí o sí el premio al mejor filme no extranjero también se llevó la estatuilla principal. Pilló de sorpresa, y aunque no era la primera vez que una película extranjera ganaba este premio (porque The Artist, francesa, lo hizo en 2012), sí que era la primera vez que una película cuyos diálogos no estaban en inglés ganaba (ya que la película francesa era de cine mudo).

Pero, a pesar de la sorpresa inicial, el premio está justificado. Parásitos, una película que denuncia el arraigo del capitalismo y el neoliberalismo más agresivo en Corea del Sur, ha sabido salir de sus fronteras y hablar de un problema global. Lo explicó su director, Bong Joon-Ho, cuando recibió el premio a mejor película de habla no inglesa en los Globos de Oro “todos vivimos el mismo país llamado capitalismo”. Es decir, todos nos vemos afectados por esta sociedad global basada en el mercado, el dinero y el acumular riqueza de los grandes capitales.

Pero, antes de entrar en detalle y por si no has visto la película y quieres saber por qué lo ha petado tanto hasta hacer historia en los premios, un poco de contexto: Parásitos explica la vida de un joven de una familia muy pobre que encuentra trabajo con una familia excepcionalmente rica. A partir de ahí, intenta aprovecharse de su empleadora, rica e ilusa, para favorecer económicamente a su familia y salir de la situación de marginalidad en la que viven.

La película es una brutal sátira de las profundas desigualdades económicas que vive Corea del Sur (que, de hecho, es el cuarto país de la OCDE con mayor desigualdad de ingresos, después de México, Chile y Estados Unidos). Pero, aunque parezca un retrato exagerado de estos desequilibrios económicos, no lo es. La casa donde viven los protagonistas, un pequeño semisótano de pocas habitaciones sin wi-fi y que está a la altura de las alcantarillas, existe de verdad (llamados banjiha), y conviven en la misma ciudad con casas como la mansión de la familia Park, también real.

Además, la película muestra otra faceta de la sociedad surcoreana muy auténtica y es la adoración a los ricos. El señor Park, cabeza de la familia rica de Parásitos, es el jefe de una gran empresa tecnológica (un sector muy importante en el país). A pesar de todo lo que sucede en la película, los pobres siguen viendo a este señor como un ejemplo, como una gran persona digna de adoración. Este pequeño detalle deja al descubierto la cultura de la idolatría a los millonarios exitosos como referentes a los que aspirar.

Es imposible, por lo tanto, no hacer paralelismos entre la empresa de Park y Samsung, gigante tecnológico del país. Pero, precisamente, si tuvo éxito fuera de Corea es porque este fenómeno no se queda solo en Samsung. Steve Jobs, por ejemplo, y toda la cultura de adoración que sigue moviendo. Incluso Elon Musk los fieles a Tesla. O Amancio Ortega, en España, y su rastro de seguidores que se desviven por besar el suelo que pisa.

Es por eso que Parásitos logró alzarse con este premio. Porque nos recuerda que las injusticias que denuncia la película, aunque están enmarcadas en el contexto coreano, no son únicas de ahí. Vivimos en un capitalismo global, y las ansias de ascenso social que mueven a los protagonistas y que este sistema promueve no son exclusivas en sus personajes: nosotros también las tenemos y es, en la mayoría de ocasiones, las que nos dicen que nos decantemos por una carrera, un empleo e, incluso, unas amistades determinados.

Finalmente, escuchar las quejas de algunos críticos no conformes con la victoria de Parásitos, que aseguran que, aunque su discurso anticapitalista resuena en todo el mundo, Bong Joon-Ho tiene mejores películas. Probablemente es cierto, pero eso no desmerece la película, ya que si no ha ganado hasta ahora es porque, como dijo el director, los Oscar son unos premios “muy locales”, aunque se vendan como premios internacionales porque la industria cinematográfica estadounidense cree que es la única y la más prestigiosa. Quizá esta victoria sirva para que empiecen a abrirse y dejen de mirar casi exclusivamente su producto nacional, y así no descubran a directores como Bong Joon-Ho cuando es demasiado tarde.