La reina del pop ha vuelto. 7 años después de su último álbum, Madame X, y 21 años después de aquel Confessions on a Dance Floor, Madonna regresa con la continuación de este último: Confessions II, producido de nuevo por Stuart Price y con una apuesta radical por las letras cargadas de verdad. Sí, como cuenta el experto musical Solomon PM, la artista de Bay City se ha desnudado emocionalmente en este nuevo trabajo, lo que queda reflejado en unas cuantas canciones de muchísima vulnerabilidad. Como Danceteria. El nombre del tema es un homenaje a la discoteca neoyorquina Danceteria en la que Madonna actuó por primera vez. Allí donde fue feliz mucho antes de que los focos la buscasen.
Más tarde, la reina creería encontrar a su rey en el actor Sean Penn. El matrimonio duró entre 1985 y 1989, pero Bizarre, otro de los temas de este Confessions II, parece dejar claro que el amor de Madonna por el intérprete californiano nunca murió del todo. “Si bien afirma que ‘hay mil razones por las que no podrías estar conmigo’, también admite que sigue sintiéndose tentada por Penn y lamenta que el amor sea ‘extraño’ e ‘imposible de controlar’”. Tras este track, llega directo al corazón Fragile, el cual,según Solomon, “parece ser una oda al difunto hermano menor de Madonna”. Sí, tuvieron sus más y sus menos, pero Madonna describió el tema como una promesa de “encontrarse al otro lado”.
Con quien parece que nunca llegó a reconciliarse del todo es con su madrastra Joan Ciccone. En Betrayal le escribe una demoledora “nunca ocuparás el lugar de mi madre” y habla sobre cómo ambas fueron perdiendo la fe acerca de tener una relación sana de amor. “Es solo porque perdiste la fe. Es solo porque yo perdí la fe”. Y hablando de relaciones entre madre e hija, The Test es un ejercicio de autocrítica tremendo en el que Madonna lamenta que no tuvo en cuenta cómo “todos los flashes de las cámaras perturbarían a su hija”. Lo bonito de esta canción es que fue concebida como un dúo musical entre ambas: “Me propuso escribir una canción juntas para sanar nuestra relación”.
A estas alturas, y más allá del disfrute sonoro, te queda claro que lo nuevo de Madonna no está pensado para llenar las pistas de baile y petarlo viralmente. Es un ajuste de cuentas. A veces en el buen sentido. Otros en el malo. Es un decir todo lo que lleva reteniendo tanto tiempo. Una versión muy auténtica de la reina del pop. Eso sí: el álbum se cierra con un tema, L.E.S Girl, mucho más liviano, aunque centrado asimismo en otra de sus relaciones: “Madonna hace frecuentes y crípticas referencias a su novio de su época del Lower East Side”, un músico anónimo del que estaba enamorada y que tenía “cara de Marlon Brando”. Es el regreso de la gran estrella. Pero abriéndose como nunca.
