Fui a un local de postureo para ganar followers en Instagram

El lugar es bastante divertido y puedes explotar tu narcisismo por muy poco y de una manera bastante exprés

Una cosa os voy a decir, de esta no vamos a salir mejores. A cada nueva medida, se nos va un poco más la pinza. Cuentan que se han visto afiliados a Mr. Wonderfull arrancando pancartas de “Todo va a salir bien” al grito de NO PUC MÉS. Así, en catalán ("no puedo más"). Pero siempre flojito y de puertas para dentro. Por eso algunos aun no lo debéis haber oído. Al final, lo importante es que tampoco se nos note mucho. Hay que intentar no contagiarle al vecino nuestra demencia pandémica. ¿Y qué mejor manera para sostener esta falsa normalidad que seguir mostrando nuestra mejor cara en redes? Porque otra cosa no, pero lo de seguir narrando nuestra vida en internet, no tiene freno. Quizás porque no nos queda otra. Si no me pueden ver en *inserte cualquier lugar en el que se haya sido feliz rodeado de más de 6 seres humanos*, por lo menos que me vean en el feed.

Da igual que nuestra salud mental se esté yendo por el desagüe, igual que todo el pelo que se nos cae por estrés: hay que seguir creando contenido. Lo jodido es que todos los universos que derrochaban likes en nuestras pantallas han desaparecido. Ni eventos a los que ir, ni destinos paradisíacos a los que volver, ni tan siquiera una mísera terracita donde pedirte una tostada de aguacate, desorbitadamente cara, sacarle una foto y poner un copy tipo Sunday Funday, o alguna letra de C. Tangana.

Por suerte, en este mundo capitalista (que aprieta y seguramente ahoga), siempre se ofrecen soluciones para aquellos con algunos billetes en el bolsillo. En mitad del Born (Barcelona), ahora desierto de turistas, ha abierto el primer estudio fotográfico destinado a la creación de material audiovisual para redes. Básicamente se trata de un espacio de 150 metros en el cual, por unos 12 euros la hora, te puedes hacer todas las fotos que te salgan en 20 decorados distintos, para simular esa vida que realmente no tienes. Un precio bastante decente si lo que obtienes como resultado es la aprobación de un montón de desconocidos.

Eva intenta ser instagramer

Los medios que han cubierto anteriormente la experiencia del The Set LAB, evidentemente el nombre tenía que ser en inglés porque lo fundaron entrepreneurs, lo han cualificado de escuela de postureo. Que tú me dirás, ¿postureo? ¿en 2020? Pues yo que sé. Seguramente los redactores eran “hípsters” y aún no han entendido que los chavales de hoy en día saben hacer viral su contenido antes ni tan siquiera de saber tomar apuntes. Pero tampoco me voy a poner a juzgar. Ni que yo fuera una eminencia en redes. Para que me entendáis, la última vez que quise mostrar en internet que había pasado un buen día con el chico que me gustaba, colgué una pila de latas de cerveza de un 24h. Pero como en esta vida lo importante es aprender un poco de todo, me dispuse a sumergirme en una nueva aventura audiovisual en tiempos de Covid. Móvil, mascarilla, gel hidroalcóholico y al lío.

El LAB en cuestión ocupa los bajos de un local típico del centro de Barcelona. Una de las mejores cosas es que ahora se puede llegar tranquilamente sin tener que esquivar a media docena de británicas con pollas en la cabeza y demasiados alemanes borrachos que huelen a aftersun. Puerta de cristal, picas al timbre, saludo incomodo y te reciben contentísimos al ver que tú también quieres sumarte a la fiesta de la serotonina digital. En la primera planta nos cuentan que sí, que ahí también se imparte algún que otro cursillo de fotografía para redes: cómo hacer sentir cómoda a una influencer, cómo realizar videos de tiktok, hasta team buildings para empresas jóvenes, frescas, que para nada explotan a sus trabajadores.

Pero la rentabilidad del negocio no nace de aquí, sino de toda esa gente con un hambre feroz de gustar en pantalla. Luego la publi se hace sola a través de sus perfiles. A groso modo, por ahí ha pasado de todo y eso que solo llevan unos meses. Desde bailarinas de Operación Triunfo haciéndose unos reels, hasta cantantes amateurs que necesitan un videoclip, pero un estudio tradicional seria demasiado caro, pasando por una familia que quiere pasar el rato alimentando los hobbies de sus hijos, o el más que evidente grupo de amigas que se vienen a hacer una sesión. No nos vamos a engañar, todos sabíamos que la mayoría de su público serian chavalas adolescentes.

La realidad no falló. A los 10 minutos de estar en el Set Lab, aparecieron dos amigas, que no deberían llegar a los 18 años, cargadas con maletas enormes, muchas bolsas y un peluche de dimensiones inquietantemente humanas. Las pobres se quejaban que acceder hasta ahí con coche era complicado. ¡Ay, Colau, qué nos estás haciendo! A partir de ese momento tanto ellas, como nosotros, disponíamos de una hora para hacer más o menos todo lo que quisiéramos en las instalaciones de la planta de abajo. Y cuando digo todo me refiero a todo lo legal. Sí, grabarte unos Only Fans también. No hubiera sido la primera vez que se haría entre esas firmes paredes. Pero supongo que eso se puede dejar para otra ocasión.

Al bajar las escaleras nos encontramos rodeados por un sinfín de colores, un cartel de Good Vibes, neones, un espejo donde una tía con peluca hace poses raras, purpurina, piscina de bolas, césped artificial, más cosas brillantes, estímulos, estímulos, ESTÍMULOS. Fue básicamente como caer en un videoclip de tu banda favorita de K-Pop, pero en 3D. Mientras que recuperamos el aliento, nos enseñan las taquillas, los vestuarios y los lavabos. Todo muy covid friendly con sus desinfectantes. Que, a ver, si te vas a sumergir entre 20 escenarios diferentes, no lo hagas con la misma ropa. Hay que cambiar, crear ilusión. Dicen que, si te lo montas bien, puedes sacar contenido para más de 6 meses en Instagram. OJO. Pero para mi disgusto yo había omitido ese pensamiento antes de ir.

Eva se hace la influencer

Había llegado el momento de la verdad, el momento de invocar a la instagramer que vive dentro de todos. Primero pensé en ir hacia el espejo, acicalarme, ponerme presentable para la cámara de un móvil con la pantalla rallada. ¿Podría haber pagado un suplemento y tener fotógrafa y cámara para tener mejores fotos? Sí. ¿Estaba en modo escuela del puño cerrado? Pues también. Pero en definitiva con tu propio móvil puedes conseguir fotones porque lo que sí que te dan son aros de luz, palos de selfie y cualquier cosa que se pueda mover en cualquier decorado. Pero como la tía de la peluca seguía haciendo poses raras en el espejo con la ayuda de la fotógrafa que SÍ había pagado, me puse a investigar los otros espacios. Todos los rincones son aprovechables. Así que en poco menos de 12m2 tenías lo que parecía el interior de una nave extraterrestre, el espacio de una escuela del 68’, una esquinita de habitación Tumblr, una pared que parecía la portada del Turn Blue de The Black Keys y otra casi tan atrapante, pero en blanco y negro. No me convencieron, y decidí a ver que tal por la zona de una falsa tienda de cereales. Por desgracia, una niña, de unos 9 años, estaba dirigiendo a lo que debían ser su madre y hermano en un retrato familiar y disfrutón. Así que nada. De mientras, las dos colegas ya habían desplegado la mitad de su armario en la zona de Good Vibes e iban por el segundo look. Tenía que ser rápida.

Pasamos por un pasillo con neones y muchos colores, y llegamos a una piscina de bolas. Ahí estaba la señal. Ahora una foto sumergida totalmente, otra tocando las nubes, ahora no sé qué, y ya has entrado en el juego. No se podría decir que esté exactamente orgullosa, pero se le pilla el gustillo. Luego te haces unas fotos en un decorado que parece una fiesta, que es lo más cerca que estará de una este año, y ya te tienen.

La verdad es que es entretenido. Puedes explotar tu narcisismo por muy poco y de una manera bastante exprés. Con una cosa y la otra pues te echas unas risas. No os sabría decir si es o no una escuela de postureo, pero si vas, al final le encuentras la gracia. Y si necesitas un estudio, pues hace su función con sus virtudes y bastantes limitaciones. Ahora, ¿si aprendí a ser mejor instagramer? Pues no, la verdad. Pero durante un rato pude fingir que todo guay y colgar un par de fotitos medio agraciadas de mi paso por ahí para obtener mi casito diario en redes.