“No te olvides de escribir”: el nuevo libro que recoge las cartas olvidadas de la familia Lorca

“Si no ganamos, ¡ya podemos despedirnos de España! ¡Nos echarán, si es que no nos matan!”

Federico García Lorca es uno de los poetas más importantes de la historia de nuestro país y de la literatura universal. El hijo eterno de Granada. El poeta silenciado en la madrugada. El que murió entre olivos y fusiles. Su paradero, allí donde la represión franquista le asesinó, sigue siendo un misterio. Su muerte es una gran cruz en la memoria de España. Y su vida una luz inmensa. Una de la que ahora sabemos incluso más: el periodista Víctor Fernández, uno de los mayores expertos estudiosos de Lorca, ha recopilado todas las cartas que se mandaba con su familia mientras estaba fuera y les ha dado orden en un nuevo ensayo titulado No te olvides de escribir.

Es el resultado de una incesante búsqueda que ha durado años y que le han permitido al periodista localizar misivas que hasta ahora permanecían en el olvido. En ellas hay mucho amor, sí, “mamá, yo tengo mucha gana de verte y deseo que vengas pronto”, le escribía desde la Residencia de Estudiantes de Madrid; pero también compromiso político, explica el propio Fernández en una entrevista para La Vanguardia con la periodista Lara Gómez: “Si no ganamos, ¡ya podemos despedirnos de España! ¡Nos echarán, si es que no nos matan!”, le escribe preocupada su madre, Vicenta, a un Lorca que efectivamente padecería pronto el odio de los fascistas.

También hay en No te olvides de escribir cartas que son muy similares a los wasaps que podrías mandarle a tu madre o a tu padre en tu época universitaria: “No te disgustes, tonta, conmigo porque te diga que escribir cartas es un latazo. En este ambiente la holgazanería es difícil porque, como todos trabajan, no hay más remedio que trabajar. Las fiestas son de tarde en tarde y son muy artísticas y agradables”. En plan me estoy portando bien. En las cartas, además, Federico pide a menudo dinero a sus padres para poder seguir manteniéndose en Madrid y disfrutando de la capital. Es abril de 1920. La Residencia acoge también a Buñuel, Alberti o Dalí.

¿Y a su padre? “Querido papá, me alegro que esté buena toda la familia porque estando buenos los de mi casa me basta para estar contento. Yo soy el primero que quiere pasar las vacaciones con vosotros y me iré enseguida. Basta que tú me mandes una cosa (y que esta sea justa) para que yo te obedezca de cabeza porque además de ser este mi deber, es mi gusto. Lo que me hiere un poquitín es esa actitud tuya de vente enseguida o yo iré por ti. ¿Te has creído, querido papá, que yo soy un hijo rebelde o que os quiere abandonar? No. Lo que pasa es que estoy en un momento crítico de mi arte y de mi vida”. Y así era: Nueva York fue un hito en su obra.