¿Te imaginas un Stranger Things con misterios de la vida real? Ya existe

Se aleja del morbo y retrata la perspectiva más humana de estos casos que tanta conspiparanoia han desatado. Así es 'Misterios sin resolver', el remake de la famosa serie de los 80

Un hombre que aparentemente estaba bien recibe una llamada y sale corriendo de casa en chanclas, sin coger nada más que el móvil y las llaves. Desaparece durante unos días hasta que encuentran su coche en el parking de un hotel cerca de la oficina donde trabaja. Rápidamente encuentran, también, su cadáver: estaba dentro de un pabellón sin uso, en un edificio contiguo al hotel, de más de veinte plantas. Parece que se ha tirado del terrado del hotel y que ha hecho un agujero en el techo del pabellón. Pero el caso, que parece un simple suicidio, se complica a medida que encuentran pistas.

Por ejemplo, que el cadáver tenía los huesos molidos como si se hubiera caído desde el tejado del hotel. Pero cerca del agujero del pabellón aparecieron sus gafas, móvil y chanclas sin ningún rasguño, como si alguien lo hubiera dejado ahí gentilmente. O, por ejemplo, que para haberse tirado al pabellón, tendría que haber saltado del tejado del terrado del hotel, pero había una distancia entre ambos edificios humanamente imposible. Había otros puntos por los que saltar, pero tenía que haber pasado por habitaciones privadas ocupadas y no había testimonios de que hubiera entrado.

Netflix

Por otra parte, cuando registraron su casa, encontraron una nota escondida, y su mujer buscó las frases en Google, que parecían un código, y salió que formaban parte de un discurso ritual masónico. Luego, además, la llamada venía de la empresa de donde trabajaba, y al día siguiente de su muerte, la empresa obligó a firmar contratos a todos sus trabajadores para que no pudieran hablar con la policía. Aunque el investigador en caso se negó a aceptar que era un suicidio, fue apartado del caso, y la policía determinó que, en efecto, era un suicidio. Aunque era prácticamente imposible.

Es el caso de Rey Rivera, uno de los muchos casos que todavía siguen abiertos y que explica la nueva docuserie de Netflix: Misterios sin resolver, el remake de la serie homónima de los 80, que cuenta con los productores de Stranger things. Está compuesta por seis episodios de una hora que se centran en diversos misterios, ha tenido muchísimo éxito (ha sido top 10 mundial en la plataforma desde su estreno, la semana pasada), y pronto estrenará una ronda de misterios (todos de Estados Unidos, donde se ha producido la serie, aunque en España también hay muchos casos que serían dignos de una docuserie).

No todos los casos son como el de Rivera, el capítulo con el que empieza la temporada. Hay, además de desapariciones y asesinatos, ovnis y sucesos paranormales. Probablemente, el episodio más espectacular es el que retrata los incidentes de Berkshire. Sucedieron el 1 de septiembre de 1969, en un pueblo de Massachusetts (EE UU), día en el que hubo avistamientos de ovnis en masa. Hasta cien personas llamaron a la policía denunciando que había objetos extraños en el cielo.

El capítulo se centra en el testimonio de varias personas clave del caso: por ejemplo, Thom Reed, que iba en coche cuando, claramente, un platillo volante pasó por encima de su vehículo, y su madre, que recuerda las luces que cegaron el coche mientras conducían. Pero, sin duda, el testimonio más impactante es el de Tom Warnes, que, por telepatía, escuchó una extraña voz que le dijo: “solo será un minuto” y, tras una explosión de luces, se despertó en un lago a 7 kilómetros de distancia.

Los episodios, además de tratar los detalles más suculentos y misteriosos del caso, intentan rehuir del sensacionalismo, y retratan, también en el dolor que provoca creer firmemente en una teoría que otros tachan de locura o haber sufrido un episodio traumático y que nadie te crea ni te ayude a buscar una respuesta para pasar página. Además del morbo de lo misterioso y loco, también incluye una dimensión personal muy necesaria, como suele pasar en los documentales de Netflix, como en el de Alcàsser, que se centró más en el circo mediático y el dolor de las familias que en la teoría conspiranoica y el morbo.

CN