Ni Hollywood ni el porno son capaces de enseñarte lo que verás en '9 songs'

No, en la vida real, cuando te levantas de la cama después de una noche de pasión no te llevas la sábana enrollada para que no se te vea ni un milímetro de pecho como pasa en las pelis de Hollywood. Y tampoco gimes como si estuvieras teniendo el orgasmo de tu vida cuando se te están corriendo en la cara como en las porno. Ni un extremo ni el otro de este sexo coreografiado delante de las cámaras tiene que ver con lo que pasa entre dos (o más) personas en la cama (o donde les dé la gana). Para ver un poco de realismo hay que fijarse en películas como 9 Songs (o 9 Orgasmos, como se tradujo en castellano).

Está dirigida por Michael Winterbottom y salió 2004, así que no hay que esperarse grabación en 3D, ni calidad full HD y, desde muchos puntos de vista, no es una película espectacular (en la página ibdm tiene un 4,9 sobre 10) pero se deja ver. Cuenta la historia de dos jóvenes que se enamoran y viven los típicos meses de pasión sexual del principio de una relación que se han contado en un sinfín de películas solo que esta lo hace de forma explícita. Donde debería haber un pene hay un pene, donde debería haber una penetración hay una penetración y donde debería haber una mamada, ahí está ella con su eyaculación y todo.

Pero no se queda ahí, resulta que el sexo oral es bidireccional y que ella también recibe (oh sorpresa!) a diferencia de la pornografía tradicional que se limita a hacer correrse al hombre (una y otra vez). En este caso la sexualidad que se refleja es totalmente equilibrada y aunque la película fue catalogada para mayores de 18 años, ojalá la vieran los menores en lugar de masturbarse con Youporn y tragarse una imagen totalmente disfuncional de la sexualidad.

Sin embargo el sexo no es el centro de la historia. Es uno de los pilares, como lo es en cualquier aventura tórrida, pero encaja con fluidez entre los personajes, una estudiante americana y un geólogo inglés, que se conocen en Londres y salpican su relación de fluidos y conciertos en directo (nueve, para ser exactos, de ahí el título). De hecho ese es precisamente uno de los puntos malos de 9 Songs, las canciones, porque fluyen menos que el sexo. Casi están metidas con calzador y ni se acaban de justificar en la historia ni las letras tienen mucho que ver con cada momento. Pero oye, como seguramente a estas alturas no verás la peli en el cine sino en tu ordenador, pues si ves que te agobian las pasas y ya está.

El caso es tener un referente cinematográfico de sexualidad sana. Hay otras películas que muestran sexo explícito pero suele ser obsesivo, perturbado, truculento, como la famosísima japonesa El imperio de los sentidos de los años 60 en la que el pene del protagonista acaba lejos del resto de su cuerpo (lo siento, os he contado el final, pero cuando una película tiene más de 30 años no se puede considerar spoiler).

l'empire des sens 1976 real Nagisa Oshima Tatsuya Fuji Eiko Matsuda © ARGOS FILM

El paso siguiente será que alguien estrene una buena película, una historia de amor, con un buen guión, en el que no haya la clásica estructura de: chico conoce chica, algo se interpone entre ellos, pero todos sabemos que acabarán atiborrándose a perdices. Que cuente una historia real, creíble, que no pretenda hacernos creer en los cuentos de hadas y que muestre algo de carne, pero no dos actores de Hollywood fingiendo con la ropa interior puesta, sino sexo auténtico, de ese en el que se suda, se tiembla y se pierde la noción del espacio y el tiempo.