Así funcionan las relaciones que saben convertir el flechazo en amor

Todo el mundo tiene una favorita de la trilogía "Antes de" y sus lecciones sobre el amor romántico se extenderán durante generaciones

Las razones que te llevan a elegir “tu película favorita” dicen más de ti que cualquier test de personalidad. Es como una carta de presentación: define lo que eres y lo que te gusta con un solo título. Decir que Antes del Amanecer es tu película favorita es como llevar un cartel que dice: “soy un poco intensx, no creo necesariamente en el amor romántico tradicional pero sí en las conexiones especiales. Y probablemente me flipa hablar por los codos”. 

Este año se cumplen 25 añazos desde que Richard Linklater presentó la primera película de la trilogía "Antes de", que te enseña una relación amorosa a través de los años. Linklater está fijado en retratar cachos de vida, como hizo luego en Boyhood, donde filmaba cómo un niño entra en la adolescencia a lo largo de 12 años (y a nuestra generación nos flilpó porque era el tiempo exacto que pasó entre Oops I Did it Again y Get Lucky).

La trilogía “Antes de” está formada por tres películas estrenadas cada nueve años (1995, 2004 y 2013) y los protagonistas, Jesse (Ethan Hawke) y Céline (Julie Delphy), siguen con sus vidas durante el tiempo que pasa entre película y película. Así, cada nueve años los espectadores descubríamos qué era ahora de los protagonistas y cómo había evolucionado su relación. Como una serie, pero con elipsis: ¿habrían vuelto a encontrarse? ¿Se seguirían queriendo? ¿Lo habrían dejado porque Céline descubrió que Jesse votó a Bush en el 2004?

Probablemente, si Antes del amanecer ocurriese en 2020 Jesse y Céline habrían intercambiado Instagrams y la vida sería mucho más sencilla, pero las reflexiones que nos dejaron sobre las diferentes etapas del amor romántico seguirán vigentes durante generaciones.

Antes del Amanecer

Jesse y Céline se conocen en un tren que viaja por Europa. Él, americano que va de bohemio pero que de alguna forma tiene dineros para marcarse el interrail veraniego en pleno 94, y ella, francesa pijilla que está volviendo a París después de visitar a su abuela. Como el comienzo de cualquiera de mis sueños de adolescencia (y pesadilla de mis padres), después de un rato charlando, Jesse convence a Céline para que se baje en Viena y recorran la ciudad hasta que amanezca

¿No te ha pasado? Bueno, igual aterrízalo a tu mundo más mundano, pero conoces a alguien y vuestras ideas conectan, voláis de un tema a otro y es tan estimulante que sólo fuerzas externas son capaces de pararlo. Jesse y Céline hablan y hablan y hablan y no callan durante hora y media que dura la película. Tal y como dos adolescentes, con filosofía callejera, haciéndose los interesantes, mostrándose como son solo en parte y proyectándose mientras encuentran algo que hacer para pasar la madrugada.

Y triunfó. Lo que empezaba como una historia sobre un flechazo de una noche se convertía en el retrato de cómo queríamos vivir una relación.

Antes del Atardecer

Nueve años más tarde, los protagonistas se reencuentran. Ahora ya de lleno en la treintena, ya sabiendo cómo se hace la declaración de la renta y algo más que unos macarrones con tomate de bote, Jesse va a hacer un tour de su libro (sobre un romance de una noche) a París. Céline, claro, acude a la presentación. 

Al contrario que la primera, que se extiende a lo largo de una noche, esta ocurre en tiempo real, enfatizando el paseo de hora y media por París, en el que van revelando poco a poco qué ha sido de ellos en este tiempo parece de paso un anuncio patrocinado por el Ministerio de Turismo francés). Todas las ideas con las que uno ha rellenado los huecos de la personalidad del otro, los recuerdos de cómo fue aquella velada hace años (y el énfasis que cada uno mantiene de diferentes partes de la relación), la pregunta de si la química sigue ahí o si fue cosa de dos jóvenes idealistas y llenos de hormonas...

A lo largo de la película van cayendo las máscaras que se han forjado en nueve años de ni poder stalkearse por Internet. 2003, vaya tiempos. Jesse y Céline controlan qué y cuándo quieren revelar de su pasado, como si estuvieran jugando al póker, porque ni uno ni el otro quieren revelar demasiado pronto todas sus cartas.

Antes del Anochecer

La (por ahora) última entrega de la trilogía se estrenó en 2013. Para evitar spoilers pasaré de puntillas por la trama, en la que ahora los protagonistas tienen 41 años. En esta etapa sus vidas profesionales y familiares ya se anteponen al romance, auténtico protagonista de las dos pelis anteriores. Jesse probablemente piensa tres veces a lo largo de la película si es ahora el momento para comprar un coche deportivo (qué bajón). Quieren recuperar aquel primer encuentro de hace ya 18 años y nosotros, mientras los vemos, solo podemos pensar en una cosa: ¿son las relaciones a largo plazo solo un intento de replicar aquello que un día fueron? 

25 años más tarde

A medida que pasan los años, quienes hemos crecido con la trilogía somos incapaces de decidir cuál es nuestra favorita. Hay gente a la que le cuesta empatizar con la tercera, porque tal vez este lado más maduro de la relación todavía no nos ha llegado y, sobre todo, nos asusta, o nos seduce, o nos sienta como un puñal en las tripas. Por ahora, para saber si la trilogía queda cerrada o si hay una cuarta parte en su historia tendremos que esperar hasta el 2022.

Lo que sí sabemos es que las tres películas están inspiradas en una historia de amor que el director vivió pocos años antes de empezar a grabarlas. Richard conoció a Amy Lehrhaupt mientras visitaba a su hermana en Philadelphia en otoño de 1989. Pasó su última noche en la ciudad con ella, vagando por las calles y charlando hasta que él se tuvo que marchar.

Al contrario que Jesse y Céline, ellos sí intercambiaron sus números de teléfono, pero lo que empezaron siendo llamadas constantes, acabó enfriándose hasta que Richard acabó saliendo con otra mujer. Años más tarde, Richard grabó Antes del amanecer con la esperanza de que Amy la viera y poder retomar el contacto. Pero no recibió noticias suyas hasta muchísimos años después, cuando ya estaba rodando la tercera entrega.

Amy había muerto en un accidente de moto en 1994. La noticia cayó como un puñal en el rodaje, porque hasta los actores la tenían presente para dar forma a sus personajes. Si miras con atención los créditos finales, encontrarás una dedicatoria a Amy Lehrhaupt, el pequeño guiño de Richard a lo que pudo haber sido una relación real, con sus altos y sus bajos, pero sobre todo capaz de reinventar el amor.