Así funciona la turbia industria de los gatos influencers

El documental 'Cats the Mewvie' de Netflix te hará dejar de seguir a todos los perfiles felinos porque sus dueños son auténticos CEO que se aprovechan de sus mascotas

Me apasiona todo lo relacionado con Internet. En Because Internet, bestseller del New York Times en el que se analiza el lenguaje y su evolución en la era de la comunicación por memes, Gretchen McCulloch decía que aquellos que hemos nacido en la franja de los millennials y los Z tenemos una relación curiosa con la world wide web: la adoptamos como nuestra, entendemos sus códigos, pero no podemos evitar analizarla de forma analógica. Clasificar memes, entender por qué unas plataformas funcionan y otras no, analizar de forma exacta cómo y por qué cada cosa es lo que es.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La obsesión de los humanos con los gatos es otra movida: no hace falta ser historiador para recordar que ya estaban pintados en los murales egipcios. Cats the Mewvie prometía ser la best of both worlds con este análisis del fenómeno de los gatos en internet. Conocer a los protagonistas, el por qué y el cómo, el sueño húmedo de cualquier persona que veía recopilatorios de “best cats moments” ya en los primeros años de Youtube.

Un MBA gatuno

Empieza Cats the Mewvie y con ella, las turbulencias. La naturaleza del propio documental, basado en entrevistas, necesita de caras conocidas para realizarlas y se topa de lleno con la Industria del Gato. Todo el tufo del capitalismo mobileworldcongressero tiene ahora bigotes y orejitas: sus dueños no son más que entrepreneurs que en vez de tener el dinero de sus papis para montar un Glovo o unas Hawkers tienen entre manos un gato bonico.

Lil Bub pasa de ser un gato entrañable en el imaginario colectivo a un animal que tiene merch y hace más dinero que tú y que yo juntos. Tal y como pasa con los niños maleducados no podemos evitar desviar la mirada y la culpa a sus padres/dueños. Y luego desviarla un poco más hacia el sistema entero, porque ¿acaso no haríamos nosotros lo mismo si fuéramos dueños de un gato carismático y tuviéramos un máster en marketing? Yo misma pegué un grito a medio documental en cuanto mencionaron cuánto cobraban estos michos por post promocionado en Instagram. “¡DELEUZE, HAY QUE PONERSE A TRABAJAR!”, le solté al gato de mi compañero de piso.

A medida que avanza el documental, el bochorno se abalanza sobre ti. Esto que habías empezado a ver por placer, como quien ve gatitos en el feed de Instagram, se ha convertido en una masterclass de cómo sacarle provecho al que se supone que es tu mejor amigo. Te encuentras rodeada de gente de ADE cuando te creías que ibas a una convención de frikis como tú.

Al fin y al cabo, la peli no es más que un espejo de la capacidad que tiene Internet para amplificar el capitalismo que lo monetiza todo. Los gatos son simplemente un peón en este juego, pero después de ver Cats The Mewvie uno no puede volver a mirarlos sin ver la sombra del vendedor que tienen detrás. A poco de acabarlo he dado unfollow a los gatos que seguía en redes. Adiós, Atchoum. 

Nos gustan los gatos porque son impredecibles, maquiavélicos y a pesar de todo un poco tonticos. No encuentro nada impredecible en los feeds de los gatos que sigo, solo michos aburridos con sus juguetes que les han regalado para patrocinar, en casas estériles y ricas, fotos que se ciñen a unas estéticas gatunas que “funcionan”. Entre los ojos grandes mirando a cámara lo que presencio es la decadencia de esta histeria gatuna. Tal y como apuntan en la película, tras la muerte de la primera generación de gatos superinfluencers (Lil Bub falleció el pasado diciembre), el fin se acerca.

En la búsqueda del accidente

Tras pasar unos días desganada por la aséptica vida de los gatos de Internet ahora me empiezo a recomponer. Me doy cuenta: hay vida después de Cats The Mewvie. Hay gatos más allá de los míninos influencers y son los que hacen que Internet siga girando.

Me encuentro por enésima vez el meme de la señora gritándole al gato con la ensalada y pienso que mientras vivan los gatos-meme anónimos de Internet los gatos serán los únicos dueños de la red. Internet sigue plagado de gatos comunes, sin ser de razas caras que se ciñen a estándares de belleza míninos, pillados por cámaras simplemente siendo gatos. Tirando más del hilo hasta te encuentras con el subuniverso de los gatos rusos: memes con gatos de protagonistas y textos en ruso que tienen una gran base de fans dentro de las comunidades dank y que de cierta manera tienen un encanto especial (y no llegas muy bien a comprender por qué). Gatos que salen en fotografías cuyos dueños no han ganado nada con ellos y forman ahora parte de la cultura colectiva de Internet.

El problema es que nadie aún entiende la fórmula de la viralidad del accidente, de la foto del gato con la banana, del otro que mira a los Froot Loops y por lo tanto hacer un documental de la cultura de Internet que deseamos saber se nos escapa de las manos. Nos queda decir que hay una magia en la autenticidad que sigue siendo imposible de capturar.