Por favor, no hagáis más temporadas de La casa de papel

Las tramas psicológicas son pobres y las de acción enganchan pero no compensan el total de la serie. ¿Hasta cuándo podrán estirar el chicle?

La casa de papel debería haber constado solo de dos temporadas. Esa era la idea inicial, una trama dividida en dos entregas que explicaba el atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre por parte de un grupo de criminales con una máscara de Dalí y con nombres de ciudades, dirigidos por un líder externo muy inteligente y con un plan profundamente complejo.

Pero como tenía todos los requisitos para ser una buena película de acción de Hollywood (personajes con secretos, toques de humor, plot twists y momentos de mucha tensión que te enganchaban al sofá mordiéndote las uñas), lo petó, hasta se ha convertido en la serie de habla no inglesa más vista en la historia de Netflix, además de ganar un Premio Emmy Internacional, la primera serie española en lograrlo. Y por eso quedó tan natural que sacasen una nueva entrega, para seguir explotando un formato que, aunque ya no quedaba novedoso, seguía dando de sí.

Pero, claro, ¿hasta dónde se puede estirar el chicle? En la tercera temporada movieron la acción a un segundo atraco, pero esta vez con el Banco de España como objetivo. Seguía con los mismos ingredientes que la llevaron a la fama, una fórmula muy efectiva que, como explicábamos cuando salió la tercera temporada, era muy adictiva, pero tenía muchos fallos, sobre todo inicios muy lentos y una trama que más allá de la acción del atraco, resulta muy pesada.

El efecto La casa de papel es similar al de The walking dead: una serie que miramos por la acción, pero que intentan elevar profundizando en la psicología de los personajes, la mayoría de las veces sin un buen resultado. Es lo que tiene que el conjunto de atracadores sean personajes planos, de los que solamente valen la pena Nairobi, pero por el carisma de su actriz, Alba Flores, y la mastermind del robo, El profesor, que solo interesa por lo intrigante que resulta esa mezcla entre hombre tímido y peligroso criminal.

Pero tras tantas temporadas, ¿qué más nos vais a contar de El profesor para mantener nuestro interés? Este es el gran dilema de esta entrega, que intenta mostrar diferentes caras del director del atraco, pero sin éxito. Durante el primer robo se abre como un libro e, incluso, acabamos descubriendo que es capaz de querer, por eso se enamora de la policía al cargo del caso, que en la tercera temporada se une a la banda como Lisboa (que, de nuevo, la actriz salva el personaje y su trama). Pero ahora… ¿Qué más tenemos que saber de él? ¿Que tiene sentimientos? Aquí el resumen de su participación en toda la cuarta temporada.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Han decidido alargar la serie, como mínimo, dos temporadas más (sí, ya están quinta y sexta confirmadas). Seguirán con el robo al Banco de España (qué pereza, ¿no?), porque queda inconcluso tras esta tanda de ocho capítulos nuevos. Además, nos podemos imaginar que las futuras entregas serán más de lo mismo: tramas locas de acción pura (hemos visto una operación de pulmón por webcam, explosiones, palizas a rehenes o policías que consideran que los Derechos Humanos son una sugerencia), finales con cliff hangers exagerados que te mantienen enganchado y episodios con veinte minutos de tramas psicológicas bastante pobres que cumplen el simple objetivo de rellenar minutos. Así que sí, la serie tirará con esta fórmula de acción pura y dura, pero envejecerá muy mal porque ya no le queda demasiado fuelle.


Por cierto, aquí te dejamos una lista de artículos que te podrían interesar para pasar mejor este confinamiento en casa: 

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