El último episodio de Juego de Tronos ha sido la culminación de todo lo malo de las últimas temporadas

Tramas apresuradas, evoluciones ilógicas de personajes y un profundo vacío psicológico en los protagonistas, el cóctel explosivo de la desilusión

Cuidado que este artículo tiene muchos spoilers: vamos a destripar desde el primer hasta el último episodio estrenado. Vamos, toda la serie. Porque, a falta del capítulo final, son muchísimos los que están profundamente desencantados con la serie. Si te has sentido decepcionado y no sabes por qué, tranquilo, no eres el único. Los problemas de la serie han culminado en el episodio quinto de la octava temporada, pero realmente los lleva arrastrando desde la sexta temporada. Los principales ejes conflictivos son la mala construcción de los personajes, la rapidez de las tramas y la falta de realismo psicológico.

Personajes que dejan de ser ellos mismos

En este último capítulo, Varys moría bajo el fuego. El señor de las mentiras y los rumores, que llevaba ocho temporadas tejiendo su telaraña para sobrevivir y crear el mundo que él creía que era mejor, era descubierto y asesinado por Daenerys. Un personaje que sobrevivió a tantos reyes, que se manejaba a la perfección entre las sombras, era delatado por todos porque, por una mala escritura de los guionistas, se convierte en un torpe en la diplomacia política cuya muerte solo sirve para demostrar que, definitivamente, Daenerys es una dictadora.

No es el único: Meñique, el gran maestro de los engaños, que traicionó a Ned Stark, que sumió a Poniente en una guerra, que enseñó a Sansa todo lo que sabía, era fácilmente manipulado por las pequeñas Stark. También Tyrion, conocido por su inteligencia y perspicacia, no ha tenido ni una buena decisión política en dos temporadas. Primero confía en Cersei (¡dos veces!), libera a Jaime aún sabiendo que una Daenerys enajenada jamás aceptaría la rendición y que, muy probablemente, le costaría la vida. Tres personajes potentes que quedan reducidos a una caricatura de sí mismos.

Pero sin duda, el personaje más polémico ha sido Daenerys. La khaleesi, que desde la primera temporada fue vista como la heroína que debía reclamar el trono de hierro, ha llegado al último capítulo siendo la villana. Vencida Cersei, parece que lo que depara al último capítulo es una guerra entre los protagonistas “buenos” (Jon, Arya, Tyrion, Sansa, Bran) contra los malos (Daenerys y su séquito).

La rapidez de las tramas

Daenerys, por lo tanto, ha acabado siendo la mala final, caracterizada como poco menos que una genocida que ha asesinado a civiles sin ningún otro motivo que la venganza. Al final del capítulo, como explica Elsa Fernández en El País, la madre de dragones se convierte en una máquina de matar. “en toda la recta final del episodio, ni la Khaleesi ni su único dragón vivo, Drogon, salieron en primer plano en la pantalla. Quedaron reducidos así a un ente deshumanizado y abstracto que solo escupía terror y fuego”.

Aunque tampoco sorprende que Daenerys sea cruel (llevan enseñando que no tiene escrúpulos desde el principio de la serie, cuando disfruta viendo a su hermano morir bañado en oro ardiente, asesina a todos los esclavistas con crueldad o quema vivos a los Tarly y a su ejército), siempre mostró clemencia hacia la gente común, del pueblo. Era la rompedora de cadenas, al fin y al cabo. Tenía sentido que no fuese clemente y se cebase con innecesaria crueldad con el ejército rendido, porque Daenerys siempre fue violenta y agresiva.

Pero, ¿asesinar a población civil por un simple ataque de ira? Nunca hizo algo similar y no tenía sentido. Ella misma en la temporada anterior dijo que quería “romper la rueda” que eleva a ricos y aplasta a pobres, que no iba a asesinar a la población civil. Aunque intentaron explicar su decisión de quemar la ciudad con el discurso a Jon en que le dice que el pueblo debe temer a sus líderes o no les respeta, se nota que esta trama psicológica fue apresurada. Después de seis temporadas evolucionando hacia líder algo violenta a favor del pueblo, se convierte en un par de capítulos en una loca fanática. Un plot twist que podría haber dado de sí pero que acabó siendo rápido, mal justificado y chapucero.

En el último capítulo hasta Cersei es más humana que Daenerys. La vemos morir con patetismo, confesando que no quiere morir así, y que quiere sobrevivir. Está aterrorizada, sufriendo la destrucción de la encolerizada Daenerys, demostrando ese lado tan sensible al que apelaba Tyrion en el anterior capítulo. Acaba sus días sepultada, unida a Jaime en un abrazo de amor, dando final a esa relación incestuosa que empezó la guerra en la primera temporada. Otro final que, para muchos, es apresurado e insuficiente para la gran mala de la serie.

Al final, la serie se ha reducido a Daenerys loca, Arya la heroína capaz de todo y Jon el bonachón con principios. Lo previsible, los tópicos. Ninguno de ellos ha evolucionado. Su psicología es igual que en el primer capítulo. Ocho temporadas para acabar en el mismo lugar en el que estaban, ninguna reflexión que les haga más humanos, ni un ápice de personalidad gris. Ahora son o blanco o negro.

Falta ver cómo acaba la serie, pero muchos fans temen lo peor. Aun así, por suerte, está claro que Juego de Tronos no acabará con Daenerys y Jon compartiendo trono, otro de los finales que nadie quería porque sería demasiado feliz para la serie que nos ha demostrado que la ficción puede llegar a ser más cruel que la realidad.