El imitador de Jack el Destripador que aterrorizó Inglaterra en los 70

Asesinó a 13 mujeres y agredió a otras siete. Seguía el modus operandi del histórico asesino en serie: golpearlas, apuñalarlas y, al final, mutilarlas, llegando a arrancarles los órganos

Jack el Destripador fue un asesino en serie del siglo XIX que tenía un modus operandi muy cruel: cortar la garganta, mutilar los genitales, extirpar los órganos y desfigurar el rostro. También tenía unas víctimas predilectas, las mujeres que, debido a la precariedad londinense de finales del 1800, se dedicaban a la prostitución. Es, probablemente, el serial killer más famoso de la historia. Y, además, su identidad nunca llegó a descubrirse, siendo considerado más listo que la policía y la prensa. No es de extrañar que se haya convertido en una leyenda del true crime y que, tristemente, haya psicópatas que quieran seguir su legado.

Uno de ellos es el Destripador de Yorkshire, que acaba de aterrizar en Netflix con una docuserie de cuatro episodios. Actuó entre 1970 y 1980 en Yorkshire, un condado al norte de Inglaterra, y llegó a asesinar a 13 mujeres imitando a Jack: golpeándolas, apuñalándolas y, al final, mutilándolas, incluso arrancándoles los órganos. Y siempre usaba diferentes objetos: desde sierras mecánicas hasta cuchillos y destornilladores.

El contexto de Yorkshire en los 70 era similar al del Londres de 1880, tras un desarrollo socioeconómico importante, esa región industrial pasó a convertirse en un distrito empobrecido y con mucho desempleo. Mujeres de las regiones más precarias, empezaron a practicar la prostitución para alimentar a sus hijos. Y ellas fueron las primeras víctimas del Destripador, aunque no las únicas. Llegó a matar adolescentes que no tenían nada que ver con el mundo de la prostitución.

Al igual que Jack, su imitador quería jugar con la policía, así que enviaba cartas escritas por él donde firmaba como Jack e, incluso, les hizo llegar notas de voz anunciando nuevos asesinatos. Para él era divertido. Y a pesar de estos juegos, la policía no podía localizarlo: en total, dedicaron 2.500 horas buscándolo. Ahora, la docuserie de Netflix se centra en todas estas pistas, este puzzle policial a través del cual lograron detener a uno de los asesinos en serie más brutales de la región. Además, explora el estado de pánico que se vivió en el condado durante el lustro en el que sus asesinatos fueron incesantes y cómo la violencia patriarcal afecta con más fuerte a mujeres sin recursos.

“Era la última persona del mundo de la que sospecharías”, asegura el tráiler. Spoiler alert: el nombre del asesino es Peter Sutcliffe, un sepulturero en el cementerio de Bingley, su pueblo natal. Una persona que, después de estar viendo cada día el sufrimiento de las familias que habían perdido a alguien, en cambio de volverse muy compasivo, desarrolló esquizofrenia y una profunda psicopatía, hasta el punto de, incluso, disfrutar enterrando a sus propias víctimas.

Fue detenido de casualidad, como tantos otros asesinos en serie. Estaba con una prostituta (presumiblemente, su próxima víctima), y fue detenido porque el coche parecía robado. En la comisaría vieron que su cara coincidía con el retrato robot que hicieron siete mujeres agredidas por el destripador, pero que pudieron huir, y, tras un largo interrogatorio, lo soltó todo: viviendo en soledad, vio que los muertos le hablaban. Al principio pensaba que era Dios, luego vio que era una voz malvada que quería que matase. Se centró, primero, en prostitutas, porque una vez una lo dejó en evidencia delante de los vecinos y decidió vengarse de todas ellas. Se convirtió en su adicción: “matar prostitutas era como una droga”, aseguró cuando fue detenido.

Y, aunque a Sutcliffe se le recordaba por sus brutales asesinatos, en 2020 pasó a la historia por otro evento: contrajo coronavirus en la cárcel, se puso en modo negacionista, se negó a recibir tratamiento y, hace poco más de un mes, en noviembre, murió en su celda por la pandemia de covid. Se llegó, incluso, a felicitar a las familias de las víctimas por el virus. Eso sí, la "alegría" les ha durado poco: están indignadas con Netflix, asegurando que “glorifica” el asesino, elevándolo a la categoría de leyenda del true crime, como sucedió con Jack el Destripador en su día.