El delirante documental en el que los famosos te enseñan a viajar con LSD

El documental 'Have a good trip' es un compendio de historias lisérgicas de personajes famosos pero también una advertencia sobre las líneas rojas del ácido

Es bastante raro que un día te tomes un alucinógeno y te llame un colega diciéndote que necesita tu ayuda porque una vaca está teniendo problemas para parir y tienes que ir a sacar el ternero mientras el ácido no para de subir. Quitando esto, todas las escenas de Have a good trip, un documental que acaba de estrenar Netflix, son absurdamente reales porque son las historias en ácidos de famosos desde Asap Rocky o Carrie Fisher, la actriz de la princesa Leia, hasta el chef Anthony Bourdain, pasando por Sting, el cantante de Police o Ben Stiller. Viejos tótems de la cultura (varios han muerto entre el momento de la entrevista y el estreno del documental) rompiendo el tabú sobre qué ha sido para ellos tomar de forma regular LSD.

"Hay pocas cosas más divertidas para una persona que sus propias historias sobre drogas— y para el resto no pueden ser más aburridas", dice el New York Times en su crítica del documental. Y en parte es así: gente de retirada contando sus batallitas en drogas mientras tú te preguntas cómo es posible que algo tan mainstream como Netflix hable tan abiertamente de los alucinógenos probablemente más potentes que hay. Pero entre risas, buenas animaciones y una estructura totalmente desordenada, se pueden sacar algunas conclusiones interesantes para los principiantes.

Netflix

Primero. El LSD es una sustancia sintética que provoca sensaciones similares a alucinógenos naturales como el peyote, un cactus autóctono del desierto mexicano, o las setas. Es terriblemente divertido y sorprendente cuando te lo tomas por primera vez por su capacidad de disociar la realidad, de provocarte alteraciones tanto visuales como cognitivas. Ves colores, pero también enanos, tu percepción del tiempo puede desaparecer, tu propia identidad puede tranformarse y tu capacidad de teletransportante a otras épocas o lugares te deja totalmente desencajado.

Segundo. No tomes ácido si no estás en un buen momento. Al final, un viaje en drogas es un viaje por tu cabeza. Puedes encontrar cosas extraordinarias allí dentro, sentir una creatividad que desconocías e incluso ver de forma muy gráfica tus problemas. Pero si no estás preparadx y tranquilx como para enfrentarte a ellos, mejor no te arriesgues a tener un mal viaje porque no vale la pena.

Tercero. No conduzcas. Parece una obviedad y es el momento más incómodo del documental porque vienes divirtiéndote y de repente todos empiezan a contar historias que les han pasado conduciendo en ácidos. Es un bajón. Por supuesto, teniendo en cuenta que cuando estás drogadx reaccionas a los estímulos de formas totalmente imprevisibles, ahórrate sustos. Además, puedes acabar en la cárcel.

Cuarto. No te mires al espejo. Ellos coinciden con que ver tu propia imagen es bastante desagradable. A veces puedes verte las venas bajo la piel y cosas así de chungas, pero si te lo tomas como algo divertido hasta puedes reírte con tu propia cara. A ver, si cuando estás borrachx o fumadx ya tienes mala cara, obviamente, en ácido también. Pero ir viendo cómo tienes las pupilas puede ser hasta una forma de monitorear cómo va el viaje.

Quinto. Muchos prefieren hacerlo en el campo, pero en realidad da igual dónde estés. Depende de ti y de cómo te encuentres en ese momento, pero puedes tener un buen viaje sin salir de casa.

"Las drogas pueden ser peligrosas, pero también muy divertidas", dice el narrador del documental, una especie de genio de laboratorio que te va explicando algunos detalles técnicos de los alucinógenos. Lo más importante es hacerlo de manera consciente y responsable para minimizar los riesgos. Una de las maneras es analizar lo que te vas a tomar para asegurarte de que es lo que dice ser, drogarte solo si realmente te apetece y con alguien que esté igual de convencidx que tú y dejarte llevar, siempre con seguridad.

CN