Por qué deberíamos dejar de ver talent shows de niños

Les decimos que solo valen la pena si son los mejores. Que si no ganan, fracasan. No hay punto medio entre la derrota más ridícula y la victoria más satisfactoria

No tienen ni 12 años y están frente a las cámaras. Haciendo de todo: cantando, bailando, cocinando, actuando… Miles de niños que intentan explotar sus talentos frente a unos jueces que determinarán si valen o si son un fracaso. Todo eso entre palabras bonitas de coaches amables, pero exigentes. Son las estrellas infantiles que llenan nuestras teles, protagonizando talent shows como La Voz Kids, Masterchef Junior, Eurovision Junior o Got Talent Junior.

“Es preocupante la cantidad de niños y adolescentes que desarrollan psicopatías por querer ser el mejor, el más alto, el más guapo, influenciados por lo que ven en Internet o en la televisión (si es que ven la tele)”, alerta la psicóloga sanitaria Bárbara Zapico a El País. Todos estos realities, que no solo se quedan en la tele, sino que luego muchos se convierten en influencers infantiles y los más jóvenes acaban sabiendo de su existencia, aunque no sigan la tele, promueven los mismos valores: “la vida es una carrera entre ganadores y perdedores”.

Pensemos en los miles de memes que nos llegan de niños llorando, enfadados o siendo repelentes porque les han dicho que no valen. Aunque muchas veces se hacen virales porque los vemos insoportables, tendríamos que sacar otras conclusiones. Si son así es porque están criándose en un espacio donde les dicen que solo valen la pena si son los mejores. Si eres mediocre o estándar, deja de intentarlo porque no tienes valor, eres uno de los millones que lo intentan y fracasan. Y eso, desde pequeños.

Como añade el artículo, “estos talent nos hacen creer en una falsa meritocracia, en la mitología de que si nos esforzamos lo suficiente”, y que si no lo logramos es porque no nos hemos esforzado, así que el fracaso es nuestra culpa. Los niños no tienen suficiente con enfrentarse a una derrota televisada cuando todavía, ni tan siquiera, han desarrollado su personalidad: encima les decimos que si los han echado del programa o no lo han ganado es por su culpa, porque no valían lo suficiente. De hecho, la mayoría de niños, cuando crecen y hablan de sus años en estos programas, suelen comentar, con unanimidad, que no estaban capacitados (por su edad y madurez) para afrontar lo que supone una experiencia de ese tamaño.

Estos realities, al final, son un reflejo de la sociedad que, como explicábamos en un artículo anterior, estaba basada en la ley del más fuerte y de una individualidad casi psicópata. Por eso, como continúa el artículo, “los jurados de la tele pendulan entre estas posturas inquisitoriales y otras más parecidas a la del profe enrollado, la madre comprensiva o el curita de pueblo, pero el mensaje siempre es el mismo: una mezcla de coaching, emotividad y pensamiento neoliberal. Hay que darlo todo, competir, triunfar a cualquier precio. Todo depende de tu esfuerzo. Estás nominado. Solo puede quedar uno”. Y tienes que devorar a quien sea para asegurarte que tú eres ese uno, unos valores tristísimos que estamos pasando a las nuevas generaciones, de la forma más traumática posible.

El profesor australiano Guy Redden lo definía así: “el papel de la ‘gente normal’ es el de mostrar una mentalidad empresarial competitiva sin esperar una recompensa justa, pero con la esperanza de obtener recompensas extraordinarias”. Vamos, que tenemos que comer mucha mierda para luego encontrar convertirnos en lo mejor. ¿Te suena de algo ese discurso? Claro, las empresas que pagan “con visibilidad” para que un futuro “puedas petarlo”, o esas prácticas no remuneradas “para hacer contactos, para que te conozca alguien importante”.

En fin, que estos talent show nos están metiendo la idea de explótate para ser el mejor, además del miedo a ser mediocres (y no solo los infantiles, aunque esos son, probablemente, los más crueles por "las víctimas" que usa). Así que tocaría preguntarnos: ¿qué más da no llegar a ser los mejores? ¿Qué problema hay en ser mediocre? ¿El éxito es ser siempre el mejor, más famoso y más rico? ¿Dónde queda la felicidad en esta ecuación? Piénsalo mientras mires estos realities en la tele.